Prometida al Rey de la Mafia CAPÍTULO 13
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CAPÍTULO 13

La Vigilancia

La luz del atardecer se filtraba a través de las gruesas paredes de la Fortaleza Ferraro, bañando el vestíbulo en un resplandor dorado que contrastaba con la atmósfera tensa que se respiraba en el aire.

Isabella se encontraba de pie junto a una de las ventanas, observando el horizonte mientras su corazón latía acelerado.

La seguridad que había sentido durante la celebración se había esfumado, reemplazada por un nerviosismo palpable.

La amenaza de la familia de Marco era real y cercana.

Lucca entró en la habitación con pasos firmes, su presencia imponente llenando el espacio.

Su mirada, normalmente intensa, ahora estaba marcada por una preocupación que rara vez mostraba.

Se acercó a Isabella, su mano encontró la suya, entrelazándose con una fuerza protectora.

"Estamos aumentando la vigilancia", dijo, su voz grave resonando en el silencio.

"No podemos permitir que nos sorprendan".

Isabella sintió un escalofrío recorrer su espalda. "¿Crees que se atreverán a atacar aquí?", preguntó, incapaz de ocultar la inquietud en su tono. La imagen de hombres enmascarados invadiendo la Fortaleza la aterraba.

"Lo harán si creen que tienen una oportunidad", respondió Lucca, su mirada fija en el horizonte, como si pudiera prever el futuro. "Por eso necesitamos estar preparados. He enviado a algunos hombres a patrullar los alrededores y he aumentado la seguridad en cada entrada".

La idea de que Lucca estuviera enviando a sus hombres a arriesgar sus vidas para protegerla la hacía sentir una mezcla de gratitud y culpa. "No quiero que te pongas en peligro por mí", murmuró, apretando su mano con fuerza. "No puedo soportar la idea de que algo te suceda".

Él giró su rostro hacia ella, sus ojos oscuros llenos de determinación.

"Eres mi prioridad, Isabella. No permitiré que te lastimen.

Esta es mi responsabilidad". Su tono era firme, pero la calidez de su mano sobre la de ella transmitía un mensaje diferente: había amor en su protección, una conexión que iba más allá de la obligación.

Isabella respiró hondo, sintiendo cómo su corazón se aceleraba no solo por el miedo, sino por la creciente admiración que sentía hacia él. "Quiero ayudar. No puedo quedarme de brazos cruzados mientras otros arriesgan sus vidas". La idea de ser una mera espectadora la hacía sentir impotente.

Lucca la miró, sorprendido por su audacia. "No es un juego, Isabella. Esto es peligroso". Su voz se suavizó, y por un momento, la tensión entre ellos se disipó, dejando espacio para la vulnerabilidad.

"Lo sé", respondió ella, su mirada fija en los ojos de Lucca. "Pero no soy una damisela en apuros. He enfrentado desafíos antes". La chispa de desafío en su voz resonaba en la habitación, llenándola de energía.

Él sonrió, un gesto raro y sincero que iluminó su rostro. "Eso me gusta de ti. Pero esto es diferente. Necesito que confíes en mí, que te mantengas a salvo mientras yo me encargo de esto".

A medida que hablaban, Isabella sintió que el peso de la decisión se posaba sobre sus hombros.

No podía ignorar su deseo de ser parte de la lucha, de demostrar que era más que una simple promesa de matrimonio.

"Si me mantienes al tanto, puedo ser tus ojos y oídos. No quiero ser solo una víctima, Lucca".

La expresión de Lucca se tornó seria nuevamente. "Está bien", dijo finalmente, su voz baja y tensa. "Podemos trabajar juntos, pero debes prometerme que te mantendrás alejada del peligro. No quiero que te expongas".

Isabella asintió, una mezcla de emoción y desafío surgiendo en su pecho. "Prometo ser cautelosa, pero necesito hacer esto. Juntos somos más fuertes".

En ese momento, la puerta se abrió de golpe, y Salvatore entró con una expresión grave.

"Lucca, tenemos un problema", informó, su voz cargada de urgencia.

La atmósfera en la sala cambió de inmediato; la tensión se tornó palpable.

"Han sido avistados hombres cerca de los muelles.

No parecen ser parte de nuestra familia".

El corazón de Isabella se detuvo por un instante. "¿Qué quieren?", preguntó, su voz un susurro tembloroso.

"Lo averiguaremos pronto", respondió Lucca, su mirada ahora centrada en el desafío que se avecinaba. "Prepárate. Esto apenas comienza".

Isabella sintió un escalofrío recorrer su espalda mientras se preparaba para lo inevitable.

La vigilancia se había intensificado, y el peligro estaba más cerca de lo que pensaban.

La Fortaleza, que había sido un refugio, se convertía en un campo de batalla, y ella estaba lista para enfrentar lo que viniese.

Isabella se encontraba en la sala de entrenamiento, rodeada de mapas y documentos que Lucca había esparcido sobre la mesa.

La luz tenue del atardecer se filtraba a través de las ventanas, creando sombras que danzaban a su alrededor.

Se sentía inquieta, el ambiente estaba cargado de tensión.

