Querida Srta. Santa Clausura 11. Gian #4
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11. Gian #4

—Gracias. Me lo apunto para el currículum: «Gianna Bellini.

Co municadora. Apóstol de la negación razonada.

Detectora profesio nal de ampollas invisibles».

¿Quieres más? También tengo un máster en decir tonterías cuando estoy nerviosa.

Estoy por montar un pódcast . Habla y huye.

—Alza las cejas— . Oye, pues el título me gusta. Tiene gancho.

Yo no digo nada. Solo la escucho. Porque todavía es…

tan ella. Más Gia que nunca. Con sus palabras como escudos.

Con su risa como red. Y con esa mirada que a ratos se me clava sin que se dé cuenta.

Y yo, mientras conduzco , pienso que esta noche, tal vez, no estemos tan lejos de reencontrarnos.

Porque la quiero así. Llena de palabras.

Llena de vida. Y porque he echado tanto de menos su voz que ahora cada frase suya me suena a algo entre bendición y latido.

Pulso un botón en el volante para poner música. Al instante, empieza a sonar bajita, discreta , de fondo. Pero Gia se gira hacia la pantalla del coche. Y parpadea.

—¿Cómo…?

Sigo su mirada. En el centro de la pantalla, iluminada en letras blancas y sin ningún tipo de misericordia, aparece el título de mi lista más escuchada en Spotify: Gia .

Mierda.

El silencio que sigue es tan largo que tengo la tentación de fingir un repentino apagón eléctrico del coche. Pero ella, muy despacio, como si necesitara asegurarse de que no está sufriendo una alucinación causada por exceso de vino, vuelve a mirar la pantalla .

—¿Tienes… una playlist navideña con mi nombre?

Me rasco la nuca, porque cuando uno se entierra vivo lo mínimo es moverse incómodo.

—Eh…, sí. Era… mi manera de sentir la Navidad desde Londres.

Sus cejas se arquean, altísimas, como si acabara de descubrir una anomalía emocional de proporciones cósmicas digna de la NASA .

—¿Tu manera de sentir la Navidad era poner mi nombre a una playlist de Spotify entre dos emojis brillantes?

—¿Me vas a decir en serio que no sabes que no hay nada más Navidad que tú?

La mirada que me lanza es inexplicable. Un tipo de mirada que tiene el poder de iniciar una guerra mundial o de derretir el Polo Norte en cuestión de segundos.

—¿Quién hace eso hoy en día? ¿Quién pone el nombre de su ex en una playlist navideña?

Bueno, claro. Tú. Tú haces eso. Porque siempre has sido así de…

intenso. Y romántico. Y ridículo. En el buen sentido, ¿vale?

En el sentido de que cuando lo hacías por mí era adorable , y cuando lo hacías por otra gente era…

raro, la verdad. Pero esto no me lo esperaba. No ahora.

Su voz se quiebra un poco, no lo suficiente como para parecer frágil, pero sí para golpearme como un mazazo en el estómago.

—Estamos en este coche y yo… Yo no sé qué se supone que tengo que decir, Gian. No lo sé. Nada de esto estaba en mi lista de cosas que podrían pasar hoy. ¿Sabes qué sí estaba? Organizar la cena de mis clientes. Comprar panetone. Leche. Chuches para Turrón y Suchard. Solo eso.

Y entonces se inclina hacia delante y sube un poco el volumen. No demasiado. Solo lo suficiente para tapar cualquier palabra nerviosa que pudiera escaparse . La canción que suena es «My Kind of Present», de Meghan Trainor. Su respiración se calma. La mía no. Ni de lejos.

Cuando llegamos a Corniglia, Gia no se baja del coche enseguida. Se queda ahí, atrapada entre la música , la noche y algo más que no dice, algo tan grande que ocupa más espacio que todo su equipaje junto . Luego me mira.

—Gian… —Su voz es bajita, temblorosa, como un deseo antes de soplar las velas—.

Gracias por traerme . Y… por la playlist. ¿Te importaría pasármela?

Sigo teniendo el mismo número. Y… no te tengo bloqueado.

Que lo sepas . Por si acaso. Por si te lo preguntabas.

No es que crea que estuvieras pensando en escribirme, claro.

Pero… por si sí. O si no. Da igual. Solo…

pásamela, ¿vale ? Por favor. Me ha gustado mucho.

—Sí, claro, te la mando —respondo, sonriendo como un idiota, porque cuando se pone así me dan ganas de envolverla en papel de regalo —. Al fin y al cabo, siempre ha sido tuya.

Ella sonríe también. Y de repente diciembre se enciende como si alguien hubiera enchufado todas las luces del mundo. Abre la puerta. Sale. Pero, justo antes de cerrarla, se gira.

—La próxima vez… avísame. Así me preparo una respuesta mejor que pánico existencial y verborrea. Aunque… —Se muerde el labio, pensativa —. Tal vez soy así. ¿Y si soy así para siempre ? ¿Te imaginas? Sería algo horrible. Pero quizá… Quizá también tenga su encanto. Lo pensaré. Buenas noches, Gian.

Le sonrío. Probablemente embobado.

—Buenas noches, Gia.

Cierra la puerta antes de que pueda decir nada más. Camina hacia su portal con las manos hundidas en los bolsillos, como si intentara contener el desorden que le late en el pecho.

En el coche , empieza a sonar la siguiente canción.

«Santa Tell Me».

Por supuesto.

Me echo a reír, sacudo la cabeza y me dejo caer contra el respaldo. Y, por primera vez en cinco años, me siento exactamente donde debería estar.

En casa .

En medio de una canción ridícula y perfecta.

En medio de una Navidad que pensé que no volvería a sentir .

En medio de ella. Tan cerca que bastaría un suspiro , un mensaje, para volver a rozar lo que perdimos.