CAPÍTULO 12 ME SORPRENDES #3
— Mauricio, soy adulta, no es la primera vez que mi mamá viaja, solo que esta vez estará más tiempo fuera, aunque no le pregunté cuánto tiempo en realidad, supongo que no lo sabe, sí no me lo hubiera dicho. – le dije con mucha honestidad en cada palabra.
— Dulce Sofía, no me agrada esto, él que tu estés sola y con la responsabilidad de la universidad, tus trabajos, no lo sé, me preocupa.
– respondió con tanta ternura en su voz, que empecé a sentir un nudo en la garganta y sentía el ardor en mis ojos.
Inhale y exhale sin hacer mucho ruido para recuperar la compostura.
— Mauricio, todo estará bien, además se irá en un mes, no en una semana.
Mi mamá es muy importante para mí, solo la tengo a ella como familia, pero también sé que cuando quieres mucho a alguien, le deseas lo mejor y es una buena oportunidad para ella, no puedo impedírselo.
– le respondí tratando de sonar lo más serena posible.
— Mi dulce y linda Sofía, cada vez me sorprendes más, a veces pienso que eres un ángel que ha traído mucha luz a mi vida.
– suspiraba mientras decía esto y yo sentía que me estaba derritiendo, mis mejillas ardían por el calor, mi corazón palpitaba sin parar, mi garganta estaba seca y no sabía que decir.
— No sabes lo feliz que me haces, Mauricio. – le dije sin pensarlo y es verdad, este hombre que conozco hace muy poco me hacía sentir muy feliz, me hacía reír a carcajadas a mitad de la calle, lograba que quisiera abrazarlo, ver sus ojos mirando los míos hacía que mi corazón enloqueciera.
— Y tú a mí, linda Sofía. – podía sentir su sonrisa mientras me decía esto, comencé a escuchar los maullidos de Luna y no pude evitar reír.
— Creo que Luna reclama tu atención. – le dije tratando de contener la risa.
— Es que tiene hambre, quería llamarte primero porque estaba preocupado. – respondió exasperado.
— Bueno Mauricio, ya sabes que no hay razón para que te preocupes, alimenta a Luna antes que tus vecinos toquen la puerta. – le dije riéndome.
— Lo haré, lo haré, no quiero que me pongan un cartel de mal vecino en la puerta. – dijo riéndose y yo me uní a su risa.
— No permitamos semejante situación. – le dije con mi tono sarcástico.
— Haré mi mejor esfuerzo. – respondió en tono firme como si fuera un militar, no podía evitar reír, pero se escuchaba los maullidos de Luna más fuerte.
— Gracias por llamarme Mauricio, te dejo para que la atiendas antes que se altere más. Un abrazo, cuídate. – le dije sonriendo al celular.
— Un beso, espero verte pronto. – dijo con voz esperanzadora y otra vez estaba emocionada por eso.
— Yo también espero verte pronto, un beso. – y corté la llamada rápidamente cuando me di cuenta que le había mandado un beso.
Mi corazón estaba enloquecido, mis mejillas ardían, pero estaba feliz, Mauricio me había llamado, pude escuchar su voz por varios minutos, revisé la duración de la llamada que marcaba los seis minutos con veinticinco segundos, fueron los mejores minutos de mi día sin duda, sin embargo, tenía que volver a mi realidad.
Mi mamá se iría en un mes y yo tendría que arreglármelas sola, no me molesta estar sola, prácticamente me críe de esa manera, pero me preocupaba un poco como me organizaría, además que la casa implica ciertos gastos entre comida y servicios, no podía pedirle a mi mamá que se encargará sí ya no iba a vivir aquí, además que ella tendría otros gastos cuando esté trabajando allá.
Empecé a plantearme diferentes opciones para darme abasto hasta que mi mamá me llamó desde su dormitorio.
— ¡Sofía! ¿Puedes venir? – no eran los gritos que me hacen correr porque le pasará algo malo como un dolor de espalda o de pie, así que me dirigí con calma a su habitación, le pedí permiso para entrar ya que su puerta no estaba totalmente abierta y lo que vi era un montón de ropa tendida en la cama.
— Dime mamá. ¿Qué sucede? – le pregunté mirando el desastre.
— Creo que, si necesitaré que veas lo de las maletas, no sé cómo organizar todo esto. – dijo mi mamá exasperada, extendiendo sus brazos al aire como pidiendo ayuda a un ser divino. Traté de contener la risa sin éxito y ella me miró con extrañeza, como sí no entendiera el motivo de mi risa.
— No te preocupes mamá, te compraré dos maletas y yo me encargaré de guardar todo, solo separa lo que llevarás para no confundirme. ¿De acuerdo? – le dije con el poco aire que me quedaba en los pulmones después de haberme reído.
Mi mamá se acercó para abrazarme, dijo que me extrañaría, que me quería y seguramente más cosas que mi cerebro ya no pudo recibir porque a veces me pasa eso, es como un bloqueo que hago sin darme cuenta, alguien me habla y es como sí no emitiera sonido.
Unos minutos después busqué en la laptop algunas maletas y las traerían durante la siguiente semana.
Menudo fin de semana que estoy pasando, me dije a mi misma al darme cuenta todo lo que me había pasado desde mi cita con Mauricio hasta la compra de las maletas para mi mamá y su viaje que no sabíamos cuando retornaría.