Capítulo 34
Julia
Mary empieza en cuanto se cierra la puerta principal.
—¡Joder! ¡Está buenísimo, tía! ¡Qué rabia me da! ¡Es incluso más guapo que John! ¡Me he puesto cachonda solo con darle la mano! —exclama mientras pulsa el mando del coche para que podamos entrar—. ¿Y no te has acostado con él? ¿Estás loca?
—No, no estoy loca —me río, encantada de que piense que es más atractivo que John.
Eso era lo único bueno de John: era guapísimo, pero lo que tenía de guapo lo compensaba con su personalidad de mierda.
Colton lo tiene todo. Es guapo, inteligente, cariñoso y fuerte tanto emocional como físicamente—.
A diferencia de ti, yo no me acuesto con un tío diez minutos después de conocerlo.
—Eso lo hice una vez —protesta Mary—. Y ahora vivo con él, ¿no? No fue un rollo de una noche.
—Vale, pero aun así —digo mientras entramos en el coche y ella mete la llave en el contacto.
—Bueno, ¿adónde vamos, bichito? —pregunta Mary mientras sale marcha atrás del camino de entrada.
—Gira a la derecha al salir y a la izquierda al final de la calle.
Hace lo que le indico.
—Así que tú y Colton estáis muy unidos, ¿eh? ¿Y has visto a tu padre? Le caes bien.
—Desde luego —asiento—. Mi padre nunca hace preguntas si no le caes bien.
—Cierto —llegamos al final de la calle y Mary gira a la izquierda, sigue recto—. Y es tan tierno contigo.
—Lo es.
—¿Has sabido algo más del imbécil? —pregunta Mary, como si el apodo no necesitara explicación.
—No. Creo que mi padre le dijo algo para asustarlo. Seguramente le amenazó con contárselo a su padre si no se largaba a casa. Es un gusano. Un pelota con mi padre y con el suyo.
—Entonces, ¿crees que esto va a alguna parte? ¿Ha hecho algo oficial? Tu padre lo presentó como tu novio...
—Bueno, no, nada es oficial. Aunque no estoy segura de que tenga que serlo, o sea, eso es muy anticuado. Simplemente nos encanta estar juntos. Eso es lo que importa, ¿no?
Mary me mira y sonríe.
—Mírate. Mi niña se está haciendo mayor.
Lo cual es ridículo, porque tenemos la misma edad.
Le doy un codazo.
—Cállate. Gira aquí.
Hay un pequeño centro comercial más adelante, con un puñado de tiendas y un supermercado abierto las veinticuatro horas.
—Entonces, ¿vas a vivir aquí? ¿En serio? —pregunta Mary.
—¿Por qué no? —me encojo de hombros—. Liz está aquí, mi padre está pensando en quedarse, pero seamos realistas, él puede ir y venir a cualquier parte con su trabajo. Lo único que me retiene en Florida sois tú y las chicas del trabajo.
Mary levanta una ceja.
—Y a mí no me importa venir de visita. Oye, si tu padre me va a alojar en un hotel de cinco estrellas, ¿por qué no? —se ríe.
Mary tuvo mucho que ver con que consiguiera el trabajo en Florida.
Desde entonces, mi padre la adora y haría cualquier cosa por ella.
Si no fuera por Mary, no creo que hubiera tenido las agallas de hacer algunas de las cosas que he hecho, aunque parecieran mal en su momento.
Puede que sea una mala influencia, pero es buena gente y la quiero por ello.
—Mi padre pondría a un equipo de asistentes a tu disposición si hiciera falta. Te adora.
Me da una palmadita en la pierna mientras aparcamos.
—Lo adoro. Es un tío genial... y muy majo —hace una pausa—. ¿Aquí está bien? ¿Adónde vamos?
—Justo allí —señalo con la barbilla hacia un pequeño grupo de tiendas en la esquina de la plaza. Salimos del coche y echamos a andar por la acera hacia las tiendas.
—Liz tiene buen aspecto. Nunca dirías que su marido la dejó.
—Es una superviviente. No ha derramado una lágrima que yo sepa. Lo que me preocupa es la rabia. Parece que está tranquila y de repente empieza a soltar tacos.
—Estará bien. Es su forma de afrontarlo. La admiro. Si Chris me dejara, estaría hecha polvo durante meses.
—Anda ya —le digo—. Estarías de bares esa misma noche. Tú también eres una superviviente.
Mary se encoge de hombros.
—Puede. Pero lo quiero. De verdad. Creo que me quedaría destrozada si me dejara.
Nos acercamos a un Safeway y Mary me abre la puerta.
—Gracias. Oye, ¿te quedas para el evento benéfico de Colton el sábado que viene?
—No sé. Puede que tenga que volver antes. Además, acabo de llegar de Barbados. A menos que Chris se encargue, tengo cosas que resolver antes de volver a la uni —mira alrededor mientras me sigue—. ¿Qué pasa, se te han acabado los tampones o qué?
—No —me río mientras vamos por el pasillo de las compresas.
—Entonces, ¿cuál es el plan, bonica? ¿Vas a dejar a Colton con las ganas como hiciste con el imbécil, o vas a darle lo que quiere y mandarlo al cielo de Julia?
Nos detenemos y le lanzo una mirada cómplice.
Sonríe y levanta una ceja.
—Ah,