Protector Puro (Serie Kat Drummond 20, Cindy Giles 2) 25. EL COMPLEJO #3
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25. EL COMPLEJO #3

No lograba librarme de la horrible sensación de que aquella sería la última vez que vería a mis amigos. Al menos, la última vez que vería a algunos de ellos. El Doblador de Acero, Gurtrum y quienquiera que aquella camarilla clandestina hubiera reunido bajo su estandarte... eran poderosos.

Pero sentía mi chispa. Renovada y ansiosa. Percibía mi necesidad. Mi determinación. Había perdonado mis dudas y transgresiones, como siempre hacía. Solo quería ayudar a la gente. Y eso haría yo.

No permitiría que muriera ninguno de mis amigos.

Me hice la solemne promesa de que todos saldríamos vivos de allí.

Ante nosotros se alzaba una puerta doble que llegaba hasta el techo. Tom hizo retroceder a Brick y se llevó un dedo a los labios. Alex comprobó los tambores de sus pistolas. Conrad hizo lo mismo.

No sabíamos todo lo que encontraríamos allí dentro, pero ya era demasiado tarde para volver atrás.

Tom inició con los dedos una cuenta atrás desde tres y entonces Brick abrió la puerta de un martillazo y la arrancó de sus goznes.

Una docena de hombres vestidos de negro como ninjas se volvieron hacia nosotros.

Eran de la misma calaña que el espía al que habíamos sorprendido hurgando entre las cosas de Conrad.

Junto a ellos había un hombre robusto, de pelo rapado y expresión avinagrada.

Podía competir en altura con Brick y llevaba metal soldado por todo el cuerpo; de algún modo podía moverse pese a que no se apreciaban juntas ni articulaciones.

En la pared había un enorme agujero excavado en la roca maciza.

Eso explicaba cómo habían entrado. Y probablemente cómo pensaban salir.

Y junto a aquellos rostros desconocidos estaba Gurtrum, ataviada con sus vestiduras de Heiligslicht y con la sorpresa apenas disimulada en el rostro. Y, a su lado, la Bestia de las Colinas Azules.

Habría soltado una maldición de no haberme quedado tan atónita.

Al otro lado de aquel variopinto grupo de enemigos, el Presidente Adam Dawi se ocultaba tras un escritorio volcado mientras dos guardias Whiteshield permanecían ante él.

Una mantenía en alto un escudo azul transparente y murmuraba entre dientes; el otro sostenía el fusil preparado, apuntando a quienes pretendían asesinar a su cliente.

La Bestia se volvió hacia mí y mostró aquella repugnante sonrisa de dientes amarillos. Necesitaba un seguro dental mucho más que nadie en El Reckoning.

—La enfermera misericordiosa viene de visita. ¡Qué día tan feliz! Debes de estar kak de disgustada por no haberme hecho un agujero lekker , meisie .

Lo ignoré y clavé la mirada en Gurtrum.

—Así que se pone de parte de magos oscuros y corruptores. No la tenía por una mercenaria. Incluso para usted, esto es caer bastante bajo.

—A veces hay que usar veneno en lugar de medicina —respondió Gurtrum, aunque vi el asco y el desprecio manifiestos que sentía por la Bestia.

Debía de creer de verdad en aquella causa, y su titiritero debía de necesitar desesperadamente que Dawi muriera para arriesgarse a perder a su agente en Heiligslicht.

La Bestia se echó a reír.

—A mí tampoco me gusta trabajar junto a una monja vokken . Pero el geld es geld.

El Presidente Dawi asomó la cabeza por encima del escritorio, incrédulo. Pero vi reconocimiento en sus ojos cuando reparó en Conrad.

—¡Por favor! —suplicó—. Sálveme. Le daré las llaves de la ciudad. Todo el dinero que pueda necesitar.

—¿Un fusil antimaterial WarTek? —preguntó Brick.

—¿Qué? —preguntó Dawi, estupefacto—. Sí. Lo que sea. ¡Sáquenme de aquí!

—No vas a ir a ninguna parte, baas —se burló la Bestia, relamiéndose—. No hasta que haya acabado contigo.

—¡Basta! —retumbó el hombre, que solo podía ser el Doblador de Acero. Se volvió hacia nosotros—. Deberíais haberos quedado en la superficie. Me pagan más si está vivo, pero lo mataré si es necesario. Incluso destruiré toda esta hermosa roca si hace falta. Convertiré esta caverna en vuestra tumba.

—Márchese, señorita Giles. Ha perdido —añadió Gurtrum con un deje de sinceridad en la voz. Detestaba lo que yo representaba, pero no quería desperdiciar la vida de una purificadora. No si podía evitarlo.

Sentí la magia resonar en el aire. Procedía de mí, de Tom y de aquellos monstruos disfrazados de seres humanos.

No podía creer que la Bestia estuviera allí. Debería haberlo matado. ¡Dioses! Se lo merecía. Pero mi chispa me decía que había tomado la decisión correcta. Incluso ahora.

Miré a Tom y vi el miedo en sus ojos. Se estremeció, y pude leerle el pensamiento. Quería arriesgarlo todo. Acabar con ellos.

Alargué la mano y le apreté la suya.

—Te quiero —articulé sin voz. Él sonrió y me respondió del mismo modo.

—¡Se acabó el tiempo! —gritó de pronto la Bestia y, con un crepitar abrasador, lanzó hacia nosotros una descarga de enfermiza energía púrpura.

Grité y canalicé mi poder para intentar desviar la descarga en pleno vuelo. Pero era demasiado tarde.

Brick se tambaleó, aferrándose el pecho por donde había penetrado la descarga. Incluso Alex soltó una exclamación ahogada al ver trastabillar a nuestro amigo, robusto como un tanque.

La Bestia mostró aquella sonrisa vil y se rio triunfal.

Entonces Brick alzó la mirada con una sonrisa de loco en el rostro.

—Me ha hecho cosquillas.

Y, antes de que nadie pudiera moverse, había cruzado la cámara y descargaba el martillo contra los ojos atónitos de la Bestia.

Con un crujido, un sonido húmedo y un golpe seco, el cuerpo decapitado de la Bestia cayó de rodillas y después se desplomó. Su cabeza no era más que una mancha en la pared.

Hubo un instante de silencio. Después se desató el caos.

Conrad y Alex se separaron en direcciones opuestas, disparando sus pistolas contra los ninjas, mientras yo liberaba un destello de luz que aturdió temporalmente a mis enemigos y proporcionó cobertura a mis aliados.

Tom volvió a convertirse en la encarnación del fuego y surfeó sobre un muro de llamas, prendiendo su hacha mientras esta hendía a otro ninja.