Princesa Pecadora (El imperio Knight's Ridge nº 17) Capítulo 13
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Capítulo 13

Capítulo Trece

ALEX

Mis ojos siguen a Evie mientras se desliza de lado hacia la cabina, cada centímetro de mi cuerpo anhelándola.

El silencio baila a mi alrededor, pero ellos me observan. Su atención me provoca un cosquilleo en la piel, y sé que, cuando me dé la vuelta, los encontraré sonriéndome con aire de suficiencia, como unos gilipollas engreídos.

—Tienes el peor puto momento. ¿No es suficiente con que me haya visto obligado a soportar verlos follar en todas las superficies disponibles durante meses? Ahora que he encontrado a una chica, me joden la fiesta.

—Nunca dijimos que tuvieras que parar —dice Emmie.

—Joder. —Me paso los dedos por el cabello y les doy la espalda para recoger la ropa que Evie ha tirado.

—¿Así que supongo que piensan quedarse por aquí un rato? —pregunto, asumiendo que ahora se espera que haga de anfitrión, ya que me he quedado con la cabaña de Nico y Calli en el bosque mientras continúa la búsqueda de los traficantes en la ciudad.

—Un poco. Mañana tenemos que ir al colegio y estamos jodidamente desorientados por el jet lag, así que no podemos quedarnos de fiesta hasta tarde —dice Theo.

—No habrá fiesta —murmuro.

—Es broma. ¿Quieren algo de beber? —pregunta, pero se marcha antes de que ninguno de los dos tenga oportunidad de responder.

—Bueno —empieza Emmie—, estás sonriendo otra vez.

—¿En serio? —pregunto, colocando la ropa doblada de Evie sobre la mesa.

—Estábamos preocupados por ti la semana pasada.

La miro con enfado mientras me tumbo en una de las tumbonas y estiro las piernas.

Sinceramente, me siento como una persona completamente diferente a la que se llevaron a Las Vegas con ellos.

Qué desperdicio de un lugar tan increíble mientras yo me ahogaba en la miseria y echaba de menos a mi pecadora.

Todo por mi culpa, claro. Y no lo digo solo porque pasara casi una hora comiéndosela antes de correrme sobre su piel perfecta.

Mis labios esbozan una sonrisa solo de pensar en ella. Sin darme cuenta, levanto la mano y me paso el dedo por el labio inferior, recordando lo increíble que sabía, escuchando sus gemidos y sus gritos pidiendo más.

—Estás tan enamorado de ella —dice Emmie alegremente, recordándome que sigue ahí.

Dejo caer la mano sobre mi regazo y me concentro en ella.

—Dime que traes buenas noticias —le exijo.

Su expresión se suaviza. —Le estás preguntando a la persona equivocada, A.

No tengo ni idea de lo que está pasando, salvo que tanto Theo como Toby han pasado cada segundo delante del ordenador o del teléfono desde que te fuiste.

Tienen a toda la familia, a los Mariano y a los Rivera trabajando en ello.

Encontrarán al responsable y le darán el doloroso castigo que se merece.

Asiento con la cabeza, más agradecido de lo que puedo expresar con palabras por el hecho de que estén trabajando tan duro en esto. Quiero decir, yo lo he hecho por todos ellos repetidamente en el pasado, pero saber que me respaldan, que respaldan a Evie, lo es todo para mí.

—¿Está bien? —pregunta Emmie en voz baja.

Suelto un profundo suspiro mientras me hundo en mi silla y miro hacia las enormes ventanas del dormitorio principal.

—Sí, creo que sí. Es más fuerte de lo que parece.

—Lo sé —dice Emmie con confianza—. No habría sobrevivido a Lovell si no lo fuera.

—Ella… eh… —Me froto la nuca, sin querer confesar lo que está a punto de salir de mis labios.

—Toma —dice Theo, pasando a Emmie una lata de Coca-Cola antes de lanzarme otra a mí.

—Gracias.

—¿Nos das un minuto? —le pregunta Theo a Emmie.

Por un segundo, creo que va a negarse. No suele tomar muy bien que la dejen fuera de conversaciones importantes, pero ni siquiera lo intenta. En cambio, se levanta de su asiento, le da un beso en los labios y se dirige hacia la cabaña.

—Terminaremos esto otro día —me advierte, mirándome.

—Genial —murmuro, poniéndole los ojos en blanco.

—¿Qué ha sido eso? —pregunta Theo, sentándose en la silla más cercana a mí.

—Creo que… Evie piensa que la he comprado.

Se queda en silencio un momento antes de sorprenderme.

—Probablemente sea lo mejor.

