Procede con cautela (Hermanos Ford nº 1) Capítulo 11
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Capítulo 11

Mary

Teníamos que haber ido a Barbados hace tres semanas; mi madre, mi tía Agnes y yo, justo después de nuestra escapada en «Procede con cautela», pero por desgracia, Florence, la otra hermana de mi madre, falleció de repente.

Yo no tenía mucha relación con Florence, pero mi madre sí, así que tuvimos que posponer el viaje unas semanas mientras ella se ocupaba de los trámites.

Bendito sea el seguro de cancelación. La mañana de la salida, mamá y Agnes habían quedado en encontrarse conmigo en el aeropuerto.

Barbados no era mi primera opción, pero me callé porque mi madre pagaba el viaje.

Si hubiera sido por mí, habríamos ido a Barbados en invierno.

En Florida ya hacía bastante calor en verano, pero mi madre consiguió un paquete de viaje superbarato en uno de esos sitios web de «no-quería-este-viaje-de-mierda-para-tres-en-pleno-verano-cuando-ya-hace-más-calor-que-el-infierno», así que decidí que no tenía nada que perder.

Prácticamente me suplicó que fuera, porque Agnes era tan divertida como ver una lavadora centrifugando.

De hecho, entre las dos, yo votaría por la lavadora.

Solo quedaban tres semanas para que empezaran las clases, lo que me dejaba dos semanas para quitarme de encima la ansiedad que me quedaba del curso anterior.

Chris, mi novio, me está volviendo loca con tareas como la jardinería, organizar armarios y limpiar la casa, así que prefiero freírme el culo en Barbados con mi madre y mi tía «oh-vaya-¿eso-era-un-tábano-o-una-mosca? -vamos-a-averiguarlo».

—Madre mía, ¿no te llevas tus diez toneladas de maquillaje?

Chris está encantado de ayudarme a hacer la maleta y llevarme al aeropuerto.

De todos modos, va camino de otro viaje de pesca, y le pilla de paso.

Lo bueno de ir a un lugar más caluroso desde un lugar caluroso es que puedes llevar poco equipaje.

Mi maleta ni siquiera pesa lo suficiente para impedir que la puerta se cierre cuando intentamos usarla de tope para que Chris pueda descargar las cosas que compró en la ferretería.

—Cariño, a las diez de la mañana ya estaré derretida, ¿para qué voy a molestarme con el maquillaje?

Chris resopla.

—Vaya, eso sí que es nuevo.

—Así que ni se te ocurra tocar mi rímel mientras no esté.

Me besa la frente y se ríe.

—Voy a echar de menos esa bocaza tuya.

—Y yo voy a echar de menos... partes de ti.

Chris es un gigantón bonachón. Alto, pero regordete, adorable, y con un sentido del humor capaz de romper el hielo en cualquier situación. Incluso hizo reír a mi madre el día que murió mi tía. Eso tiene mérito.

Deja pasar el comentario.

—¿Has cogido el pasaporte y los papeles del seguro médico?

—Sí.

Repasamos una lista de cosas antes de ir al coche. Hay un BMW blanco aparcado al otro lado de la calle, una casa más abajo. Le echo un vistazo y el coche da la vuelta, pasando junto a nosotros. El conductor no levanta la vista. De pronto lo reconozco y me quedo helada.

—¡Mierda, es John!

—¿Qué demonios hace aquí? Ah... mierda... Espera, se me olvidó decirte que vino el día que fuiste al tanatorio con tu madre.

—¿¡Qué!?

—Mierda, lo siento, cariño. Con todo el lío se me olvidó por completo decírtelo.

Me muerdo el labio para contener una sarta de improperios.

—¿Qué dijo?

—Estaba buscando a Julia, claro, y a ti.

—¿Qué le dijiste?

—Le dije la verdad: que había habido una muerte en tu familia y que estabas ocupándote de eso.

Lo miro fijamente, intentando no fulminarlo con la mirada.

—¿Qué le dijiste de Julia?

—Le dije que no sabía dónde estaba Julia. ¿No era eso lo que tenía que decir?

—No exactamente.

Soy fría y cortante, y no puedo evitarlo. Lo único que le pedí antes de irme ese día, y no fue capaz de hacerlo bien.

—Te dije que si alguna vez llamaba o aparecía por aquí, le dijeras que Julia y yo estábamos en Barbados. No que yo estaba en Barbados, ni que el viaje se había aplazado. ¡Joder, Chris! ¡Ahora anda al acecho y es todo culpa tuya!

—¿Y por qué querías que mintiera? ¿No tiene derecho a saber dónde está su novia?

—Es su prometida —le corrijo—. ¿Y no te acuerdas de lo que te conté de este imbécil?

Hace una pausa.

—Solo lo he visto un par de veces, Mary. Me acuerdo de que Julia vino y habló de él, pero vosotras siempre estáis hablando en clave, no me entero de la mitad.

—El tipo es un acosador posesivo y territorial. Huyó a Carolina del Norte, a casa de su hermana, para alejarse de él. Si vino a buscarla entonces, seguro que ahora está perdiendo la cabeza, y fijo que ha hablado con su padre.

Me imagino cuál será el siguiente paso.

—Seguramente va directo a Carolina del Norte.

Saco el móvil del bolso.

—Vámonos al aeropuerto. Tengo que avisar a Julia. La llamo por el camino.