VEINTICUATRO
Noah
E l cielo sobre Wildwater Falls tenía ese tono gris plomizo que siempre presagiaba lo peor, escupiendo una mezcla helada de lluvia y nieve sobre el asfalto.
Aparqué mi camioneta frente a la entrada principal del Wildwater Elementary le estaba describiendo su futuro. Se dio cuenta de que yo no era Sloane. A mí no podía asustarme.
Lo solté con brusquedad, dándole un empujón que le hizo tambalearse de nuevo.
Me giré de inmediato hacia Jonah y le puse una mano firme pero suave en la espalda.
—Vámonos al coche, socio.
Caminé pegado a él, asegurándome de que sus muletas no resbalaran sobre el hielo, cubriéndole las espaldas hasta que abrió la puerta del copiloto y se acomodó dentro. Rodeé el capó, subí a la cabina y cerré de un portazo.
Arranqué sin mirar por la ventanilla, pero mientras nos alejábamos del colegio levanté la vista hacia el espejo retrovisor.