21 5 de julio #2
El cura dio por finalizada la ceremonia y varios hombres vestidos de traje negro se dirigieron hacia el ataúd de Madison y lo llevaron cuidadosamente hacia la sepultura.
Los familiares y amigos se acercaron lentamente al lugar, algunos sosteniendo flores en sus manos.
Mientras el ataúd descendía lentamente a su lugar final, una sensación de tristeza llenó aquel lugar del cementerio.
Las lágrimas se derramaron en silencio y las palabras de despedida le susurraron al viento.
El cura ofreció una última bendición, y el sonido de la tierra cayendo sobre el ataúd resonó en el silencio del cementerio.
El entierro de Madison marcó el final de una vida, pero su memoria perduraría en el corazón de todos los presentes.
Inmediatamente después de que finalizara el funeral, Lucy decidió ir hacia el lugar donde se encontraba Noah.
A pesar de que la multitud se dispersaba, el exprometido de Madison seguía inmóvil, compungido y con gafas de sol, totalmente apartado del grupo.
Lucy se acercó a él con paso decidido, su rostro reflejando la compasión que sentía.
Sin perder tiempo, se sentó a su lado y esperó a que Noah estuviera listo para hablar.
—¿Qué quieres? —preguntó Noah sin prácticamente poder hablar—. No estoy para más interrogatorios.
—No, no te preocupes. Solo quiero saber cómo estás —Lucy extendió la mano sobre el hombro de Noah y lo acarició suavemente.
—Pues mal. ¿Cómo voy a estar? —preguntó Noah dirigiendo por primera vez la mirada hacia la joven—. Apenas duermo, estoy todo el día entre mi casa y el hospital, todo el día con tensión.
—¿Cómo está Ethan? —preguntó Lucy acordándose de repente del pobre joven.
—Está estable y mejora cada día. Saldrá de esta .
—¿Qué vas a hacer cuando despierte? —preguntó Lucy con mucha curiosidad.
—La verdad que no lo sé. Lo primero pedirle disculpas, y después acatar lo que quiera hacer conmigo.
Noah se encogió de hombros, se quitó las gafas de sol y las limpió.
—¿Y vosotros qué tal? Vi que detuvieron a Spinster — dijo Noah mientras doblaba las gafas y se las ponía en la pechera—. Solo un necio pensaría que ha sido él realmente.
—Noah, si sabes algo más…
—Has dicho que nada de interrogatorios, Lucy. Por favor, respeta mi dolor.
Noah se levantó de su asiento con la mirada nublada tras su breve conversación con Lucy.
La ofensa y el dolor se mezclaban en sus ojos.
Se ajustó las gafas de sol y se dio la vuelta para alejarse del lugar.
Con paso firme, abandonó el cementerio. Mientras se alejaba, lanzó una última mirada de despedida a Lucy.
A pesar de su encontronazo, en la mirada había un atisbo de deseo de encontrar consuelo y comprensión.
En la distancia, Robert observaba a Noah con una expresión indecisa en su rostro.
Tenía el impulso de acercarse a hablar con él.
Sin embargo, al final decidió quedarse en su lugar, dejando que Noah se alejara solo.
La distancia entre ellos se volvió un reflejo de las complicadas emociones que llenaban el cementerio en ese momento de despedida.
Mientras la tristeza y la conmemoración llenaban el velatorio en el funeral de Madison, a varios kilómetros de allí, una tensa atmósfera envolvía la casa del capitán Mitchell.
Tom, vestido de paisano, había llegado dispuesto a asaltar la casa Mitchell en busca de pruebas, pero al acercarse se percató de la presencia de un guardia de seguridad en la puerta.
Este se mantenía firme y alerta en la entrada de la casa.
Vestido en un uniforme oscuro y bien planchado que llevaba el emblema de una agencia de seguridad privada, denotaba una apariencia profesional y autoritaria.
Tenía una constitución imponente, al igual que Tom, pues tenía los hombros anchos y una postura erguida que indicaba una sólida preparación.
El desafío de ingresar en la casa del capitán y buscar las pruebas necesarias se presentaba ante él, mientras se esforzaba por mantenerse fuera del alcance de la vigilancia.
El agente McKay, en busca de pruebas, observó minuciosamente cada metro de la casa del capitán, ya que el gorila que había en la puerta le impedía un paso limpio.
Tras varios minutos de análisis, su mirada se posó en la ventana del baño, que estaba ligeramente entreabierta, ofreciéndole una oportunidad que no podía dejar pasar.
Con extrema cautela, se aproximó al costado de la casa, todavía manteniéndose al margen del campo de visión del guardia de seguridad.
En este momento, su mente se llenó de pensamientos justo antes de intentar entrar en la casa.
«¿Qué secretos se ocultan tras esas paredes?
¿Encontraré pruebas de algo más que de la violación confesa del capitán?
» La tensión en el ambiente era palpable, pero la determinación de Tom lo impulsaba a avanzar.