Capítulo 14
Julia
No quiero que Colton piense mal de mí si le cuento lo de mi compromiso, o más bien, mi compromiso roto, con John.
Lo último que necesita saber es todo el drama.
Colton parece de esos hombres que huyen del drama y disfrutan de las cosas sencillas de la vida.
No una mujer necesitada y problemática que no es capaz ni de salir de un apuro.
Liz está viendo la televisión cuando llego. Vuelve la cabeza desde el sofá.
—Hola, desaparecida. ¿Qué tal? Pensé que a lo mejor habías vuelto a Florida.
Se ríe con ganas. Hay un cuenco de palomitas a medias en la mesa de centro y una botella de cerveza vacía. Es su único día libre en toda la semana, y lo disfruta.
—Estaba en casa de Colton. Me llevó a recoger el coche y me quedé mientras daba una clase de equitación. Pensé que necesitabais intimidad para arreglar las cosas. ¿Qué tal con Nate?
Se aparta un mechón de la frente de un soplido.
—Estaba enfadado conmigo por no decirle la verdad.
Sabe que su padre se ha ido y que probablemente no va a volver.
Lloró. Yo lloré. Los dos hechos un mar de lágrimas.
Está sobre todo molesto porque Grant no le dijo nada: ni adónde iba ni por qué.
Lo peor es que no se ha molestado en llamar, y Nate intentó llamarlo, pero saltó el buzón de voz.
Eso fue hace horas. Le dije que no se hiciera muchas ilusiones de que le devolviera la llamada.
Me dejo caer en el sofá y cojo el cuenco de palomitas, buscando las que están bien cubiertas de mantequilla. No queda ninguna, así que dejo el cuenco en la mesa.
—No te vas a creer la noche que he tenido.
Liz arquea una ceja.
—¿Qué hicisteis Colton y tú?
Hago un gesto con la mano.
—Nada de eso. Me refiero a que me llegaron dos mensajes. Por eso volví corriendo.
Se incorpora en el sofá.
—No pensé que fueras a hacer nada con él. Lo último que necesitáis ninguno de los dos es otra maldita relación.
Ahí está otra vez ese comentario velado sobre Colton y sus problemas sentimentales del pasado. Lo dejo pasar; hay cosas más importantes de las que hablar.
—John sabe que no estoy con Mary.
Abre los ojos de par en par.
—Oh, mierda.
—Sí, su viaje se pospuso, y él estaba allí cuando ella se fue al aeropuerto esta mañana. Chris me dijo que había ido a buscarme la mañana después de que me fuera. Pero eso no es lo que da miedo.
—¿Qué?
—John también me dejó un mensaje.
—¿Qué decía?
—Fue espeluznante. Era como si todavía estuviéramos juntos y yo simplemente hubiera salido un rato. Todo «Te echo de menos, cariño. Te veo luego».
—¿¿¿Te veo luego??? ¿Qué significa eso? ¿Viene hacia aquí o es que ha perdido la cabeza? ¡Dios, igual el psicópata está de camino ahora mismo!
—Creo que la ha perdido, Liz.
Me froto los brazos; de repente tengo un escalofrío.
—¿Qué hago?
—No lo habrás llamado, ¿verdad?
—¡Dios, no!
—No pensé que fueras tan estúpida como para hacer eso. ¿Crees que vendrá aquí? Sabe dónde vivo, ¿no?
—Pues claro que sí.
Me muerdo el labio y hago una pausa.
—Tengo miedo.
—Quizá estabas mejor en casa de Colton.
Suspiro.
—No sé si es buena idea.
—Piénsalo, Julia. Si estás aquí y él aparece, va a haber problemas. Al menos si no estás, se quedará desconcertado y quizá se largue… para siempre.
Esboza una sonrisa tensa.
—Dios, tenemos a uno que sale volando sin avisar y a otro del que no hay manera de librarse. No hay término medio, Jules.
—Jekyll y Hyde —añado—. Pero ¿y si aparece? ¿Qué harás tú?
—Pues decirle que no estás y reírme en su cara por haber hecho el viaje para nada.
—El hombre es un psicópata, Liz. No lo provoques.
Liz pone los ojos en blanco.
—Ya, claro que lo sé. Solo estoy bromeando. Le diré que no estás aquí.
Hace una pausa.
—Pero si te llamó esta mañana, podría estar ya aquí. Yo me largaría ahora mismo si fuera tú. Vuelve a casa de Colton. Seguro que no le importa.
Suelto un suspiro y me hundo más en el sofá.
—De verdad que no quiero que nadie más se entere de esto. Especialmente Colton.
Vuelve a arquear la ceja.
—¿Por qué especialmente Colton?
—Porque no es el típico tío chulo y machote. Es dulce, paciente, amable e inteligente. No le va a hacer gracia esta mierda.
Me muerdo el labio otra vez.
—Además, me fui medio en pánico. No es tonto. Sabe que pasa algo. No puedo presentarme en su puerta así como así y decir «oye, he pensado que podíamos terminar lo que empezamos, tranquilo, es que soy bipolar, por eso me dio el ataque antes». Eso no va a colar.
—Creo que le estás dando demasiadas vueltas, Julia —dice Liz—. Dile que necesitas un sitio donde quedarte esta noche porque Nate y yo seguimos con lo nuestro.
—¿O sea que mentir?
Suspira y niega con la cabeza.
—A veces hay que hacer lo que hay que hacer.
Llaman a la puerta.
—Mierda. Ve a esconderte en la habitación.
—¿Para qué? Mi coche está en la entrada.
Liz se levanta y se asoma a la ventana de delante.
—Hay una limusina en la calle.
—¡¿Qué?! —La sigo hasta la puerta. John es un tipo rico, pero ¿por qué vendría en limusina a casa de mi hermana? A menos que de verdad haya perdido la cabeza.
Liz abre la puerta y las dos nos quedamos boquiabiertas.