Primer corte (Serie de romance con estrellas de rock nº 5)
© inepub.com
Capítulo 1
Darrell
—Imbécil —siseo mientras echo el cerrojo metálico de la puerta principal sin miramientos.
Cede con facilidad, con un clic satisfactorio que suena igual que el ruido que me encantaría oír si alguna vez le partiera la cara a ese idiota.
El idiota es Max, el cantante de la banda «Swivel» que acaba de estar aquí, poniéndome verde por el trabajo de edición que hice en su último vídeo.
Me dan material de mierda, les devuelvo un resultado de mierda.
Así de simple. La videografía estaba bien hecha, pero la premisa del vídeo era tan jodidamente sosa y plana que ni toda la edición del mundo podría arreglarlo.
Es triste, porque la canción es genial, y menos mal, porque el vídeo es una mierda absoluta.
Solo Max y su sonrisa narcisista, ropa pretenciosa y demasiado reveladora, contoneándose y enseñándolo todo menos la polla en la pantalla mientras el resto de la banda toca al fondo, con la mirada gacha, como si evitaran ver la farsa.
Este no es el primer vídeo que edito para «Swivel», pero desde luego será el último.
Por no hablar de que Max es maleducado, falso, e intentó meterme mano cuando me agaché para ajustar el cable del teléfono mientras atendía una llamada.
Estos imbéciles de MTV aceptarán el vídeo tal cual, insultarán mis habilidades técnicas y artísticas, y lo publicarán con todos sus defectos solo porque les dará tiempo en pantalla y audiencia.
Claro, a las fans les encantará, pero a los verdaderos fans no.
Lo verán como venderse. La canción «Baby» va sobre el amor verdadero, y Hemmy, el guitarrista, a quien por desgracia solo le reconocen como coautor de este tema, hizo un trabajo excelente, pero queda arruinado por el vídeo superficial e inapropiado.
Se podría haber conseguido mucho más con esto, y he visto hacerlo con baladas menos potentes.
Max exigió que tuviera el vídeo editado en tiempo récord, y se presentó en persona para revisarlo conmigo y con la banda, obligándome a echar un montón de horas extra e incluso a no pegar ojo anoche para terminarlo.
Además, me llamó en mitad de la noche, ordenándome que tuviera el vídeo listo antes de que saliera el maldito sol esta mañana, para que él y la banda pudieran verlo después de una noche entera de actuaciones y fiestas.
La zona de Los Ángeles donde está mi oficina…
es chunga. No me gusta estar aquí sola a altas horas de la noche, ni de madrugada, pero eso le da igual a una estrella de rock que tiene seguridad las veinticuatro horas.
…Tengo un spray de pimienta… y doble cerrojo en la puerta principal.
He pasado las últimas dos horas repasando esta maldita cosa con él, mientras los demás dormitaban en los sofás de la sala de espera o esnifaban coca en la parte de atrás, intentando mantenerse despiertos mientras esperaban a que Max me hiciera picadillo.
Respiro hondo para quitarme de encima la experiencia desagradable, miro el reloj redondo clavado en la pared detrás del escritorio principal y me doy cuenta de que el sol ya ha salido y la otra banda que tengo citada esta mañana debería llegar en cualquier momento.
Su mánager me llamó hace unas semanas para concertar esta reunión.
No conozco a esta banda, pero he oído que su primer sencillo está subiendo en las listas.
«Brave Face» es una banda emergente, y espero que la industria no les haya inflado el ego todavía, aunque es una esperanza vana.
El material que me enviaron por mensajería está bien montado y limpio, así que fue relativamente fácil hacer demos para ellos.
Con mi equipo digital de última generación, puedo recrear escenas casi por completo a partir del material, siempre que la materia prima no sea mediocre ni esté mal dirigida.
Con los ojos ardiendo de agotamiento, me acerco al escritorio y empiezo a prepararlo todo para presentar las demos a la banda, y veo la nota que me dejé anoche para llamar a mi jefe esta mañana.
¿Queréis hablar de imbéciles? Brian Banff, el dueño de esta productora, es todo un personaje.
Está en México, en otra de sus vacaciones, y espera que lo mantenga al tanto de todas las bandas que fichamos mientras él se tuesta al sol sudamericano.
Lo peor de todo es que me obliga a mentir y decirles a los clientes que llegará en breve, para que no sospechen nada.
La llamada puede esperar. Es mejor tenerlo todo listo cuando llega una banda, por si vienen colocados, cabreados y de mal humor, o tan reventados de tocar que no pueden ni hilvanar una frase.
Un golpecito en la puerta principal me interrumpe mientras enciendo los televisores.
Dejo el mando en el escritorio y voy corriendo hacia la puerta, donde aparecen cuatro rostros solemnes, como cachorros perdidos en una perrera.
