Psicópatas del mundo DESCONOCIDO. EL ASESINO DEL ZODÍACO
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Psicópatas del mundo

Psicópatas del mundo

Por Alvaro Matus

© inepub.com

DESCONOCIDO. EL ASESINO DEL ZODÍACO

DESCONOCIDO

EL ASESINO DEL ZODÍACO

Estados Unidos

David Faraday y Betty Lou Jensen se encontraban en su primera cita oficial, según declararían luego los padres de las víctimas.

Tenían planeado asistir a un concierto aquella noche, sin embargo, cambiaron de planes y se dirigieron hasta la oscura carretera del lago Herman, un sitio apartado, pero bastante popular entre las parejas que buscaban algo de intimidad.

También tenía fama de ser el punto de reunión entre jóvenes que consumían alcohol y marihuana y que no querían ser descubiertos.

La policía consideró la posibilidad de que las víctimas hubiesen presenciado de manera involuntaria una transacción de drogas y sido asesinadas para no dejar testigos, ya que el móvil del robo o un intento de agresión sexual en contra de la chica quedaron descartados.

Los padres de Betty Lou Jensen, en cambio, sospechaban de un chico del instituto que la había estado acosando y que incluso amenazó a Faraday con darle una paliza.

Los investigadores no tardaron en comprobar que este joven tenía una coartada sólida aquella noche, la cual fue avalada por varios testigos.

Las balas halladas en la escena y en los cadáveres tenían características desconcertantes.

Se trataba de municiones recubiertas de cobre, fabricadas en Winchester desde octubre de 1967, es decir, de forma reciente.

Al mismo tiempo, no presentaban marcas de estrías lo suficientemente distintivas para llevar a cabo una comparación, incluso si el arma homicida era encontrada.

La situación era preocupante. Resultaba imposible realizar una identificación concluyente de la pistola utilizada por el asesino, el motivo del crimen no quedaba claro, no había testigos ni sospechosos.

En los meses posteriores la policía patrulló la zona con la esperanza de detectar algún movimiento extraño, pero todos los esfuerzos fueron en vano.

Poco antes de la media noche del 4 de julio de 1969, tres jóvenes que se desplazaban en un vehículo se dirigieron a los estacionamientos de un campo de golf de Blue Rock Springs, a las afueras de Vallejo.

Habían acordado juntarse en el lugar con un amigo que venía de visita.

Al ver un Chevrolet Corvair estacionado pensaron que se trataba de él y se acercaron, pero lo que descubrieron fue una escena espantosa.

La puerta del copiloto estaba abierta y un chico yacía en el piso soltando alaridos.

Había recibido varios disparos en el brazo derecho, en una de sus rodillas, el cuello, el pecho y la mandíbula.

Al interior del auto una joven se desangraba.

Apenas respiraba. Ambos serían identificados como Michael Mageau, de diecinueve años, y Darlene Ferrin, de veintidós.

A pesar de la gravedad de las heridas, Michael estaba consciente cuando llegó la policía y pudo describir al atacante: se trataba de un hombre caucásico y robusto, de entre veintiséis y treinta años.

Tenía el cabello castaño, usaba corte militar, medía poco más de un metro ochenta y llevaba gafas.

El joven afirmó que estaba con la chica dentro del coche cuando el extraño se les acercó en otro vehículo y bajó con una linterna antes de abrir fuego.

Michael Mageau fue llevado hasta un hospital en estado crítico, mientras que su acompañante, Darlene Ferrin, falleció en la ambulancia. La autopsia confirmaría que recibió un total de nueve disparos que le perforaron los brazos, los pulmones y el ventrículo izquierdo del corazón.

Los jóvenes que encontraron a la pareja relataron que vieron las luces de un coche que se desplazaba a toda velocidad cerca de la escena del crimen, pero como estaba demasiado oscuro fueron incapaces de entregar una descripción exacta.

Pocos minutos después de que ambas víctimas ingresaran al hospital, a las 00.

40 de la madrugada, una telefonista de la comisaría de Vallejo recibió la inquietante llamada de un sujeto que se adjudicaba el crimen: «Quiero informar de un doble asesinato.

Si recorren un kilómetro y medio en dirección este por la avenida Parkway hasta el parque público, encontrarán dos jóvenes en un coche marrón.

Han sido abatidos por una Luger 9 milímetros.

También maté a los chicos del año pasado.

Adiós». El hombre cortó la comunicación y un minuto después la telefonista consiguió devolver la llamada.

Alguien descolgó el teléfono y lo dejó así, hasta que a las 00.

47 minutos la compañía Pacific Telephone pudo localizar el aparato utilizado.

Se trataba de un teléfono público ubicado en una bencinera, justo en frente de la comisaría de Vallejo.

