Psicópatas del mundo ANDRÉI CHIKATILO. EL CARNICERO DE ROSTOV
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ANDRÉI CHIKATILO. EL CARNICERO DE ROSTOV

ANDRÉI CHIKATILO

EL CARNICERO DE ROSTOV

Rusia

Por medio del boca a boca, se describían detalles espantosos sobre los crímenes a pesar de que no había pistas sobre quién podía ser el responsable. Poco y nada se podía hacer si las mismas autoridades se desentendían del tema.

Los medios de comunicación tampoco informaban nada al respecto y se limitaban a repetir una y otra vez los discursos de sus líderes y dar largos informes sobre los supuestos avances y logros de un sistema político que estaba en plena decadencia.

Pero lo cierto es que las autoridades de la ex Unión Soviética sí estaban al tanto de lo que estaba ocurriendo.

Iban tras la pista de un terrible asesino en serie, aunque tardaron años en reconocerlo.

De acuerdo con su lógica, aquello solo ocurría en países capitalistas, como Estados Unidos. No podían estar más equivocados.

La policía soviética se vio obligada a llevar a cabo la mayor cacería humana de su historia, la cual estuvo plagada de errores garrafales.

Los pobres recursos con los que contaban para la investigación, sumados al hecho de que los altos mandos se negaban a reconocer que un asesino de estas características estaba suelto en las calles, contribuyeron a que estuviera libre por más de doce años, sin que nadie hiciera nada para detenerlo.

A principios de los años veinte, Yablochnoye era una pequeña aldea rusa no muy distinta de las otras ubicadas en el extremo sur del territorio.

Con un clima templado y una tierra fértil, era un lugar soñado para cualquier campesino.

Muchos de ellos se habían asentado en el lugar y construido modestas viviendas, ilusionados con llevar una vida próspera.

Sin embargo, para 1930 la situación cambió de forma radical.

El gobierno comenzó a exigirles gran parte de su producción agraria para alimentar a las poblaciones de Moscú, San Petersburgo y las otras grandes ciudades de Rusia Central, y los graneros de Yablochnoye y sus alrededores pronto quedaron vacíos, al igual que los mataderos.

Entre 1932 y 1933, el país sufrió una de las más devastadoras hambrunas de su historia, conocida como el Holodomor.

Se estima que entre tres y medio y cinco millones de personas murieron de hambre, aunque los motivos siguen siendo discutidos.

Si bien algunos historiadores creen que se trató de una tragedia por la implementación de políticas fallidas y negligentes en el contexto de la colectivización, otros acusan directamente a las autoridades soviéticas de orquestar un genocidio intencionado.

El gran responsable del Holodomor fue el líder de la Unión Soviética Iósif Stalin, quien no solo deseaba eliminar la propiedad privada en el campo y agrupar a los campesinos en granjas estatales, sino terminar con los kulaks (terratenientes rusos) y aplastar el nacionalismo ucraniano.

Mientras millones morían de hambre, otros intentaban sobrevivir por todos los medios.

Fue ahí cuando comenzaron a registrarse los primeros casos de canibalismo entre la población.

Incluso, en algunas ferias libres se ofrecían trozos de soldados caídos en batalla o cadáveres de niños quemados por la nieve.

Existen miles de archivos soviéticos desclasificados donde se confirma el arresto de personas por actos de canibalismo en este período.

Algunos de ellos fueron recopilados por el historiador británico Robert Conquest en su obra El gran terror: la purga de Stalin en los años treinta .

En este contexto, el 16 de octubre de 1936, nació Andréi Romanovich Chikatilo.

La familia de Andréi era humilde. Su padre, Roman Chikatilo, era un campesino sin tierras, pero también un hombre inteligente que supo sacarle partido a la nueva situación y consiguió trabajo como labrador en una de las granjas colectivas.

Poco a poco, la situación parecía ir estabilizándose, aunque aún estaban muy lejos de alcanzar la prosperidad de décadas anteriores.

En 1939, sin embargo, Hitler y sus tropas avanzaban hacia el este, sembrando muerte y destrucción.

Stalin consiguió firmar un pacto de no agresión con la Alemania nazi, aunque sabía que esto solo serviría para ganar algo de tiempo.

Dos años más tarde, en 1941, los tanques de Hitler violaron las fronteras soviéticas, dando por terminada la tregua.

Roman Chikatilo, al igual que millones de hombres y mujeres de su época, fue reclutado por el Ejército Rojo y enviado al frente, pero a poco de iniciadas las acciones fue tomado prisionero y enviado a un campo de concentración.

El hambre y la miseria, sumadas a las acciones bélicas, convirtieron a varios poblados en verdaderos campos de batalla.

Algunos luchaban por ideales políticos. Otros, por comida.

El pequeño Andréi vio gente muerta y destrozada por las calles.

