Pucksicle (Pucksicle 1) CAPITULO 12
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CAPITULO 12

Ashley continúa bajando las escaleras al mismo tiempo que se mantiene concentrada mirando la pantalla de su teléfono.

—Okey… la temporada comenzó en octubre y en marzo comienzan los play-off, así que tengo un mes para ver lo que queda de temporada y ver si los Demons clasifican.

Ella murmura a la vez que camina hasta la entrada del club, en cuanto pasa por la recepción, se acerca a la chica que la atendió previamente.

—Disculpa… ¿sabes si el equipo de hockey ya clasificó o clasificará para los play-off?

—Pues estamos de segundos en la división Metropolitana, así que esperemos que sí, deberíamos clasificar sin problemas —responde la chica, sonriéndole.

—¿En la división? ¿A qué te refieres? —inquiere Ashley, confundida—. ¿Cuántas hay?

—Son cuatro: la Atlántica, Metropolitana, Central y la del Pacífico —explica la recepcionista.

—Okey… ¿y cuántos juegos más quedan hasta marzo?

—Eso no lo sé de memoria —comenta la chica riéndose—. Espera un segundo —añade abriendo el calendario en su computador.

—Necesito descargar el calendario de partidos —murmura Ashley, pensativa.

—Acá tengo algunos almanaques impresos con los partidos, ¿quieres uno?

—¡Sí! ¡Claro! —exclama Ashley emocionada y se lo recibe—. Gracias —añade mirando rápidamente lo que resta del mes de febrero y marzo—. Okey… quedan catorce partidos. ¡Son bastantes!

Ella se despide de la recepcionista y sale del edificio para dirigirse hacia el estacionamiento, una vez dentro de su automóvil vuelve a mirar el almanaque, esta vez con más detenimiento.

—¡Por Dios! ¡Esta noche tiene partido! —sonríe entusiasmada—. ¡Ya quiero verlo jugando! —añade encendiendo el coche y comienza a conducir rumbo a su casa.

De regreso en el elevador, los chicos permanecen sentados en el piso, cuando el teléfono de Bradley suena con una llamada entrante, al sacarlo de su bolsillo, mira la pantalla y sonríe mostrándosela a sus compañeros.

—¡Crowven! —exclama Stan, riéndose.

—¡Qué miedo! ¡Nos dará una paliza! ¿Será que nos estaba escuchando? —bromea Dylan.

—¡Brad! ¡Sácate ya mismo el micrófono que tienes metido en el culo! —replica Stan, haciendo que los tres estallen de risa.

—Hola mamá —responde Bradley, aun riéndose.

—Hijo hola, ¿cómo estás?

—Bien.

—Okey… ¿ya estás en el apartamento descansando?

—No, es que ni te imaginas donde estoy a…

—¡Bradley! —interrumpe Raven, antes de que él pueda terminar la oración—.

¡Por el amor de Dios! Sabes que tienes que descansar después de entrenar, no te lo tengo que recordar, en cuatro horas tienes que estar llegando al arena, así que…

estoy dando por hecho que ya almorzaste, te tomaste una bebida isotónica, y en este momento estás en tu cama acostado, próximo a dormir por un par de horas.

Justo eso es lo que deberías haber hecho, no andar inventando planes por ahí irresponsablemente, sin tomarte con seriedad tu tiempo de recuperación.

—¡Mamá! —exclama Bradley, poniendo los ojos en blanco—. ¡Estoy atrapado en un jodido elevador! ¡Si quieres me duermo aquí en el piso ahora mismo! ¿Eso te parece bien?

—¿Cómo que atrapado en un elevador? —inquiere Raven, frunciendo el ceño.

—Pues sí, pero como últimamente no me dejas terminar de hablar, no me diste oportunidad de contarte.

—¿Y por qué no me llamaste? ¿Dónde estás? —indaga ella, angustiada.

—No te había llamado porque ya los bomberos vienen, tranquila que estoy bien, en el club.

—¡Debiste decirme! ¿Cómo rayos pasó eso? —refuta ella, indignada.

—Mamá, hasta donde sé, tú no sabes cómo destrabar ascensores aun —bromea él, causando que los chicos se rían.

—¿Quiénes están ahí? ¿No estás solo? —pregunta ella, al escuchar otras voces.

