CAPÍTULO 13 #2
Salvatore intercambió una mirada significativa con Lucca antes de hablar. "Entiendo tu deseo de ayudar, Isabella, pero la situación es peligrosa. No queremos arriesgarte".
Isabella sintió que su corazón latía con fuerza, no solo por la adrenalina que corría por sus venas, sino también por la frustración. "No soy una niña, Tío Sal. Esto no es solo su guerra, es nuestra guerra". Su mirada se fijó en Lucca, buscando en sus ojos un rayo de aprobación.
Lucca, aunque visiblemente angustiado, pareció contemplar su petición. "No puedo permitir que te expongas al peligro", dijo, aunque su voz era más suave, como si el conflicto interno lo desgastara. "Es mi responsabilidad protegerte".
"Y yo quiero protegerte a ti", respondió Isabella, acercándose un paso, sintiendo la electricidad entre ellos. "No puedo quedarme aquí, mientras ustedes arriesgan todo. Estoy dispuesta a enfrentar lo que venga".
Finalmente, Lucca suspiró, una mezcla de resignación y respeto en su mirada. "Está bien. Pero debes seguir mis órdenes y mantenerte cerca. No quiero que te alejes de nosotros".
Isabella sintió una chispa de triunfo, pero la emoción fue interrumpida por un estruendo sordo que resonó desde fuera de la Fortaleza. Un grito ahogado siguió al sonido, y la adrenalina instantáneamente inundó sus cuerpos. Lucca y Salvatore se giraron hacia la puerta, y su expresión se tornó grave.
"Eso no suena bien", murmuró Salvatore mientras se movían rápidamente hacia la salida. Isabella sintió que su corazón se aceleraba. La amenaza era más inminente de lo que habían anticipado.
Salieron al exterior, la brisa fría golpeando sus rostros.
Desde los muelles, gritos y disparos comenzaron a resonar, como una sinfonía de caos.
Isabella se quedó paralizada por un instante, pero el instinto de supervivencia la llevó a seguir a Lucca, que ya se había adentrado en la oscuridad de la noche.
"Vamos, Isabella", gritó Lucca, su voz firme y autoritaria, llevándola a la acción. "No podemos quedarnos aquí".
Mientras corrían hacia el sonido de la violencia, Isabella sintió una mezcla de miedo y determinación.
Sabía que esto sería solo el comienzo de algo que podría cambiarlo todo, y que debía estar lista para luchar junto a Lucca.
La noche se llenaba de promesas y peligros, y el futuro que habían soñado parecía más lejano que nunca.
Isabella sintió que el viento helado le cortaba el rostro mientras corría junto a Lucca.
La noche se había vuelto oscura y peligrosa, y cada sombra parecía ocultar un enemigo.
A medida que se acercaban a los muelles, el eco de gritos y disparos resonaba en sus oídos, una cacofonía de caos que amenazaba con desbordar su cordura.
"¡Debemos llegar a la entrada principal!", gritó Lucca, su voz cortante como el acero. Isabella asintió, su corazón latiendo con fuerza, sintiendo la adrenalina recorrer su cuerpo. Cada paso que daban era una mezcla de temor y determinación.
Al alcanzar un rincón de la Fortaleza, Lucca se detuvo, llevándola consigo.
"Escucha", dijo, su voz baja pero urgente.
"Necesitamos ser sigilosos. Si los hombres de Marco están aquí, no pueden vernos".
La intensidad de su mirada hizo que Isabella sintiera un hormigueo en el estómago, una mezcla de respeto y anhelo.
"Entiendo", respondió ella, su voz apenas un susurro. Podía sentir la tensión palpable entre ellos, una energía cargada que hacía que el aire se volviera espeso. "¿Tienes un plan?"
Lucca asintió lentamente, su expresión sombría.
"Primero, necesito que te quedes detrás de mí.
No quiero que te expongas al peligro". Sus ojos la atravesaron como si intentara grabar su imagen en su memoria, y ella sintió un escalofrío recorrer su espalda.
Era una mirada de protección, pero también de posesión.
