Pucksicle (Pucksicle 1) CAPITULO 11
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CAPITULO 11

En cuanto los tres jugadores de hockey se suben al elevador y se cierran las puertas, Bradley comienza a darle manotazos a Dylan, ellos forcejean entre risas.

—Ya cálmense —dice Stan—. O esta mierda se detendrá.

—¡Ay, ay! —replica Dylan, burlándose—. Alguien tiene miedo —agrega volteándose para golpearle el brazo, a lo que Bradley se une despeinándolo.

—¡Basta! —exclama Stan, riéndose—. ¡Ya Brad! ¡No me toques el cabello! ¡Cálmense o los acusaré con Crowven!

—¡Hijo de puta! ¡Mamá te matará si escucha que la llamas así! —acota Bradley.

—¡Pero es tremendo apodo! —afirma Stan.

—Eso es cierto, yo que tú… no le diría mamá, es que directamente me tatuaría un temible cuervo, parado sobre un palo de hockey acompañado con la palabra Crowven, y cada vez que se la presento a alguien, no diría que ella es Raven, lo que haría sería simplemente levantarme la manga de la camiseta y mostrarles el tatuaje —comenta Dylan, causando que los tres estallen de risa.

En ese instante, Stan levanta la mirada hacia la pantalla del elevador y se da cuenta que están detenidos en el piso cinco pero no le da mucha importancia.

—Brady eso es cierto, tú no le sacas suficiente provecho, si mi mamá fuera una jodida y ruda jugadora de hockey, me la pasaría haciendo alarde de eso, hasta haría videos jugando con ella —agrega Stan.

—Sí… ya sé —responde Bradley, entre risas—. Pero... ella es más de trabajar, estar metida en sus cosas y en la liga femenina, cuando nos vemos en los días libres, ambos estamos descansando. ¡No nos ponemos a jugar hockey!

—¡Qué demonios! ¡¿Por qué esa puta mierda no se mueve?! —inquiere Dylan, mirando hacia arriba.

—¡Carajo! ¡Sigue en el cinco! —comenta Stan.

—¡¿Qué?! —cuestiona Bradley, viendo hacia la pantalla—. ¡Carajo! ¡Carajo! ¡Es de mala suerte! ¡No me quiero quedar atrapado! —acota a la vez que empieza a tocar el botón de emergencia y el intercomunicador, con desesperación.

Stan y Dylan comparten miradas con un poco de preocupación, al ver el estado de su amigo.

—¡Ayuda! ¡Ayuda! ¡Está mierda no abre! ¡Sáquenme de aquí ya mismo! ¡Maldita sea! —exclama Bradley, tocando todos los botones sin parar.

—¡Basta! ¡Harás que se joda aún más! —indica Stan, agarrándolo por el brazo.

—Mierda… mierda… ¿Por qué no le hicimos caso a Blazer? ¡Carajo! ¡Ella tenía razón! —dice Dylan, resoplando.

—¿A quién? —cuestiona Bradley, al mismo tiempo que sigue tocando el botón del intercomunicador.

—Sí, dígame. Habla con seguridad de planta baja, ¿qué sucede?

—¡Sáquennos de aquí! ¡Sáquenme ya! ¡Estamos atrapados en el ascensor! —explica Bradley, con rapidez.

—¡Ay por Dios! ¿Otra vez? ¿En qué piso están? ¿Cuántos son?

—¿Cómo que otra vez? —replica Bradley mirando a sus amigos con los ojos entrecerrados.

—Sí, lo que pasa es que el día de hoy el elevador ya se trancó una vez.

—Y si esta mierda no servía… ¡¿Por qué carajo no avisaron?! ¡Al menos debieron desconectarlo! —estalla Bradley, furioso—. ¡Maldita sea!

—Dígame… ¿en qué piso se encuentran y cuántas personas hay con usted?

—¡En el puto piso cinco! ¡Somos tres jugadores de hockey! No podemos quedarnos acá, nosotros somos grandes, respiramos mucho aire y nos asfixiaremos, ya estamos agitados —acota Bradley, desesperado—. ¡Es que ya queda poco aire! —repite ansioso.