—No, estoy con Dylan y Stan, íbamos a la oficina de Gio antes de irnos, pero bueno… ya tenemos media hora acá atrapados.

—¡Qué demonios! —exclama Raven, resoplando—. Hijo tranquilo, déjame ver porque demoran tanto —indica finalizando la llamada.

Entre tanto, en la oficina directiva de los Demons, suena uno de los teléfonos internos.

—Buen día, oficina del gerente general, ¿en qué puedo ayudarle? —dice una de las secretarias.

—Hola, por favor comuníqueme con Gio Medan, de inmediato, Soy Raven Ruff.

—El Licenciado Medan se encuentra en una reunión en este momento, ¿desea dejarle algún mensaje?

—¡Pues interrúmpalo! Avísele que Raven Ruff está llamándolo porque es una emergencia —afirma en tono serio.

—Disculpe pero no puedo interrumpirlos Señora Ruff.

—¡Le estoy diciendo que es una emergencia!

—replica Raven, frustrada—. Mire… comuníqueme de inmediato con él o de lo contrario, le marco directamente a su teléfono celular.

Necesito avisarle que si a mi hijo le pasa algo, se desmaya, le falta el oxígeno, o cualquier maldita desgracia, no solo los demandaré por una suma multimillonaria por negligencia, sino que además, yo misma iré con un palo de hockey a matarlo con mis propias manos —añade indignada.

—Entiendo Señora Ruff, pero el Licenciado está reunido con el presidente. No puedo interrumpirlos.

—¡Maldita sea! —exclama Raven, finalizando la llamada.

De inmediato busca entre sus contactos, el número personal de Gio y enseguida le marca.

Dentro de la oficina de presidencia, Rupert se encuentra conversando con Gio.

—Creo que están interesados en una extensión de dos años para Nikita, pero como cumple veintisiete años el próximo mes, sería agente libre, por lo que hay que contactar a su representante.

—Sí presidente… me parece razonable tantear esa posibilidad —responde Gio, justo cuando suena su móvil, él lo toma de la mesa, mira la pantalla y frunce el ceño—. Es Raven... ¿por qué me llamará? Es raro.

—Bueno contesta, quiero saludarle, tengo tiempo que no hablo con ella.

Además, ya está por salir la nueva línea de camisetas femeninas, hay que coordinar para hacer un partido o algo así con el equipo infantil y juvenil femenino, quiero que vayan dos o tres de nuestros jugadores para compartir con las niñas en un entrenamiento.

Me gustaría ver algo de eso en las redes sociales del  equipo —indica Rupert, a lo que Gio asiente para luego atender la llamada colocándola en altavoz.

—Hola Raven, ¿cómo está todo?

—¡Maldita sea Gio! —profiere ella, indignada—. ¿Qué pregunta de mierda es esa? ¡Ya mismo iré a matar a tu estúpida e indolente secretaria! ¡Mi hijo se va a quedar sin aire! ¡¿Y me preguntas eso?! —cuestiona furiosa.

—¡¿De qué demonios hablas?! —replica Gio, al mismo tiempo que comparte una mirada de confusión con Rupert.

—¡Gio! ¡Necesito que saquen a mi hijo del elevador ya mismo! —ordena Raven, angustiada.

—¡Carajo! ¡No sabía que estaba allí! —responde Gio, a la vez que se levanta con rapidez y sale de la oficina.

—¡Pero qué demonios! —añade Rupert molesto, caminando detrás de él—. ¡Juliet! ¡Llama a los bomberos ya mismo! —dice señalando a su asistente—. ¡Y comunícame a los malditos idiotas de la compañía de elevadores! ¡Que me monten ya mismo uno nuevo! ¡O los demandaré por daños a mis jugadores!

—Entendido Señor Presidente —responde ella, tomando el teléfono.

—¡Es que jugamos en unas horas y ahora mismo tengo a mi atacante de primera línea encerrado y sin aire! ¡¿Cómo diablos me van a justificar eso?! —grita Rupert, siguiendo a Gio, quien va bajando las escaleras a toda velocidad.

En el elevador, los chicos se dan cuenta que después de finalizar la llamada con su madre, Bradley dejó de reírse y de conversar, en cambio, lo ven angustiado, con la cabeza apoyada en la pared, los brazos cruzados y la vista fija hacia el techo.

