Protector Puro (Serie Kat Drummond 20, Cindy Giles 2) 22. CONVOY #3
81%

22. CONVOY #3

Brick se acercó hasta quedar a mi lado, y temí que mi testarudo amigo insistiera en reanudar la batalla. Pero, en lugar de eso, le tendió la mano, y el Kan Oscuro le aferró el brazo entero con el puño y se lo estrechó.

—Mis disculpas, Kan Oscuro —dijo mi amigo, sin que, de algún modo, pareciera afectado después de que lo hubieran sacudido literalmente—. A decir verdad, no me importaba el dinero ni quién quería que te matara. Solo quería enfrentarme a ti en combate. Y ganar ese martillo tuyo.

El Kan Oscuro rio. Una risa alegre y jubilosa que hizo temblar el suelo.

—No puedo reprochártelo, guerrero. Tienes el corazón de un ogro dentro de ti. Has sido un adversario digno.

Tom y los demás se reunieron con nosotros en el centro mientras los ogros observaban.

Vi incredulidad en los ojos de algunos. Pero aguardaban una señal de su caudillo.

Probablemente no dominaban el inglés tan bien como el Kan Oscuro y el chamán.

Al menos no nos atacaban a ciegas. Eran disciplinados.

No eran bestias ni monstruos por otra razón que no fuera su tamaño y sus dientes afilados.

Si los encogieran, podrían pasar por humanos.

Humanos increíblemente gordos y corpulentos.

Pero no el Kan Oscuro. Su piel era negra como el azabache. Un tono antinatural incluso para un ogro. Y, aunque la mayoría medían entre tres y tres metros y medio, él superaba con creces los cuatro. Un auténtico coloso.

Sentí la presencia de Tom a mi lado mientras el Kan Oscuro hablaba con su chamán en la lengua de los ogros.

Alex y Gibbs le dieron unas palmadas en la espalda a Brick, ignorando sus muecas de dolor al agravarle las magulladuras.

Tendría que curarlo a fondo después de aquello.

Pero solo cuando mi chispa se hubiera recuperado.

Tom y yo intercambiamos una mirada. Parecía horrorizado. Como un cachorro culpable.

Aún sentía un rescoldo de ira hacia él por no haberme dicho la verdad. Por haberme ocultado todo aquello. Pero las palabras que le había dirigido al Kan Oscuro seguían resonando en mi interior.

Paz.

Merecía la pena. Y quizá fuera eso lo que Tom ansiaba tanto que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para conseguirlo.

Alargué la mano y le apreté la suya. Me sonrió agradecido. Y yo le devolví la sonrisa.

—Entonces, ¿quién lo hizo? —preguntó.

—¿Mmm?

—¿Quién mató a Lesley? —insistió Tom—. Dijiste que lo habías resuelto.

¡Oh, Grietas! Con todo aquel caos, lo había olvidado por completo.

—No te lo vas a creer, pero...

El suelo tembló cuando una docena de ogros se desplomaron, salpicándome con su sangre y apagando el abrigo de Tom.

El Kan Oscuro y el chamán miraron a su alrededor, sobresaltados y confusos.

—¡Traición! —gritó el chamán cuando un proyectil le golpeó en la cabeza y lo derribó sobre el asfalto ensangrentado.

El Kan Oscuro rugió y alzó el martillo, aunque los miembros de El Reckoning estaban tan desconcertados como los ogros.

—Te lo dije —dijo Tom—. Si no lo matábamos nosotros, lo harían ellos.

—¡Explícame esto, cazadora de demonios! —gruñó el Kan Oscuro—. Yo deseo la paz, pero tu ciudad exige la guerra.

Los soldados rodearon el lugar del siniestro y el campo sembrado de cadáveres. Sus uniformes eran inconfundibles. Fuerza de Defensa del Cabo. CDF. El ejército de Hope City.

¡Dioses! ¿En qué estaba pensando el Consejo?

—¿Creéis que matarme hará que la horda se detenga? —bramó el Kan Oscuro hacia el ejército congregado, golpeándose el pecho con el puño—. No soy más que una cabeza del ejército infinito. ¡Devoraremos vuestro mundo!

Matar al Kan Oscuro no serviría de nada. Cuando no regresara, su horda, enloquecida por la sed de sangre, caería sobre Hope City. Morirían innumerables personas.

¿Acaso el Consejo no era capaz de verlo?

Tenían que serlo. Lo cual significaba que... aquello no era más que otro engaño.

El Kan Oscuro dio un paso atronador hacia los soldados, pero Brick se interpuso en su camino.

—Nuestra batalla ha sido digna de leyenda —gruñó el Kan Oscuro—. Pero ha terminado. Apártate o serás aplastado.

—¡Esta no es una lucha honorable! —gritó Brick—. No son lo que parecen.

Observé a los soldados mientras avanzaban entre los restos, rematando a los ogros heridos con armas de gran calibre e incluso lanzacohetes.

—Esa no es la doctrina de la CDF —murmuró Alex—. Estas formaciones no son correctas.

—Conozco a estos hombres —admitió Brick, y percibí la reticencia en su voz—. Están adiestrados para matar gigantes. Se consagran a exterminar a todos los seres que no pertenecen a este mundo.

—¿Cómo sabes eso, guerrero?

Brick bajó la vista y apretó el puño. Pero entonces afrontó de frente su vergüenza y su pasado. Se arrancó la manga y dejó al descubierto el tatuaje de su brazo.

—Yo era uno de ellos. Miembro del Cuerpo de Exterminio. Los Jacks... exterminadores de gigantes.