—¿Que le estoy mintiendo?

—Bueno, no, obviamente no. Pero ha pasado por mucho en los últimos días. No tener que preocuparse por quién es en realidad su dueño probablemente sea algo bueno. Aquí puede relajarse contigo, y vemos que ya has empezado a hacerlo.

—Todo iba sobre ruedas hasta que interrumpiste —murmuro, abriendo la lata y bebiendo un par de sorbos.

—¿Ya te la has tirado? —pregunta con indiferencia.

—Acabas de entrar mientras le echaba semen en el estómago, ¿tú qué crees?

Se encoge de hombros. —No sé, quizá te la estabas sacando para que no acabara en el mismo estado que Calli.

—Ah, sí, porque eso hará que toda esta situación sea menos complicada. No habrá más bebés Deimos en un futuro próximo.

—Eso lo dices ahora… Sabes que no toma anticonceptivos, ¿verdad?

—¿Cómo coño lo has sabido? ¿Has sacado su historial médico? —suspiro. Odio que tenga el poder de invadir su privacidad de esa manera, pero también…—. ¿Hay algo que deba saber?

—Eres muy rápido juzgando hasta que te das cuenta de que te puede beneficiar —murmura con burla.

—Vete a la mierda. Solo tengo curiosidad. No quiero que sepas más sobre mi chica que yo.

Él niega con la cabeza.

—No me vengas con eso. Sabías todo sobre tu esposa mucho antes de casarte con ella. Apuesto a que sacaste su historial menos de diez minutos después de conocerla.

—Dame un poco de crédito. Estábamos en la escuela. Fue al menos un par de horas más tarde —responde con tono impasible.

—¿Y qué? —pregunto.

—No hay nada que contar. Llevaba unos meses tomando la píldora, pero la dejó por los efectos secundarios. Eso es todo.

—Bien. Eso está bien —digo, asintiendo con la cabeza.

—Sin embargo, no hemos avanzado nada en la búsqueda de otra cosa.

—¿Cómo es posible? Tienes gente dentro.

—Tuvimos a uno durante un breve periodo de tiempo, pero entregó mal a tu chica y ahora están todos en alerta máxima. Se han escondido y no podemos contactar con nadie.

—Fantástico.

—Los atraparemos, A. Siempre lo hacemos. No vamos a permitir que le pase nada a Evie, aunque tengamos que jugar un poco sucio.

Hago una mueca. No estoy seguro de que me guste la mirada oscura que tiene en este momento.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Que quizá haya que tentarlos para que salgan de sus escondites.

—Dime qué hacer y lo haré. Lo que sea para asegurarme de que quien la compró pague por ello.

—Por supuesto —confirma—. Por eso no están ustedes dos en el centro de todo esto. Quédense aquí, mantengan un perfil bajo y déjenos hacer nuestro trabajo. Y mientras se escoden, hazla tuya. Sácala del mercado.

—Tengo exámenes, T. No puedo simplemente…

—Siempre habrá alguien afuera vigilando. Limítate a los exámenes y sé inteligente.

—Genial. Un consejo muy sensato —murmuro.

—¿Qué quieres que te diga? ¿Que vuelvas a casa y la exhibas por toda la ciudad? Aquí estás a salvo, internet es seguro, tienes teléfonos desechables. Solo… mantenla alejada de esa maldita aplicación de cámaras.

El sorbo de Coca-Cola que acabo de tomar sale disparado de mi boca.

—Dime que no la has visto.

—¿Qué coño pasa? —pregunta, totalmente ofendido.

La verdad es que no me sorprende que lo sepa. Lo sabe todo, joder.

—Por lo que sabe el mundo, está desaparecida. No necesitamos que esté en línea, dejando que sus sugar daddies sepan que sigue ahí.

—Ella no sabe que yo lo sé —admito.

—Probablemente sea hora de que se lo confieses si quieres mantenerla a salvo.

—No se conectaría con todo lo que está pasando —digo con confianza.

—¿Estás dispuesto a arriesgar su vida por eso?

El silencio se apodera de nosotros mientras el peso de esa pregunta se cierne sobre mis hombros. No, no estoy dispuesto a arriesgar su vida por nada.

Theo me observa atentamente mientras me pierdo en mis pensamientos.

—¿Te asustó?

—¿Qué?

—Enamorarte de Emmie.

—Pfft. No me enamoré de ella. La verdad es que no la soporto —bromea.

—Qué gracioso.

—Sinceramente —dice, inclinándose hacia delante y apoyando los codos en las rodillas—, es lo más aterrador que he hecho nunca. Pero —añade— también lo más fácil. Enamorarme de ella fue… inevitable, imparable. Fácil. Lo difícil fue todo lo demás. Aceptarlo. Entenderlo.

