Capítulo 8
En los días siguientes, me di cuenta de que mi acción agresiva acabó convirtiéndose en algo casi incontrolable. Había sido una acción meditada, controlada y anticipada, pero dependía de hombres que no estaban exentos de cometer errores.
La verdad era que Adrián se había librado de aquella por un auténtico milagro. Intervención divina o no, aquel zombi venía a por mí con toda su furia. Mientras yo pensaba en cada movimiento, él actuaba como una bestia.
—¡Ya dije que deberíamos haber volado por los aires su casa! —rugió Sandro dando un puñetazo sobre la mesa cuando nos enteramos de que una de nuestras plantaciones de marihuana había sido reducida a cenizas.
—¡Contrólate! —le lancé una mirada firme e imponente a mi hermano.
—Pero...
—Yo me encargaré de esto.
—¿Cuándo?
—A veces, los giros inesperados requieren tiempo.
—Para entonces, Agda podría volver a ser secuestrada, y Alma, mis hijos… Has matado a la mujer de ese tipo y él está en silla de ruedas.
—Por eso debemos velar por la seguridad de nuestra familia.
—¡Paola está en España!
—A salvo.
—¿Crees que ese gilipollas de Ramón podrá protegerla él solo?
—Claro que no.
—Entonces, ¿por qué estás tan tranquilo?
—España es territorio de la familia Sánchez, nadie entra allí sin que Liziane y sus hombres lo sepan. Por suerte, somos buenos aliados.
—Estás confiando la seguridad de nuestra hermana a una desconocida.
—Sin aliados no somos nada, Sandro.
—¡Que así sea!
Su rebeldía e imprudencia a veces me daban dolor de cabeza.
—Ocúpate de tu trabajo y déjame estos asuntos a mí.
—¿Cómo crees que puedo estar tranquilo cuando mi familia está en peligro?
—¿Te he dado alguna vez motivos para dudar de mí? —Le lancé una mirada firme a mi hermano y su silencio ya fue suficiente. —Solo mantén la cabeza fría y no hagas nada que pueda perjudicarnos.
—¡Vale! —resopló—. Hay que acabar ya con ese maldito.
—Paciencia, Sandro… Paciencia.
En los últimos días había empezado a pensar que continuar con aquel derramamiento de sangre ya no era la mejor alternativa.
Había tomado una decisión muy arriesgada, a pesar de haber estudiado el mejor momento para actuar.
Ante los últimos acontecimientos, tenía que reconocer que era el momento de dar marcha atrás.
Una oferta de paz podría ser tan beneficiosa como el exterminio de una familia. Pensé en la boda de mi hermana con Ramón y en el hecho de que nuestras familias hubieran dejado de intentar matarse entre sí.
Si no había conseguido acabar con Adrián, quizá debería cambiar de estrategia…