Psicópatas del mundo ADOLFO DE JESÚS CONSTANZO. Y SARA ALDRETE LOS NARCOSATÁNICOS #6
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ADOLFO DE JESÚS CONSTANZO. Y SARA ALDRETE LOS NARCOSATÁNICOS #6

Sara María Aldrete sería condenada en primera instancia a sesenta y dos años de prisión por inhumación, exhumación y profanación de cadáveres, aunque a finales de octubre de 1995 se llegó a un acuerdo en el cual recibiría otros cuarenta y cinco años por cada uno de los trece crímenes cometidos en el rancho Santa Elena, sumando un total de seiscientos cuarenta y siete años, la condena más severa de la historia judicial mexicana por aquel entonces.

Todos los integrantes de los Narcosatánicos realmente creían que estaban protegidos por la magia de Constanzo.

Incluso tras las rejas continuaron afirmando que tenía poderes sobrenaturales y que era capaz de cambiar su rostro durante los rituales.

Seguían al pie de la letra todas sus órdenes, pues le temían.

El mismo Elio Hernández, a pesar de ser reconocido en todo Matamoros como un violento narcotraficante, se sentía incapaz de contradecirlo.

Afirmó que, en cierta ocasión, un chico de doce años había sido secuestrado en las cercanías del rancho Santa Elena por los otros miembros de la banda para realizar un sacrificio.

Sin embargo, cuando se presentó en el lugar, se llevó la sorpresa de que se trataba de su primo.

Constanzo le dijo que no había vuelta atrás y que el ritual debía llevarse a cabo de todas formas.

Colgó al menor de cabeza en una viga y lo degolló sobre la ngana para alimentarla de sangre joven, sin que Elio pudiera hacer nada.

Sara Aldrete también aseguró que Constanzo asesinó de un tiro en la cabeza a uno de sus ahijados, un federal identificado como Valente del Fierro, porque este había sido rayado en una ceremonia y tiempo después lo descubrió consumiendo drogas, algo que les tenía terminantemente prohibido.

En julio de 1988, un espeluznante asesinato se dio a conocer en Matamoros.

El cadáver de Ramón Paz Esquivel, un anticuario homosexual conocido como la Claudia, fue hallado destazado.

Sara afirmó que mientras huían de la policía, escuchó una conversación entre Constanzo y Martín Quintana, los cuales recordaron el crimen entre risas.

No solo lo habían asesinado, sino que Constanzo le arrancó la piel de la cara y la puso sobre su propio rostro para jugarle una broma a otro de sus seguidores.

Las autoridades estaban convencidas de que el grupo era responsable de al menos veintiséis asesinatos y que gran parte de las víctimas eran policías, narcotraficantes y menores de edad utilizados en los sacrificios.

Lamentablemente, varios de los cuerpos jamás fueron identificados y la única cara visible de los crímenes ha sido, durante décadas, la de Mark Kilroy.

Algunos medios especularon con que los miembros de la secta habían cometido canibalismo, pues supuestamente bebieron del caldero que Constanzo mantenía en el rancho Santa Elena, una mezcla viscosa que incluía sangre, huesos y órganos animales y humanos, además de palos, ramas, objetos metálicos como clavos y cuchillos, tierra de cementerio, tabaco, pólvora, hierbas y aguardiente.

Sin embargo, según el palo mayombe, el contenido de la nganga no se consume.

Aun así, existe la posibilidad de que fumaran cenizas de cadáveres o bebieran sangre humana en otros rituales.

Tras la muerte de Adolfo de Jesús Constanzo, el ojo mediático se centró en la imagen de Sara Aldrete, su mano derecha.

En 1992 concedió una entrevista al programa de televisión mexicano Portada , en donde no solo insistió en su inocencia, sino que realizó graves acusaciones en contra de la policía y la PGR.

Afirmó que, tras ser detenida en mayo de 1989, fue víctima de brutales torturas por parte de los agentes, quienes exigían que les entregara los números de las cuentas bancarias de Constanzo para quedarse con su dinero.

Primero fue llevada a la morgue en la que se encontraban los cuerpos de Constanzo y Quintana.