Varias patrullas llegaron al lugar. Un mendigo que merodeaba por la zona afirmó que había visto a un hombre corpulento utilizar la cabina telefónica antes de marcharse en un vehículo color marrón.

Al parecer, el sospechoso sabía que no podía estar en la línea más de un minuto o la llamada sería rastreada, por lo que su mensaje fue breve.

Esperó a que la telefonista lo llamara de regreso y solo entonces dejó descolgado el teléfono, para contar con el tiempo suficiente para darse a la fuga. Se trataba de alguien astuto.

Los detectives sospecharon que el asesino de Betty Lou Jensen y David Faraday podía ser el mismo que había acribillado a Darlene Ferrin y Michael Mageau.

Ambos ataques guardaban grandes similitudes, incluido el perfil de víctimas.

La única diferencia era que, esta vez, se había utilizado un arma de 9 milímetros.

Aun así, esto confirmaba que el sujeto que realizó la llamada telefónica para adjudicarse el crimen sabía de lo que estaba hablando y que lo más probable era que no se tratase de una broma.

Aunque se examinó la escena del crimen, no se pudieron encontrar ni siquiera las huellas del otro vehículo. La única esperanza de los detectives era que Michael Mageau sobreviviera y pudiera contarles de manera exacta qué había ocurrido.

Mientras el joven se debatía entre la vida y la muerte, la investigación reveló datos inquietantes.

Se descubrió que ambas víctimas eran amantes y que el esposo de Darlene recibió un par de extrañas llamadas aquella madrugada: un hombre parecía estar jadeando al otro lado de la línea.

Estas se habrían realizado después del crimen y cuando aún no se enteraba de que su esposa estaba muerta, cerca de la una y media de la mañana.

Una de las amigas de Darlene, declaró a la policía que sabía que la chica le era infiel a su marido y que solía juntarse con hombres extraños.

Esto hizo pensar a los detectives que podía tratarse de un amante celoso, que había decidido vengarse, y que quizá la llamada realizada después del ataque había sido un intento por desviar la investigación.

Por fortuna, Michael Mageau consiguió sobrevivir y fue interrogado por la policía en cuanto recobró la conciencia.

Según el joven, Darlene pasó a buscarlo en su vehículo veinte minutos antes de la medianoche del 4 de julio.

Por lo visto planeaban mantener relaciones sexuales en algún sector apartado, pero mientras iban por la carretera, un Falcon del 58 con patente de California comenzó a seguirlos de forma amenazadora.

Perdieron el control y se estrellaron contra un tronco en el estacionamiento del campo de golf de Blue Rock Springs.

Tras el accidente, el coche que los perseguía se detuvo unos segundos y luego el conductor se dio a la fuga.

En ese momento, Michael comenzó a sospechar que la chica sabía de quién se trataba.

Afirmó a la policía que Darlene intentaba tranquilizarlo.

Le dijo que todo saldría bien y que no se preocupara, algo que le pareció extraño.

Él le preguntó si conocía a la persona que los estaba siguiendo, pero la joven no respondió.

Cinco minutos más tarde, el vehículo regresó al lugar y de su interior bajó un hombre robusto que los apuntaba a la cara con una potente linterna.

Michael supuso que se trataba de un policía y se dispuso a sacar sus documentos.

Sin embargo, el sujeto se acercó a la ventana del copiloto y comenzó a disparar al interior de la cabina.

Tras el brutal ataque, el joven se dio cuenta de que estaba herido y soltó un grito de dolor. Pensaba que el atacante se había ido, pero este se asomó de manera repentina por la ventana y le dio otros dos tiros a él y a Darlene, que yacía con la cabeza apoyada sobre el manubrio.

Las declaraciones de Mageau evidenciaban el actuar de un asesino con una espeluznante sangre fría.

Si bien pudo entregar una descripción del atacante, reconoció que no fue capaz de verlo con claridad, pues estaba cegado por la linterna.

En este punto, el caso comenzó a tornarse cada vez más confuso.

Dos amigas de Darlene insistieron a los investigadores que la chica llevaba varias semanas comportándose de forma extraña.

A menudo salía a fiestas con hombres desconocidos, y al parecer uno de ellos estaba relacionado en un asunto de drogas.

Se trataba de un sujeto alto, corpulento y que usaba gafas, lo que a grandes rasgos coincidía con la descripción del atacante.

Por otro lado, un testigo afirmó haber visto a Michael Mageau y Darlene Ferrin discutiendo con un hombre de apariencia similar a las afueras de una cafetería llamada Terry’sWaffle House, poco antes de la media noche del 4 de julio.

Darlene trabajaba allí como camarera, por lo que el testimonio resultaba plausible.

Los oficiales volvieron a interrogar a Mageau con respecto a esta nueva pista, pero este se limitó a decir que no recordaba casi nada de lo que había ocurrido aquel día.