—Oye... ¿estás bien? ¿No te desmayaras, o sí? —inquiere Dylan, preocupado.

—No… no me desmayaré, pero odio estar acá. Chicos… esto es muy malo.

—Basta Brad… no pasará nada malo. Ya los bomberos están ahí, déjalos que hagan su trabajo, no nos dejan a propósito tanto tiempo acá —acota Stan.

—Eso ya lo sé, obviamente sé que nos sacarán, pero eso no es lo que me estresa, es que...

ya les conté mi maldita experiencia con lo del elevador, y acá no hay ninguna mujer embarazada—comenta Bradley, suspirando—.

Ese día todo salió bien, pero ahora… —resopla tocándose el cabello—.

A menos que unos de ustedes dos esté embarazado y no me lo hayan dicho…

solo así me tranquilizaría —añade sarcásticamente, haciendo reír a sus amigos.

Gio y Rupert ya han descendido tres niveles por las escaleras, y en cuanto llegan al piso cinco, observan al escuadrón de los bomberos.

—¡Carajo! ¡Otra vez se trabó acá! —exclama Rupert, frustrado.

—Caballeros buen día, ¿qué ha pasado? ¿Ya sacarán al joven? —inquiere Gio, acercándose a ellos.

—Estamos esperando a la compañía de ascensores, ya vienen en camino —indica uno de los bomberos.

—¿Cómo que esperando? Cuando me sacaron a mí, ellos no estaban acá —refuta Rupert, cruzándose de brazos.

—Sí, pero usted es un señor de mediana edad, por lo que en su caso no podíamos esperar y tuvimos que usar nuestras herramientas —aclara el teniente.

—Pero ese chico es una de nuestras estrellas, tenemos que asegurarnos que este bien. ¡Jugamos en solo unas horas! —recalca Rupert.

—Entiendo señor, el protocolo es este mismo, pero tranquilos, que ya los de la compañía de elevadores vienen llegando, así que aguarden con calma. Los chicos están bien y el aire les funciona correctamente —comenta el teniente.

—¿Cómo que chicos? —cuestiona Gio, frunciendo el ceño—. ¿Son varios? —pregunta cruzando miradas primero con Rupert y luego con uno de los bomberos.

—Sí, son tres chicos, de veintidós, veinticuatro y veintisiete años.

—¡Por Dios! —exclama Rupert, preocupado—. ¡Gio! ¡Llama a Brad! ¡Averigua quién más este con él!

—Enseguida —responde Gio, buscando el número en la agenda de su móvil y marcándole.

Los chicos se encuentran conversando dentro del elevador para distraer a Bradley, cuando una vez más suena el teléfono de este, Stan comienza a hacer ruidos de cuervo provocando que los tres estallen en carcajadas.

—No es mamá, es Gio —aclara Bradley, viendo la pantalla—. Gio, háblame —dice colocando el altavoz.

—Brad, estamos en el piso cinco, los bomberos están acá. ¿Estás bien?

—Sí… es una mierda, pero estoy bien.

—¿Quién más está contigo? Nos dijeron que son tres personas.

—Estoy con Dylan y Stan.

—¡Maldita sea! —exclama Rupert molesto, a la vez que los chicos comparten miradas al escucharlo.

—¡Carajo! —replica Gio, llevándose la mano al cuello—. Estamos esperando a la compañía de elevadores, ya están llegando, ustedes manténgase tranquilos, los bomberos dicen que tienen buena ventilación, ¿es así?

—Sí, el ventilador funciona bien —responde Bradley.

—¡Pero sáquennos de aquí! ¡Ya tenemos casi cincuenta minutos acá! —interviene Stan.

—Lo sé, nosotros estamos haciendo presión, no se preocupen. Por favor llámenme si algo cambia —indica Gio, antes de finalizar la llamada.

—Ese chico que hablo de último, es Stan, nuestro portero principal —explica Gio, mirando a los bomberos—. Y el otro que está con ellos, es Dylan, nuestro atacante de segunda línea.

—¡¿Cómo demonios terminamos con tres jugadores de ese nivel atrapados?! —cuestiona Rupert, molesto—. ¡Ellos deberían estar preparándose para ir al arena! ¡Maldita sea Gio! ¡No tenemos a nuestro portero! ¡El entrenador se va a morir! ¡Es que yo me voy a morir! —añade angustiado.