En ese momento, Stan y Dylan vuelven a compartir una mirada llena de preocupación por su amigo y la situación.

—Tranquilo, que ya estoy llamando de nuevo a los bomberos —indica el guardia.

—¿De nuevo? —inquiere Bradley, angustiado.

—Sí señor, es que ellos se fueron hace apenas unos minutos de acá, de seguro lleguen más rápido esta vez.

—¡Maldita sea! ¡Maldita sea! —dice Bradley, golpeando con su palma abierta la pared del elevador.

—¡Hey! ¡Hey! Basta, no enloquezcas —interviene Dylan, tomándolo de los hombros y lo aleja.

—¡No quiero estar acá encerrado! ¡No puedo estar acá! ¡Esto está mal! ¡No está bien! ¡Es una puta mierda! —exclama Bradley frustrado, llevándose ambas manos a la cara.

Stan y Dylan vuelven a mirarse entre ellos, manteniéndose en completo silencio.

—Oiga, pero… ¿el aire si está funcionando, verdad? —pregunta Stan, por el intercomunicador.

—Sí señor, pero usted mismo puede comprobarlo. Estire su brazo y coloque la mano sobre la rejilla, ahí sentirá si el ventilador sigue encendido o no —indica el guardia de seguridad.

—Oye Brad, tranquilo, sí tenemos aire —afirma Stan, después de corroborarlo—. Está bien, el ventilador sigue encendido. ¿En cuánto tiempo nos sacaran de acá? —inquiere presionando el intercomunicador.

—Pues… estimo que no más de media hora.

—Mierda —murmura Stan.

En ese momento, Bradley se agacha en el piso hasta sentarse, con ambas manos aun cubriendo su cara.

—Bueno… por favor apúrense, es que mi compañero no se siente bien, no puede estar acá más de media hora —afirma Stan, con seriedad.

—Entendido —añade el guardia de seguridad.

Bradley comienza a respirar un poco agitado sin retirar las manos de su rostro.

—Maldita sea… me siento culpable —murmura Stan, acercándose a Dylan.

—Yo también.

—¿Por qué mierda no le hicimos caso?

—No sé… ella sí nos advirtió... fuimos idiotas —susurra Dylan.

—Los estoy escuchando, yo no soy sordo… ¿quién les advirtió? —inquiere Bradley, levantando la cabeza y viendo a sus amigos.

—Pues… fue Blazer —responde Dylan, sentándose en el piso.

—¿Quien? —cuestiona Bradley, frunciendo el ceño.

—Una chica con un blazer azul, ella bajaba por las escaleras y nos dijo cuándo esperábamos el elevador —aclara Stan, uniéndose a ellos—. Honestamente… nosotros pensamos que era joda.

—¡Maldición! —exclama Bradley exasperado, mirando el techo—. Si yo la hubiese escuchado, no me hubiese montado. Oigan… ¿qué les dijo exactamente?

—Pues.... dijo que mejor usáramos las escaleras —confiesa Dylan.

—Ella dijo que había un noventa por ciento de posibilidad de que nos quedáramos encerrados —agrega Stan.

—¡Carajo chicos! ¡Dijo noventa por ciento! ¡¿Cómo demonios pensaron que estaba jugando cuando dio una cifra tan elevada?! —refuta Bradley, exasperado—. ¡¿No fue suficiente alta la posibilidad de que pasara esta mierda cómo para que decidieran que no nos montáramos?!

—Sí, ya sé, pero… la verdad estábamos cansados del entrenamiento, en serio no me daban las piernas para subir los seis pisos —confiesa Dylan.

—No te enojes Brad, yo también estoy fundido, no quería subir todas esas escaleras, no quiero exigirle más a mi abductor —dice Stan.

—Y… ¿dijo algo más? —pregunta Bradley, viéndolos a ambos.

—No, nada más, solo se río porque le dije que me cargara por las escaleras sino quería que usara el elevador —comenta Dylan, entre risas.