Y cuando solo tenía cinco años, su madre le contó una aterradora historia que lo marcaría de por vida.

Entre 1933 y 1934, su hermano mayor Stepan, habría sido raptado y devorado por vecinos hambrientos. A pesar de que este hecho jamás ha podido ser corroborado, es cierto que varias personas desaparecían de forma misteriosa en las zonas rurales, sin dejar ninguna rastro.

La familia Chikatilo vivió momentos muy duros.

Andréi, su pequeña hermana y su madre esperaban que Roman volviera con vida, sin embargo, se rumoreaba que aquellos campos de concentración nazis no eran más que lugares de exterminio masivo y que las posibilidades de que se encontrara con vida eran muy bajas.

Por suerte, en 1946, tras la rendición de la Alemania nazi ante los aliados, Roman Chikatilo fue liberado por el ejército estadounidense y pudo volver a la aldea de Yablochnoye junto a su familia.

Pero lejos de convertirse en un héroe de guerra, todos aquellos que estuvieron detenidos en campos de concentración nazis o que tuvieron contacto con los estadounidenses pasaron a convertirse en potenciales enemigos de Rusia para Stalin.

Y aunque Roman consiguió evitar ser puesto tras las rejas, como muchos otros que fueron encarcelados por el simple hecho de volver vivos de la guerra, se consideró que traía vergüenza para su familia.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, un nuevo período de hambruna cayó sobre la Unión Soviética.

Andréi y su hermana tenían los abdómenes hinchados y llegaron a comer hierbas y hojas cuando se sentían demasiado fatigados.

Chikatilo reconocería, años más tarde, que probó el pan por primera vez recién a los doce años.

El reclutamiento orientado a la doctrina del comunismo partía desde las escuelas.

Así que, como todo niño de su generación, Andréi Chikatilo debía educarse.

Los profesores lo recordaban como un chico inteligente y aplicado, capaz de memorizar largos textos de los libros que leía sin mayor problema.

Pero también era cierto que se trataba de un joven taciturno, silencioso y solitario, que no tenía ningún amigo.

Sentía vergüenza por todo, incluso si necesitaba pedir permiso para ir al baño.

Su voz era casi inaudible, se comunicaba murmurando.

Aquella timidez extrema pronto le trajo problemas, pues muchos de sus compañeros comenzaron a molestarlo.

Por ser muy delgado, lo apodaron el Esqueleto.

Chikatilo demostró ciertos rasgos de personalidad paranoica a corta edad.

Vivía con un constante grado de tensión y ansiedad, debido a que pensaba que todos sus compañeros se burlaban de él.

También temía que alguien se enterara de algunos de sus secretos, como el hecho de que a la edad de doce años aún se orinaba en la cama, o que cuando se sentaba en la sala de clases no veía nada del pizarrón, pues sufría de una miopía severa.

Sus constantes dolores de cabeza podían deberse al hecho de que forzaba demasiado la vista para leer o bien por su pésima alimentación.

Jamás consideró contar este problema a sus padres o profesores, pues pensaba que, si lo trataban y le recomendaban usar anteojos, lo apodarían Cuatro ojos.

Además, las condiciones económicas eran tan malas que es probable que su familia no hubiese podido costear un par de gafas.

Por insólito que parezca, Andréi Chikatilo comenzaría a usarlas recién a los treinta años.

Los años pasaron, y aunque el joven Chikatilo seguía mostrándose como alguien reservado y desconfiado, sufrió un gran cambio físico que comenzó a llamar la atención de sus compañeras de escuela.

Se había convertido en un chico alto, apuesto y fuerte.

Tanto, que ganaba todas las competiciones que ameritaran fortaleza y destreza física, por lo que fue apodado Andréi Sila, que significa Andréi, el fuerte.

A pesar de todo, continuaba siendo alguien inseguro, incapaz de generar amistades y mucho menos de acercarse a las mujeres.

De hecho, ese sería uno de sus mayores complejos.

Si con sus compañeros varones era incapaz de hilar palabras, con las chicas simplemente se paralizaba.

Las muchachas que intentaron relacionarse en vano con él terminaron frustradas y desilusionadas ante la torpeza de Chikatilo y desistieron de sus esfuerzos.

Se sentía decepcionado de sí mismo, pero en vez de enfrentar sus miedos decidió enfocarse de manera obsesiva en los estudios.

Leía de forma compulsiva a autores como Chejov, Dostoyevski y otros clásicos de la literatura rusa.

Al mismo tiempo, se estaba convirtiendo en el tipo de ciudadano modelo que Satlin aprobaba.

Tragaba casi sin digerir cualquier tipo de propaganda política asociada al comunismo, algo que llamó la atención de sus maestros.

Se aprendió de memoria todos los nombres de los líderes del Partido Comunista y se le veía siempre con textos de Marx, Engels y Lenin bajo el brazo.