Confusión
«¿Cómo puede?».
Esa es la única pregunta que llena mi corazón cada vez que mis ojos, aunque luche contra ello, se enfocan en Jesse, en quién era mi Jesse dos años atrás, a pesar de que ya no quede rastro del chico inseguro y dulce que gemía mi nombre en mis brazos.
El cabello largo resalta su cuello esbelto y blanquecino, el flequillo les da el marco perfecto a sus pómulos altos, el delineador oscuro profundiza sus ojos negros y los hace aún más bellos y cargados de miles de misterios.
Misterios que ya no son míos, a los que ya no puedo acceder, porque simplemente, en un acto de cobardía e imbecilidad, en la acción más terrible que cometí, le devolví la llave de acceso, la llave que él me entregó confiado y con todo el amor, la llave que abría su mundo para mí, en donde podía ingresar a la luz de su ser y a la pasión que irradiaba de su cuerpo.
«Persigues un fantasma, ese hombre ya no existe».
El muchacho dulce con su pureza diáfana fue asesinado por mí aquella tarde de otoño. Yo lo maté y es lo que me provoca náuseas, un asco que apenas contengo.
¿Cómo pude abandonarlo? ¿Cómo pude destruirlo? ¿Cuánto tuvo que sufrir para hacer emerger a este Jesse Callum? ¿Al CEO de la familia más poderosa de Gran Bretaña?
Ni siquiera me dirige una mirada, una simple sonrisa de esos labios que lucen más tentadores a cada segundo. Ríe, conversa, abraza, besa y todo aquello lo hace lejos de mí, lejos de mi calor, de la seguridad que siempre intenté proporcionarle.
—¿Estás bien? —Sander tiene el ceño fruncido y lo entiendo, claro que lo hago.
Estuve viviendo una mentira tan perfecta y creíble hasta este momento, hasta el segundo en que me encontré de nuevo con él, mejor dicho, con lo que queda de mi antiguo amante, pero esta versión es, carajo, no sé cómo describir esta versión.
Esta faceta de él me enciende y me atrapa de una manera que jamás creí posible.
Sí, amaba al antiguo Jesse, pero este hombre enciende tantas emociones en mí, como si esa pequeña roca se hubiera convertido en un diamante reluciente, uno que ansío tener, pero está claro que ya no le importo y carezco de una oportunidad.
Jesse se acerca y le habla al oído a Olivier, este ríe. Jesse le da una mirada entre la seducción y la picardía ¿por qué no soy yo? ¿Por qué ese imbécil está a su lado cuando debería ser yo quien le susurre cosas al oído?
—London—la voz de Sander vuelve a sonar en mis oídos—, me estás asustando ¿Qué te pasa?
Mi corazón golpea en mi pecho. Es un potro indomable que busca libertad, la que solo tuve cuando Jesse Callum estuvo a mi lado.
—Ven conmigo. —Tomo del brazo al hombre que solo traje para hacer el ridículo, al hombre que creí podía reemplazar a mi único amor. Sander es solo una víctima de las circunstancias, alguien a quien estoy a punto de lastimar y no lo merece, pero ya no puedo más.
La nieve ataca con más fuerza a medida que la noche avanza hacia la hora cero. Estoy a punto de comenzar un nuevo año y entiendo que toda mi vida es una mentira.
Salimos del jardín de invierno y caminamos por el pasillo por el cual llegamos y nos guiaron los mayordomos.
Hay una pareja abrazándose, luego me percato de que se trata de Ian Callum y su noviecito.
El muchacho me recuerda a la antigua versión de Jesse.
Tiene esa mirada cargada de luz incluso cuando esos ojos también cuentan una historia de dolor inconmensurable.
«Tú también tienes tu historia de dolor».
La tengo, y creo que nunca voy a superarla por completo.
Ser secuestrado por el hermano de Jesse fue, sin duda, el momento más aberrante de mi vida, aun así, si regresara en el tiempo, me doy cuenta de que no es el episodio más triste que mi corazón ha resistido.
La tortura dolió, pero la traición que yo perpetré contra Jesse es algo mucho peor, porque no tengo las armas para reparar el daño que hice.
Llevo a Sander de la mano, su ceño fruncido sin entender qué está pasando.
—¡London, para! —Sander se detiene abruptamente y yo hago lo mismo. Mi boca está seca. La adrenalina apenas me deja espacio para pensar—¿Qué mierda te pasa? ¡Estás loco!
Contemplo sus ojos, su confusión y trago saliva.
—Sigo enamorado de él. —Me sincero porque estoy harto de callar esto que llevo en el pecho, esta locura que me atormenta desde el momento en que puse un pie en esta casa, en este lugar al cual consideré un mausoleo hasta que su calor me invadió.
—¿Eh? —Sander no lo entiende ¿Cómo lo haría? Si jamás le conté, jamás lo hice verdadero partícipe de mi vida—¿De qué hablas? ¿A quién amas?
—Jesse Callum. —Cierro los ojos y digo con firmeza—. Fue mi novio antes que tú. Lo dejé hace dos años atrás cuando decidió hacerse cargo de los negocios de su familia.
Sander da un paso atrás acaba de recibir un golpe mortal, niega una y otra vez.
—Es una broma, ¿verdad? — Su voz se entrecorta—. Dime que no me trajiste a la casa de tu exnovio como un imbécil ¡Dime que no me trajiste solo para darle celos!
—No—niego, aunque la verdad desconozco el motivo real por el que lo invité—. Sander, de verdad lo lamento. Debí ser honesto contigo con toda la verdad.