"Prometí que estaría a tu lado", contestó Isabella, su voz firme. "No soy una carga, Lucca. Esta es mi lucha también". Había un fuego en su interior que no podía ser apagado, y la forma en que él la miraba solo avivaba las llamas.
Se adentraron en la oscuridad, cada paso calculado y silencioso. Isabella podía escuchar el murmullo de los hombres que se acercaban, susurros amenazantes que hacían que su piel se erizara. La Fortaleza, que había sido un refugio seguro, ahora se sentía como una trampa.
Lucca se detuvo de repente, levantando una mano para indicar silencio.
A través de las sombras, Isabella pudo vislumbrar figuras en la distancia, hombres armados, moviéndose con la confianza de quienes conocen el terreno.
La tensión se apoderó de su cuerpo. "Hay al menos cinco", murmuró Lucca, su rostro endurecido por la determinación.
"¿Qué hacemos?", preguntó ella, sintiendo que su corazón latía como un tambor en su pecho. La idea de enfrentarse a ellos la llenaba de miedo, pero era un miedo que estaba dispuesta a enfrentar.
"Necesitamos distraerlos", dijo Lucca, su mente trabajando a toda velocidad. "Tú te quedarás aquí y yo los rodearé. Desde detrás, puedo tomar a uno por sorpresa".
Isabella sintió un nudo en el estómago. "No puedo quedarme aquí. Si me necesitas, estaré contigo", insistió, su voz temblando ligeramente. Había algo en su pecho que le decía que debía ser parte de esto, que no podía permitirse ser solo una espectadora.
"Isabella, por favor". La súplica en su voz hizo que su corazón se detuviera por un instante. "Confía en mí. Esto es demasiado peligroso".
"Confío en ti, pero también confío en mí". La determinación en su mirada hizo que Lucca respirara hondo. Ella había demostrado su valentía una y otra vez, y en ese momento, él se dio cuenta de que no podía subestimar su fuerza.
"Está bien", dijo finalmente, su voz grave. "Si insistes en estar a mi lado, entonces debemos hacerlo juntos. Pero debemos ser rápidos y silenciosos".
Ambos se movieron hacia la esquina, donde los hombres se reunían, riendo y hablando en voz baja, despreocupados.
Isabella sintió un escalofrío recorrer su espalda al ver los rostros de esos hombres, tan distintos a los de la familia Ferraro.
La ferocidad en sus ojos era palpable, y la realidad de que podían estar en grave peligro la golpeó con fuerza.
"Ahora", susurró Lucca, y juntos se lanzaron hacia adelante, avanzando en silencio. La adrenalina corría por sus venas mientras se movían como sombras. Isabella se sintió viva, el miedo y la emoción fusionándose en una poderosa corriente.
Al llegar lo suficientemente cerca, Lucca hizo un gesto para que se detuvieran.
"Espera aquí", dijo, mientras se movía con agilidad hacia un lado, buscando la oportunidad perfecta para atacar.
Isabella contuvo la respiración, incapaz de apartar la mirada de su figura, que se movía con una confianza que la fascinaba.
Los hombres continuaban hablando, ajenos a la amenaza que se cernía sobre ellos.
Lucca se posicionó detrás de uno, su cuerpo tenso y preparado.
Isabella sintió que su corazón casi se detuvo cuando Lucca se lanzó hacia adelante, rápidamente inmovilizando al hombre por detrás, cubriendo su boca para evitar que gritara.
La tensión en el aire era palpable, y el silencio que siguió a la acción hizo que Isabella respirara con dificultad. Los otros hombres se dieron cuenta de que algo estaba mal, pero antes de que pudieran reaccionar, Lucca ya había despojado a su víctima de su arma.
"¡No se muevan!", gritó Lucca, apuntando con la pistola a los otros hombres. Isabella sintió una mezcla de asombro y miedo, el brillo del arma reflejando la luz tenue de la noche.
Uno de los hombres se rió, levantando las manos. "¿Qué crees que vas a hacer? No puedes detenernos", dijo, su voz llena de desprecio. Isabella sintió que la rabia comenzaba a burbujear dentro de ella.
