Proyecto Luna de Miel EPÍLOGO
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EPÍLOGO

MAURO

Al final todo encontró su lugar. Nos queremos, nos respetamos y nos apoyamos en todo, y eso debería ser suficiente para una historia de amor entre dos personas. Al menos, para mí, lo es.

Llevo cinco meses al frente de la empresa aquí, en Las Palmas, y, si bien al comienzo creí que todo sería más complicado, después ha ido todo rodado.

Además, he contado con la ayuda de Olivia, quien temía al inicio que trabajar codo con codo pudiera afectar nuestra relación, pero, de momento, marcha todo muy bien.

Como le dije una vez, somos un tándem perfecto y nos entendemos sin necesidad de palabras.

Jonay y Jaime siguen trabajando en sus respectivas islas.

De momento, no quiero hacer grandes cambios, al menos por ahora.

Jaime parece que ha asumido que nunca tendrá el control de la empresa y hace tiempo que no me suelta una de las suyas, tal vez por miedo a quedarse en la calle.

Aunque, como dice Rodrigo, mientras siga siendo eficiente y haga bien su trabajo, conservará su puesto.

Las primeras semanas fueron extrañas. Por primera vez en toda mi vida tenía poder para hacer y deshacer, y me costaba tomar decisiones, pensando que podía equivocarme y estropearlo. Pero Olivia me ha hecho ver las cosas desde otro punto de vista y eso ha conseguido que se me disipen las dudas.

Al mes siguiente de nuestra reconciliación, empezamos a vivir juntos en mi casa de Las Palmas.

Olivia le ha dado ese toque femenino que tanta falta le hacía, y procuramos pasar todo el tiempo posible juntos fuera de la empresa.

Doña Dori se ha negado en rotundo a venirse a vivir con nosotros, y eso que insistimos cada vez que estamos con ella, pero asegura que de su casa no se mueve.

La entendemos. Siempre ha vivido allí y se maneja bien, a pesar de que su vista no es como la de antes .

Y aunque a veces nos preocupa, verla sonreír en su cocina es suficiente para saber que está donde quiere estar.

La casa de Tenerife la he puesto en alquiler, aunque aún está vacía, no encuentro a alguien que parezca que vaya a cuidarla como lo hacía yo.

En un principio pensé en venderla, pero me da pena deshacerme de ese inmueble por todo lo que significó para mí en su momento.

Allí fue donde entendí más el valor de las cosas y aprendí a crecerme ante las adversidades, convirtiéndome en quien soy.

—Se me está ocurriendo una idea maravillosa —dice Olivia una tarde al salir de la oficina.

—Miedo me das —comento riéndome. Siempre que me dice eso, termina sorprendiéndome.

—Diego, el novio de Carla, no termina de sentirse cómodo en Las Palmas; conoces bien cómo es, y eso está poniendo trabas a su relación. Dejó toda su vida allí y me da miedo que se arrepienta. No me gustaría ver sufrir a mi amiga.

—¿Y en qué estás pensando? —pregunto con interés antes de montarnos en el coche.

—¿Y si le ofreces un trabajo en Tenerife?

Él aceptará y a ella no le quedará más remedio que irse a vivir allí, ya que su relación va más en serio de lo que parecía en un principio.

Carla podría abrir allí una escuela de dibujo, recuerda que ese ha sido siempre su sueño.

Digamos que sería como matar dos pájaros de un tiro.

—Puedo hacerle un contrato de prueba, ya sabes que, aunque sea amigo nuestro, no debo regirme por los sentimientos a la hora de elegir a mis empleados.

—Lo sé, pero creo que daría la talla. Sé que no tiene experiencia, pero yo tampoco la tuve cuando empecé a trabajar aquí y, ¡mírame ahora!, soy la mano derecha del dueño de la empresa, nada más y nada menos. —Se ríe y me abraza. No me puedo negar a lo que me está pidiendo.

—¿Sabes qué día es hoy? —le pregunto en cuanto se despierta.

—Creo que es sábado, ¿no? —murmura aún soñolienta, después bosteza.

—Hoy hace un año que nos conocimos en aquella playa de Tenerife. Aún recuerdo tu cara y tu mirada, entre enfadada y orgullosa, en la hamaca del hotel.

—¿Es hoy? ¡Qué memoria tienes!

—Si supieras la de fechas que tengo contigo guardadas en mi cabeza… Si quieres, te recuerdo nuestra primera vez… —Me acerco aún más para besarla . Su risa contra mi piel vale más que cualquier aniversario.

Hacemos el amor con tranquilidad, sin ninguna prisa ni nada que nos preocupe.

Nuestra conexión es plena. Nuestros cuerpos se amoldan a la perfección y se entregan formando uno solo.

Me siento muy afortunado de ser suyo y de que ella sea mía.

Pero no en el sentido de posesión material; al contrario, lo que sentimos el uno por el otro va más allá de lo corporal, como diría Marta, es algo extrasensorial.

Hablando de Marta y Rodrigo, solemos cenar a menudo con ellos cuando están en Las Palmas porque, cada dos por tres, se van de viaje a través de GranCanTour, Olivia sabe venderles sitios románticos; es su especialidad.

Siempre nos hacen videollamadas desde el lugar donde estén para que veamos lo mucho que están disfrutando de la vida de jubilados.

A nosotros aún nos quedan años para hacerlo, e incluso para viajar, porque mientras doña Dori siga viva, no nos queremos mover de la isla. Y, la verdad, no necesito más que esto.

Hoy noto a Olivia más nerviosa que nunca.

No sé qué le está rondando por la cabeza, pero me muero por saber qué la tiene así.

Mientras preparo la cena, no dejo de observarla ir y venir por el salón de casa, hasta que se acerca a los vinilos y pone uno en el reproductor.

De repente, Elvis llena con su Always on my mind toda la estancia, y Olivia se para junto a la isla de la cocina y me mira muy seria.

—Mauro, ¿puedes dejar un momento lo que estás haciendo? —pregunta mientras le tiembla un poco el labio y acaricia el colgante que le regalé.

—Claro, ¿qué ocurre? —La miro de frente.

—¿Quieres casarte conmigo? —pregunta a bocajarro.

Su voz tiembla, pero sus ojos no—. Sé que no vamos a tener todavía luna de miel, ni nos podemos coger unos días, ni cosas de esas que les pasan a los recién casados.

Pero no me importa. Quiero casarme contigo y esta vez no vas a poder ponerme ninguna excusa.

—Te amo, Olivia. Claro que voy a casarme contigo.

Y prometo hacerte feliz todos y cada uno de los días que estemos juntos.

—La agarro suavemente por la cintura y la beso—.

¿Te he dicho ya que eres la mujer de mi vida y que te llevo siempre en mi mente?

—Canturreo las últimas palabras a la vez que Elvis sigue sonando.

La miro y sé que Olivia es todo lo que necesito. Mi hogar, mi destino. Mi vida entera.

FIN