—¡Maldición! Es decir que… ¿preferiste coquetearle antes que hacerle caso? —replica Bradley, resoplando—. ¡Carajo Dylan! ¡Eres un idiota!

—Es que estaba linda, ¿qué esperabas? ¿Qué desaprovechara la oportunidad de lanzar un anzuelo?

Si ella hubiese dicho: “sí yo te cargo” o “cárgame tú a mí.” Pues sí, en efecto, no estaríamos encerrados en el elevador ahora mismo, porque la tendría en cuatro en el baño del primer piso, dándole tan duro que Blazer no podría caminar al día siguiente.

—Eso es muy cierto, ella estaba linda, pero sin duda no era tu tipo —afima Stan tratando de extender la conversación, para que Bradley desvíe su atención del hecho de estar encerrados y deje de angustiarse.

Dylan de inmediato capta la idea de su amigo, y entre ambos buscan que se distraiga con otro tema.

—¿Por qué no sería mi tipo? Bro, ¿es que ya sabes como es mi tipo? Si la chica les gustó a ambos… ¿por qué rayos no me gustaría a mí? —inquiere Bradley, tontamente.

—Pues… porque ella era como una sexy ejecutiva, tenía todo ese aspecto profesional, vestida con su blazer azul y su cabello recogido, bien peinado —acota Stan.

—Okey… —murmura Bradley, negando con la cabeza—. ¿Por qué demonios ese no sería mi tipo? —cuestiona indignado.

—Brady, porque ella se veía muy seria, como alguien intelectual y difícil —aclara Dylan.

—Entonces… por lo que entiendo, lo que quieren decir es que me gustan las zorras fáciles que no tienen carrera —comenta Bradley, con sarcasmo.

—¡Tú lo dijiste! —exclama Stan, señalándolo.

—¡Exacto! ¡Tú lo dijiste, no nosotros! —agrega Dylan, entre risas.

—¡No sean idiotas! ¡Eso no es cierto! —refuta Bradley.

—Sí claro… —agrega Stan, a la vez que finge tos y en medio de esta dice—. Lola la zorra.

Dylan no puede evitar estallar en una carcajada, al mismo tiempo que golpea el hombro de Stan.

—¡Qué hijo de puta eres! —exclama Bradley.

—Bueno sí, soy un hijo de puta, pero no es secreto que Lola es más fácil que la tabla de multiplicar del uno —recalca Stan, encogiéndose de hombros.

—Comparto eso... —afirma Dylan, asintiendo—. Brad, te seré muy honesto, y golpéame si quieres, pero a estas alturas... no sé cómo demonios se la presentaste a Crowven.

—Eso es cierto, porque Lola no es una chica para llevar a la casa —añade Stan.

—Pero es que nosotros solo estamos pasando el rato, ella no es mi novia —acota Bradley con seriedad.

—¿Te imaginas la cara de Crowven si se entera que su nuera ya se comió a diez líneas de hockey de la NHL? —pregunta Stan, entre risas.

—¿Están celosos o qué? —inquiere Bradley, riéndose.

—¡No! ¡Yo no! —dice Dylan, de inmediato—. Brady, yo soy un buen amigo, antes de que salieras con ella yo te conté que me había liado con Lola en el baño de una fiesta, hace como dos años.

—Ya lo sé, pero les repito, nosotros no tenemos una relación. No la quiero para eso, obviamente no querría tener una novia que se haya acostado con algún otro jugador de hockey, eso es muy raro para mí —confiesa Bradley, negando con la cabeza.

—¡Ves! ¡Entonces tiene que ser virgen! De otra manera, no sería suficientemente buena como para que se la presentes a Crowven —bromea Stan, causando que los tres se rían.

—¡No! Yo no dije virgen, pero sin duda no quiero a una que ande detrás de todos los jugadores —aclara Bradley—. Entonces descartada, Lola jamás será mi novia.

—Okey… ¿por su historial de zorra comprobado? ¿O por qué otra razón? —indaga Stan, cruzándose de piernas—. ¡Ya cuenta!