"Ustedes no saben con quién se están metiendo", contestó Lucca, su voz firme. "Esto no es solo una advertencia. No dudaré en proteger lo que es mío".
En ese momento, Isabella se sintió más unida a Lucca que nunca. La forma en que luchaba por protegerla, por salvaguardar su mundo, la llenaba de un ardor que no podía ignorar. "No podemos dejarlos escapar", dijo, su voz cargada de determinación. "Necesitamos hacer esto juntos".
Lucca la miró, el destello de orgullo en sus ojos hizo que su corazón latiera más rápido. "Está bien", aceptó. "Pero mantente detrás de mí".
Con una acción rápida, ambos comenzaron a avanzar hacia los hombres, Lucca dirigiendo la situación con una autoridad que la hacía sentir segura. La tensión se intensificó mientras se acercaban, y Isabella sintió que el peligro era inminente, pero también una oportunidad para demostrar su valentía.
A medida que se acercaban, los hombres comenzaron a retroceder, y en ese momento, Isabella sintió que la esperanza renacía. Juntos, eran más fuertes, y la chispa de su conexión se encendía en medio del caos.
"¡Ríndanse y salgan de aquí!", gritó Lucca, su voz resonando con poder. Los hombres, sorprendidos por la resolución de Lucca, intercambiaron miradas de incertidumbre.
Isabella sintió que el tiempo se detenía. Sabía que este era el momento crucial. "No dejen que se vayan", dijo, su voz firme y decidida.
Los hombres vacilaron, y en ese instante, Isabella se dio cuenta de que tenían la ventaja. Lucca se movía con una precisión que la fascinaba. Ella también quería ser parte de esto, no solo una espectadora. La fuerza que sentía en su interior la impulsaba hacia adelante.
La confrontación se tornó más intensa, y en la confusión, Isabella vio una oportunidad. Con un grito de determinación, se lanzó hacia un hombre que intentaba escapar, su cuerpo en movimiento, lista para enfrentarlo.
La adrenalina la empujaba, y en ese momento de acción, sintió que todo lo que había experimentado la había llevado hasta aquí. No había vuelta atrás. Su corazón latía con fuerza, una mezcla de miedo y emoción desbordante.
Lucca la vio moverse, y un destello de sorpresa iluminó su rostro. "¡Isabella, no!", gritó, pero ella ya estaba en el aire, decidida a luchar.
El hombre se dio la vuelta, y en un instante, Isabella se encontró en una lucha cuerpo a cuerpo, sintiendo la fuerza del adversario.
Pero había un fuego en su interior que la hacía resistente.
Con un movimiento rápido, logró hacer que el hombre tropezara, y en ese momento, Lucca se unió a ella, derrotando al enemigo con una precisión mortal.
Ambos se quedaron de pie, respirando con dificultad, el peligro inmediato había pasado, pero la tensión seguía latente. Isabella miró a Lucca, y en sus ojos vio una mezcla de admiración y preocupación. "Lo hicimos", dijo, su voz temblando por la adrenalina.
"Pero no podemos bajar la guardia", respondió Lucca, su expresión grave. "Esto apenas comienza".
Isabella asintió, sintiendo que el peligro no había desaparecido, pero en ese instante, se dio cuenta de que juntos podían enfrentarlo. La conexión entre ellos se había profundizado, y ella había encontrado su lugar en esta lucha.
Mientras se preparaban para lo que vendría, Isabella sintió que su corazón latía con una nueva fuerza. No era solo una prometida; era una guerrera, lista para luchar por su amor y su futuro.
"Estamos listos", murmuró Lucca, su voz baja y cargada de significado. "Y no hay marcha atrás".
Mientras se adentraban nuevamente en la oscuridad, Isabella supo que todo lo que había experimentado los había llevado a este momento, y no había nada que pudiera detenerlos. El amor que compartían era más fuerte que cualquier amenaza, y estaban decididos a luchar por lo que creían.
La noche aún era joven, y la batalla apenas comenzaba.