—¿Lo lamentas? —Su voz chillona inunda el pasillo. Ian y Orel, a varios metros de nosotros, se voltean a vernos—. Eres un puto narcisista manipulador ¿Cómo carajo me haces algo así? ¡Por qué!
Sander comienza a llorar con desconsuelo. Se cubre el rostro y yo me odio a mí mismo por ser un maldito egoísta, por caer en mis inseguridades, por querer seguir adelante cuando no estaba listo.
—No quise lastimarte.
Sander se limpia las lágrimas y se ríe con histeria.
—Pues no se nota—replica con la ira burbujeando en cada letra—.
Ese hijo de puta me va a escuchar. Ustedes de mí no van a burlarse.
Sander pasa a mi lado, intento agarrarlo, pero se logra zafarse.
—¡No me toques bastardo! —grita para que lo oigan, para que nadie en esta fiesta sea ajeno a este conflicto.
Los zapatos brillantes de Sander resuenan en el mármol impoluto. Voy detrás de él, con el rostro ardiendo de vergüenza.
«Es tu culpa».
Lo sé y me merezco esto.
Sander ingresa al jardín una vez más. La velada sigue su curso, la gente conversa y ríe. Los ojos de Sander escrutan la sala como un halcón hasta dar con el hombre que me ha vuelto loco, con el hombre que me ha dejado atrás, pero yo no puedo apartarme de él.
—No te atrevas—digo entre dientes y Sanders se ríe con malicia.
—¿Qué? ¿Piensas que voy a dejarme humillar por esa puta sofisticada? ¡Mírame!
—Sander—lo sostengo del brazo con fuerza—, déjalo en paz. Jesse no tiene nada que ver con mis sentimientos, es ajeno a todo esto.
—¿Me estás diciendo que no te acuestas con él? ¿Que has vivido un puto amor platónico estos dos años? ¿Piensas que soy idiota, imbécil?
La gente voltea hacia nosotros. Los susurros comienzan y la tensión que se había disipado regresa. Sander es una furia de la naturaleza, su respiración es tan fuerte que parece al borde de la hiperventilación.
No puedo detenerlo, me muevo con velocidad detrás de él, pero sus ojos están fijos en Jesse, quien conversa con una mujer mayor. Olivier se enfoca en Sander quien da pasos hacia las mesas, agarra una copa de champán y se la arroja encima a Jesse.
—¡Zorra roba hombres!
El líquido recorre el rostro de Jesse y éste se pone de pie. La mujer da un grito de horror y de pronto, la música se detiene. Somos los protagonistas de la fiesta. Un triángulo amoroso con todos los condimentos de una telenovela. Carajo, esto afectará la imagen por la que Jesse tanto ha trabajado.
—¿Crees que solo con dinero conquistas? Soy mil veces mejor que tú en la cama ¿Sabes cómo gime mi nombre cuando estoy encima de él?
Olivier, como el hombre ideal que es, ayuda a Jesse a limpiar su rostro y da la señal para que seguridad intervenga. Jesse los detiene con una serenidad inquebrantable.
—Sander—su voz es pausada medida—, no tengo la menor idea de lo que estás diciendo y estimo que tú tampoco, sin duda, debes estar borracho, así que, vete ahora mismo de mi casa.
Sander ríe socarrón.
—Impoluto e imperturbable, ¿quién mierda eres? ¡Una piedra tiene más sentimientos que tú!
Jesse solo se enfoca en él, ni siquiera me dirige una mínima mirada.
—Los sentimientos los dejo y los revelo con las personas que me aman y respetan, con las personas que valen la pena, tú no eres una de ellas y, antes de que pierda la paciencia y puedas ser testigo de que no soy de piedra, vas a dar la vuelta, saldrás de mi hogar y nunca más volverás a poner un pie aquí, de lo contrario, me vas a conocer.
Sander se estremece, creo que yo también lo hago. Traga saliva y me contempla con los ojos llenos de lágrimas, luego, vuelve a enfocarse en Jesse. La camisa y la chaqueta de éste está mojada con champán.
—¿Sabes qué? ¡Quédate con esta mierda! Al fin y al cabo, siempre será solo un profesor universitario mediocre.
Jesse parpadea.
—Buenas noches, Sander.
Es un ultimátum, el momento de gloria de mi exnovio ha pasado.
Sander que por fin se percata de todo el escándalo a su alrededor, tiene al menos la decencia de sonrojarse.
—Eres solo una puta con dinero, nunca serás más que eso. —Escupe al final, se da media vuelta y camina hacia la puerta.
Olivier ,de inmediato, le susurra algo al oído a Jesse quien asiente. Todo ha quedado en un silencio sepulcral. Jesse se arregla su cabello mojado. Luce incluso más sexi.
—Por favor—dice en tono calmo—. La velada continúa. Tranquilos, sigan disfrutando.
Jesse sale del lugar. Olivier lo lleva a su lado y lo sostiene como algo precioso. Me rompe el corazón, la ira golpea contra mi pecho.
—¡Jesse! —exclamo intento ir tras él, pero Olivier me detiene.
—Creo que ya hiciste suficiente por esta noche—dice entredientes—. Vuelve a tu lugar o lárgate de aquí.
Jesse sale del jardín y quiero seguirlo, hablar con él, sin intermediarios, sin este monigote cuyas atenciones y amabilidad es algo con lo que no puedo competir.
—Necesito hablar con él.
—No, lo que necesitas es dejarlo en paz.
Y antes de que pueda responder, el hombre desaparece. Doy un suspiro, mis manos hormiguean de impotencia. Los susurros a mi alrededor se calman y la música regresa. Todo el mundo vuelve a la alegría de esta noche, excepto yo.