Procede con cautela (Hermanos Ford nº 1) Capítulo 5
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Capítulo 5

Wade

Cuando creo que las cosas van mal, van peor

Apenas he pegado ojo, y aquí estoy, mirando fijamente este papel que se ha convertido en mi pesadilla.

Tengo que contenerme para no hacerlo pedazos.

La jerga legal parece legítima, pero ¿cómo diablos voy a saberlo yo?

El único documento legal que he visto en mi vida fue el testamento de mi padre cuando murió.

E incluso ese me lo explicó a fondo el abogado de sucesiones que se encargó de sus últimas voluntades.

No tengo abogado; mis hermanos sí, pero yo nunca he necesitado uno, ya que soy el único de los Ford que no tiene herencia.

Es una larga historia. No me gusta hablar de eso.

Si les cuento esto a mis hermanos, pensarán que soy idiota.

Jamás he tocado a una mujer sin tener una caja de condones a mano.

Ya, lo sé, los anticonceptivos no son cien por cien efectivos, pero joder, soy cuidadoso.

Y es imposible que haya dejado embarazada a esta tía.

Me acuerdo de todas las chicas con las que me he acostado.

Os garantizo que el nombre Priscilla no está en mi lista.

Ni siquiera entiendo qué pretende sacarme con este documento. Buena suerte, porque no tengo nada.

Busco rápidamente en Google abogados en la zona de Carolina del Norte y me doy cuenta de que estoy soñando. Ningún abogado decente va a dar asesoramiento legal gratis. No puedo pedir ayuda a mis amigos; se reirían de mí aún más que mis hermanos. Solo hay una persona que puede ayudarme sin juzgarme.

Suena el teléfono en Mingles, el bar donde canto en Carolina del Norte, y cruzo los dedos para que Blake, el camarero, esté allí. Contesta al tercer tono, algo jadeante.

—Hola, Blake. Soy Wade. ¿Te pillo en mal momento?

—No, estaba barriendo en la trastienda. He tenido que correr a coger el teléfono —responde animado—. ¿Qué puedo hacer por ti?

—Oye, ¿puedo preguntarte algo? Y necesito que quede entre nosotros.

—Claro. ¿Qué pasa?

—Anoche estaba tocando en ese antro de Carolina del Sur.

—Ah, mierda. ¿Ese sitio? ¿Qué haces yendo allí?

Suspiro.

—Solo... déjame terminar.

—Vale —dice con calma.

—Bueno, se me acerca una tía embarazada, me dice que soy el padre de su hijo, me planta un documento legal en la mano y se larga —hago una pausa—. No sé qué hacer.

Luego le explico que no la había visto en mi vida y que no conozco a ninguna Priscilla.

—¿Qué dice el documento? ¿Te está demandando? Joder, el crío ni siquiera ha nacido. Ni siquiera te ha dado opción a pagar la pensión.

Joder... ¿pensión alimenticia?

—Tío, me estás asustando, Blake —digo sin rodeos.

—Bueno, Wade, no es ningún secreto que tu familia es rica. Cualquiera que busque el apellido Ford en la zona de Carolina del Norte verá quién eres. Me sorprende que esto no haya pasado antes, la verdad.

—¡Pero si no tengo un duro! —me golpeo el muslo con el puño.

—Ya, pero ella no lo sabe.

Suspiro.

—¿Qué coño hago?

—¿Tienes abogado?

—No —me quejo.

—Y supongo que no puedes permitirte uno y no quieres decírselo a tus hermanos, por eso me lo preguntas a mí.

—Sip —remarco la «p» con un chasquido, dejando clara mi actitud de «estoy jodidísimo».

—¿Has oído hablar alguna vez del «pro bono»?

—¿Qué coño es eso?

—Es cuando un abogado lleva casos gratis.

—¿Y por qué iban a hacer eso?

—Algunos lo hacen por caridad, y para otros es como voluntariado para ganar experiencia. Los hay.

—¿En serio? ¿Y son de fiar?

—Claro. Búscalo. De momento solo necesitas uno para que te asesore.

A lo mejor el documento es falso. ¿Estaba en papel con membrete, con logo y todo?

Ojo, que alguien espabilado puede copiar eso de internet y pegarlo.

Te sorprendería la cantidad de documentos que puede fabricar la gente.

Hay auténticos sinvergüenzas por ahí, Wade.

—Joder, Blake. ¿Cómo sabes todas estas cosas?

Blake se ríe.

—Cuando llevas trabajando en un bar tanto tiempo como yo, aprendes cosas.

—Lo que no entiendo es cómo consiguió mis datos de contacto. Dijo que no podía localizarme, que por eso vino al bar cuando se enteró de que estaba en la ciudad.

—Ah —gruñe Blake—. Eso fue puro teatro. Si fuera en serio, te habría mandado a un tío con un portapapeles a notificarte. Habrías tenido que firmar el sobre y todo.

—Entonces, ¿crees que es falso?

—Probablemente. Pero aun así yo pediría una opinión profesional. Aunque solo sea para cubrirte las espaldas. Adelántate a gente así. Os van a salir muchos buitres, especialmente a vosotros.

—Gracias, Blake. Oye, recuerda que esto queda entre nosotros, ¿eh?

—Me lo llevaré a la tumba, hijo.

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