Sabía que las cosas estaban a punto de cambiar y el peligro era inminente.

"¿Qué planes tienes, Lucca?" preguntó, su voz firme, aunque un ligero temblor traicionaba su ansiedad. Observaba cómo él revisaba los documentos, su expresión concentrada y decidida, pero había algo en sus ojos que delataba un profundo tumulto interno.

"Debo asegurarme de que todos estén a salvo", respondió Lucca sin apartar la vista de los mapas. "La familia de Marco no se detendrá. Necesitaremos más hombres en los muelles".

Isabella se acercó, el corazón latiendo con fuerza en su pecho.

"¿Y qué hay de ti? No puedes luchar solo.

Tienes que permitir que otros te ayuden".

Su voz se tornó más intensa, como si cada palabra que pronunciaba fuera un intento de penetrar la muralla de protección que Lucca había levantado a su alrededor.

Él levantó la mirada, su rostro se endureció. "No quiero arriesgarte. Tu seguridad es mi prioridad", declaró con firmeza.

"Pero yo no soy una carga, Lucca. Soy parte de esto, parte de ti", insistió Isabella, acercándose un paso más, sintiendo la electricidad del espacio entre ellos. "He estado en situaciones difíciles antes. No me subestimes".

Un silencio pesado se instaló entre ellos. Lucca la observó, su mirada evaluativa, y ella sintió que cada segundo que pasaba era una prueba de su decisión. “No quiero que te lastimen”, dijo finalmente, su voz suavizándose. “Desearía poder protegerte de todo”.

Isabella sintió un calor en su interior. La forma en que él se preocupaba por ella la llenaba de un extraño orgullo, pero también de frustración. "¿Por qué no puedes ver que puedo ser fuerte también? Juntos, somos más invencibles".

Lucca parecía luchar con sus pensamientos, su expresión cambiando mientras la contemplaba. “¿Y si algo te sucede? No podría soportarlo”, murmuró, casi para sí mismo. Ella podía ver la tormenta en su interior, un torbellino de emociones que lo mantenía en guardia.

"Confía en mí", dijo ella, dando un paso más cerca. La cercanía hizo que la tensión entre ellos aumentara, el aire se volvía espeso con cada palabra no dicha. "Permíteme demostrarte que puedo ayudar. No seré un estorbo".

Finalmente, un destello de reconocimiento cruzó los ojos de Lucca. "Está bien", dijo, su voz firme aunque llena de reticencias. "Podemos trabajar juntos, pero debes prometerme que te mantendrás alejada del peligro. No quiero que te expongas".

"Lo prometo", respondió ella, sintiendo una chispa de triunfo al ver que había logrado penetrar su coraza. Esa pequeña victoria añadía fuerza a su determinación. Su corazón latía con fuerza, pero esta vez no era solo por el miedo. Era por la emoción de ser parte de algo más grande.

De repente, la puerta se abrió de golpe, y Salvatore entró, su rostro pálido. "Lucca, hay noticias", dijo, su voz grave y cargada de urgencia. La atmósfera cambió de inmediato; el aire se volvió helado y pesado. "Los hombres de Marco han sido avistados cerca de los muelles".

Isabella sintió como si el suelo se desvaneciera bajo sus pies. "¿Qué quieren?", preguntó, su voz apenas un susurro, el temor apoderándose de ella.

Lucca se puso de pie rápidamente, su mirada se había transformado en una mezcla de determinación y alerta. "Lo averiguaremos pronto. Prepárense para lo que se avecina", ordenó, su voz firme y resonante.

El corazón de Isabella se aceleró mientras se preparaba para lo inevitable.

Sabía que la lucha que se avecinaba no solo era por su seguridad, sino por el futuro que deseaban construir juntos.

Mientras Lucca comenzaba a dar órdenes, ella se sintió más decidida que nunca a estar a su lado, lista para enfrentar el peligro que les acechaba, sin importar las consecuencias.

Isabella se encontraba en el corazón de la Fortaleza, el sonido de sus pisadas resonando en los pasillos vacíos.

La tensión aún palpaba en el aire, una sombra que se cernía sobre ellos desde que Salvatore había traído las malas noticias.

No podía evitar que sus pensamientos volaran a los muelles, donde la amenaza de Marco se sentía más real que nunca.

Mientras caminaba, su mente se llenaba de imágenes de Lucca, de su determinación y su deseo de protegerla.

Pero ahora, más que nunca, Isabella necesitaba demostrar que no era una simple carga.

Se detuvo frente a una ventana, observando cómo las olas golpeaban los muelles, y una idea surgió en su mente: si Marco había decidido atacar, ellos debían estar preparados. No podía permanecer al margen.

Decidida, Isabella se dirigió a la sala de estrategia, donde Lucca y Salvatore discutían acaloradamente. Al entrar, la conversación se detuvo y ambos hombres la miraron con sorpresa. Lucca, con el ceño fruncido, fue el primero en romper el silencio.

"Izzy, no es seguro aquí", dijo, su voz grave y preocupada.

"¿Y eso qué tiene que ver conmigo?", replicó ella, su tono desafiante. "Puedo ser útil. Necesitamos planear, y yo quiero ser parte de esto".