—¿Te preocupaba lo rápido que había sucedido?

Él inclina la cabeza y se frota la nuca, claramente incómodo con este tipo de conversaciones profundas.

—Ya era demasiado tarde para eso. Ya estábamos casados.

—Sí, supongo que la situación es un poco diferente.

—Tengo suerte de que descubriéramos que nos gustábamos y de que ninguno de los dos acabara muerto.

—Sabes que habrías sido tú, ¿verdad? Ella te habría apuñalado por la espalda mientras dormías.

Él se ríe, pero no hay amargura en ello. Es amor puro. El sonido de esa risa me produce un dolor profundo en el pecho.

—Tienes toda la razón, joder. —Se recuesta en su asiento. Una amplia sonrisa se dibuja en sus labios mientras piensa en su esposa.

—¿Qué me perdí en Las Vegas? ¿Alguien más se casó?

Él se ríe. —Que yo sepa, no. Pero no me extrañaría que Seb y Stella se hubieran escapado.

—Estoy de acuerdo contigo. —Eran exactamente la pareja que tenía en mente.

—Todo se calmó una vez que descubrimos toda esta mierda. Emmie fue a visitar a los artistas de Rebel Ink Vegas con las chicas. Brianna se hizo un recuerdo permanente de su estancia en la Ciudad del Pecado.

—¿Se hizo un tatuaje?

—Sí, otra pequeña sorpresa que organizó Nico. Al parecer, Emmie le dibujó algo mientras estaba en el hospital y se lo ha puesto sobre las cicatrices.

—Vaya, es increíble.

—Queda genial.

—¿No te tentó? Podrían haberse hecho unos tatuajes a juego, de Sr.. y Sra.

—Emmie me convencerá para que me haga uno, no me cabe duda.

—Qué dominado —bromeo.

—Hay que serlo para reconocerlo.

—Sí —suspiro, pensando en mi chica, arriba—. Creo que ella es la indicada, ¿sabes?

—¿Y qué hay de todo eso de antes de Las Vegas? —pregunta con curiosidad.

Me encojo de hombros. —No lo sé. Ahora mismo, esto es más importante. Mantenerla a salvo y poner fin a todo esto. Supongo… No lo sé. Voy a tener que decírselo. Hablar con papá sobre cambiar de trabajo. Quién coño sabe. Lo único que sé ahora mismo es que no voy a dejar que se vaya otra vez.

—Menos mal. Sin ella eras un cabrón miserable.

—Siento haberte amargado Las Vegas. No debería haber ido.

—Ya es tarde para arrepentirse, amigo. Ella está a salvo. Está aquí contigo. Eso es lo único que importa. Y oye, ahora sabes lo horrible que es la vida sin ella. Creo que quizá era la dosis de realidad que necesitabas.

—Sigo pensando que estamos locos. Apenas la conozco.

—Sabes lo suficiente. Confía en eso.

—¿Quién eres y qué has hecho con nuestro despiadado futuro jefe de la mafia?

—Que te jodan, amigo. Estoy aquí mismo. Pero hay más en mí que solo ese futuro. Lo quiero todo.

—Vaya, eres todo un romántico, ¿no?

—Pero no se lo digas a los demás. —Me guiña un ojo antes de bostezar.

—Deberías volver y descansar un poco. ¿Tienes examen mañana?

—No, el martes. Entonces solo me queda uno más.

—No puedo esperar, joder. Tenemos que hacer algo épico este verano cuando todo esto termine. Solo nosotros doce, sin estrés y con mucho sol y sexo.

—Suena bien, amigo.

—Podríamos llevar a Stella de vuelta a Florida. Siempre he querido conocer a Mickey.

—Claro que sí.

—Y sus amigos parecían simpáticos.

—Oh, te has dado cuenta. Pensaba que estabas demasiado ocupado enfadándote.

Niego con la cabeza. —Podríamos enseñarles a jugar al fútbol de verdad.

—Sí, quizá. Reid ha vuelto con nosotros —dice Theo, sorprendiéndome.

—Oh, la mierda debe estar salpicando —me río, tratando de restarle importancia a la situación.

—Tiene una misión. Y creo que quiere pasar más tiempo con Bri. Lleva mucho tiempo luchando contra este grupo. Quiere verlo finalmente desmoronarse.

—Lo hará —digo con confianza.

Él asiente. —Lo hará. Esta es nuestra ciudad —dice, recostándose y abriendo las piernas—. Y cualquier cabrón que intente quitárnosla lo lamentará.