La obligaron a meter las manos dentro del cadáver de Constanzo, el cual ya había sido sometido a la autopsia de rigor, y le ordenaron que se comiera su corazón, tal como presuntamente hacía en sus rituales.

Después le habrían acercado la masa encefálica de Quintana en una bandeja metálica para que se la metiera en la boca.

Como Sara se negó, habría recibido una paliza.

Declaró también que en los días siguientes fue abusada sexualmente por siete oficiales al mismo tiempo y sodomizada con distintos objetos.

Le habrían arrancado las uñas de los pies, sumergido en una tina con agua, intentado asfixiarla con una bolsa y puesto pinzas con electricidad en los pechos y la vagina, lo cual le produjo varias quemaduras y una infección en el útero que terminó por dejarla estéril.

Durante este período, habría pasado sesenta y un días encerrada en una celda de aislamiento desnuda, encadenada y recibiendo como alimento una taza de té y un trozo de pan al día.

Posteriormente, sería trasladada a otro penal en donde sus condiciones mejoraron, pero su salud se vio tan afectada por la traumática experiencia que pocos días antes de recibir su sentencia, en octubre de 1995 y con treinta y un años, sufrió un infarto que la tuvo internada en un hospital del penal.

Sara incluso llegó a asegurar que la muerte de Omar Orea, uno de los miembros de la secta fallecido a principios de 1990, se produjo porque agentes de la PGR le inocularon VIH con una jeringuilla.

Supuestamente, Orea conocía a ciertos oficiales que estaban vinculados con Constanzo y no podían dejarlo vivo.

También afirmó que, mientras estuvo recluido, Álvaro de León negó haber asesinado a Constanzo y que seguramente los agentes que ingresaron al departamento aquel 6 de mayo de 1989 lo ejecutaron para evitar que revelara sus vínculos con las altas esferas del país.

Con el pasar de los años, Sara Aldrete se convirtió en una respetada y reconocida interna en el Reclusorio Oriente, en donde destacó por su conducta intachable.

Se dedicó a la pintura, participó como actriz y directora en diversas obras de teatro, asesoró a otras internas en el centro educativo del penal, ganó diversos premios de literatura y en el 2000 publicó un libro titulado Me dicen la Narcosatánica , en donde cuenta su versión de la historia.

En 2009, una modificación del código penal mexicano permitió a la defensa de Sara apelar a su sentencia, la cual se redujo a cuarenta y siete años de prisión.

Actualmente se encuentra recluida en el Penal Femenil de Tepepan, en donde continúa pagando su condena.

Ha solicitado en varias ocasiones su excarcelación por motivos de salud, pero sus peticioneshan sido denegadas.

A pesar de todo lo vivido, sigue hablando de Adolfo de Jesús Constanzo con añoranza. Asegura que fue testigo de sus increíbles habilidades como hechicero y de cómo podía hacer trabajos de brujería que realmente funcionaban.

Quizá una de las anécdotas más extrañas que narra Sara es cuando Constanzo le advirtió de que iba a convertir a un hombre en sapo.

Pocos días más tarde, el mismo sujeto se comunicó con el brujo y le solicitó ayuda, pues había enfermado de manera repentina.

Estaba internado en un hospital, con el cuerpo completamente hinchado, los ojos saltones y tenía la boca estirada debido a la inflamación.

Los médicos le practicaron todo tipo de exámenes, pero fueron incapaces de descubrir qué le ocurría.

Constanzo le dijo que podía ayudarlo, pero que debía devolverle a uno de sus ahijados una empresa de la cual se había apropiado de manera legal.

El sujeto no tuvo más alternativa que aceptar y firmar los papeles del acuerdo.

Constanzo deshizo el embrujo y a los tres días la víctima fue dada de alta, sin que los doctores pudieran explicar qué le había ocurrido.

Resulta difícil establecer cuál fue la verdadera participación de Sara en los rituales de Constanzo.

Si bien algunos miembros de la secta aseguraron que estuvo presente en los sacrificios humanos y que incluso realizó torturas, como sumergir los pies de una de las víctimas en agua hirviendo o cortarle los pezones y los genitales con tijeras a otro sujeto al que habían secuestrado, los testimonios fueron obtenidos bajo presión y no existe una sola prueba incriminatoria en su contra.