Entonces lo comprendí todo. Debería haberlo sabido, por muy protegida que hubiera vivido. El Cuerpo de Exterminio. El escuadrón de la muerte de Goldfield contra los no humanos.

Y mi amigo había formado parte de él.

—Los de tu especie mataron a mi hermana, Jack... —gruñó el Kan Oscuro.

Los miembros del Cuerpo se congregaron a nuestro alrededor, esperando el momento oportuno y cercándonos. Los demás ogros eran presas fáciles. Pero sabían que el Kan Oscuro era especial. Y quizá no habían contado con nuestra presencia.

Brick asintió, aceptando la acusación.

—Maté a muchos ogros. Pero ahora permíteme expiar mis crímenes.

Aferró el mazo con ambas manos, con los nudillos blancos, y se encaró con los miembros del Cuerpo.

—Lucharé a tu lado, Kan Oscuro.

El caudillo ogro miró desde lo alto a aquel hombre, un pececillo a su lado. Y entonces levantó su descomunal martillo, imitando a Brick.

—Tienes alma de ogro, guerrero. Y será un honor luchar a tu lado.

Y, dicho aquello, los proyectiles volaron hacia nosotros desde todas direcciones.

Gibbs chilló, se tiró al suelo y reptó bajo un enorme fragmento de metal. Alex abrió fuego y vació los cargadores contra los soldados. Las runas de sus brazos resplandecieron con un verde intenso, y pareció esquivar cada bala que se dirigía hacia él.

Tom se convirtió en un infierno viviente, potenciado por mi chispa, y creó un muro de fuego que envolvió a escuadrones enteros de miembros del Cuerpo.

Brick y el Kan Oscuro se abalanzaron sobre el enemigo y lucharon espalda contra espalda, aplastándolos bajo sus pies o pulverizándolos con sus martillos. Dejaban a su paso una niebla roja y carne destrozada. Mientras combatían juntos, la diferencia de tamaño entre ellos carecía de importancia.

Sentía a Voidshot a mi lado, pero pesaba. Mi chispa hacía que me pareciera aún más pesada. Aquella no era mi lucha. Me mantuve al margen y observé. Mi deseo de actuar se enfrentaba a la certeza de que no podía matar. Aunque fueran mis enemigos.

Los miembros del Cuerpo dispararon redes contra el Kan Oscuro.

Apartó una de un manotazo en pleno vuelo, justo cuando otra le cubría la cabeza y se ceñía con fuerza.

Tom envolvió la red en sus llamas, quemándola en un instante sin dejar siquiera un rasguño en el Kan Oscuro.

No es que pudiéramos distinguir quemaduras con aquel color de piel.

Varios miembros del Cuerpo, armados con lo que parecían garfios de escalada modificados de forma brutal, se enfrentaron a Brick cuerpo a cuerpo. Él bloqueó los golpes de los garfios con el mango del martillo y, a continuación, trazó un amplio arco con el que lanzó a tres de ellos por los aires.

Gibbs se tapó los oídos en su escondite, y no podía decir que lo culpara. Pero yo observaba, fascinada, cómo mis amigos, cazadores de monstruos, luchaban junto a quien hasta hacía poco había sido su enemigo contra aquellos que pretendían matarnos a todos.

Mi chispa no quería que matara. Pero percibía cierto sentido en todo aquello. Brilló y creció.

Oí unos crujidos a mi espalda y me volví justo a tiempo para ver cómo un miembro del Cuerpo se abalanzaba sobre mí. Lo esquivé y liberé un destello de luz blanca.

Mi atacante retrocedió tambaleándose, pero después gruñó y cargó contra mí antes de caer al suelo con un agujero ensangrentado en la espalda.

Detrás de él, Gibbs sostenía una pistola humeante. Miró el arma con incredulidad, vomitó y después se desmayó.

Un mar de cadáveres destrozados rodeaba al Kan Oscuro y a Brick mientras atravesaban el campo de batalla, dando caza y muerte a los miembros del Cuerpo. Tom causaba sus propios estragos ígneos mientras Alex volvía junto a mí y recogía la pistola de Gibbs para sustituir la suya, ya vacía.

Entre el humo vi un destello metálico. Un miembro del Cuerpo que llevaba algo parecido a un arpón.

Y el Kan Oscuro estaba de espaldas.

Algo en mis entrañas me hizo gritar. Pero era demasiado tarde.

Brick vio al hombre del arpón y descargó el martillo contra él. Le hundió la caja torácica, pero justo después de que hubiera soltado el arpón, lanzándolo como una jabalina, que fue a clavarse en plena espalda del Kan Oscuro.

El ogro profirió un rugido que superó a todos los anteriores, ensordeciéndonos e incluso despertando al hasta entonces inconsciente Gibbs.

Brick siguió machacando contra el suelo al miembro del Cuerpo muerto hasta que no quedó de él más que una pasta carmesí.

Corrí hacia ellos, instando a mi chispa a recargarse para poder sanar al hasta entonces invulnerable Kan Oscuro.

Tom llegó al lugar al mismo tiempo que nosotros, con las llamas disipándose a su alrededor.

El Kan Oscuro cayó de rodillas, con el arpón sobresaliéndole de la espalda. Brick puso fin a su matanza desesperada y furiosa y se volvió hacia quien había sido su adversario. Las lágrimas se agolparon en sus ojos.

—Estoy muriendo, guerrero —dijo el Kan Oscuro con voz atronadora, aunque serena y suave.

Me volví hacia Tom, con los ojos húmedos al ver a semejante gigante postrado de rodillas. No era natural.

—Creía que era indestructible. ¿Cuál era su punto débil? —susurré.

Tom tenía el ceño profundamente fruncido.