Mientras descorro el cerrojo, uno de los miembros de la banda me observa de reojo, casi como si intentara averiguar qué estoy haciendo. Abro la puerta y me echo hacia atrás.
—Buenos días. Disculpad, chicos… barrio chungo… y estoy aquí sola.
—No hay problema —dice el tipo que me estaba observando.
—Soy Darrell —digo para presentarme.
—Nos dijeron que teníamos que preguntar por Brian Banff —dice el mismo tipo, tendiéndome la mano—. Soy Randy, el guitarrista —señala a los demás miembros de la banda—. Este es Wade, nuestro cantante, Corey, nuestro batería, y Gordon, nuestro bajista.
Estrecho la mano de todos con sonrisas de cortesía. Ellos me devuelven el gesto, casi tímidos, y luego respondo a la pregunta de Randy.
—Eh… Brian llegará más tarde. Se está retrasando… el tráfico —miento.
—Vale —asiente Randy—. ¿Tiene el vídeo?
—No, yo tengo unas demos para enseñaros, en realidad.
—¿Las hizo Brian? —pregunta Corey.
—No, las hice yo —digo, negándome a soltar otra mentira.
Corey estira un poco el cuello.
—Entonces, ¿qué hace este tal Brian?
Suspiro mientras camino hacia el monitor.
—Esa es una muy buena pregunta.
—¿Quieres que cierre con llave? —pregunta Wade.
—Sí, claro. A no ser que hayáis traído guardaespaldas.
—Nuestro mánager está de camino —informa Wade.
—Sí, eso ya lo he oído antes —me río—. ¿Es vuestro primer vídeo?
Randy se muerde el labio, como avergonzado.
—Sí. Y espero que no sea el tuyo.
Sonrío, apretando los labios.
—Por suerte, no. Llevo produciendo vídeos desde que nació MTV, así que estáis de suerte.
Gordon se acomoda en el sofá. —¿Te importa si me quedo aquí un rato?
—Ponte cómodo. ¿Queréis café, chicos?
—No, todos tenemos que dormir después de esto. El ensayo es esta noche —dice Randy.
—¿Tenéis una actuación? —pregunto mientras preparo la primera demo del vídeo.
—No, estamos ensayando para grabar nuestro segundo sencillo.
—Entonces, ¿por qué habéis estado despiertos toda la noche? —pregunto como quien no quiere la cosa.
Randy se encoge de hombros. —Ensayando.
—Ah —asiento.
—Tenemos que ensayar en el estudio de grabación —añade Wade—. Como si eso cambiara algo.
Gordon le lanza una mirada desde el sofá. —Tío, otra vez con la misma mierda, no. Es un sonido diferente, tío. Pasamos por lo mismo con el primer sencillo. Ya conoces el rollo.
Randy se pasa una mano por el pelo largo y escalonado, suspirando. El destello de su alianza se refleja en las luces fluorescentes sobre su cabeza. —¿Queréis dejar de joder de una vez? —alza una mano hacia mí—. Perdona por el lenguaje.
Hago un gesto con la mano, mirándolo. —Por favor.
Wade se une a Gordon en el sofá, al otro lado, dejándose caer de un salto. —Entonces, ¿no te importa si decimos cosas como mierda, joder, maldita sea y capullo?
Me río. —No, en absoluto. Estoy acostumbrada. De hecho, me sorprendería que no soltarais ningún taco hoy.
—Tranquilo —le dice Randy a Wade, con una «v» formándose entre las cejas.
Lo miro; tiene cara de disculpa. Sonrío. —Está bien, de verdad. Créeme, cuando estoy en casa, suelto muchos tacos.
—Pues suéltalos aquí también —añade Wade.
—No puedo. Trabajo aquí —explico mientras el vídeo aparece en la pantalla.
La sala está montada con dos monitores colgados a cada lado, como los televisores en un bar, y tengo otro en el ordenador de delante, para poder hacer cambios sobre la marcha cuando los artistas lo pidan, mientras repasamos las demos.
Randy se sienta en una silla junto al ordenador y cruza los brazos sobre el pecho. —Entonces, ¿cuál es tu historia? ¿Cuánto tiempo llevas trabajando aquí?
—Unos diez años.
Frunce el ceño, impresionado. —¿Y llevas el cotarro mientras el jefe anda por ahí haciendo el vago?
—Lo has dicho tú. Yo no.
—Pero no lo niegas —señala.
Esbozo una sonrisa contenida.
Empieza a toquetear los botones del ordenador. Por suerte, la pantalla está bloqueada, así que no puede hacer ningún daño. —¿Dónde aprendiste a hacer todo esto?
—En la escuela. Estudié diseño gráfico y edición de vídeo, y me especialicé en Comunicación en la universidad —me encojo de hombros sin darle importancia.
—Vaya, así que tienes cerebro, ¿eh?
Lo miro, confundida. —Y tú tienes talento, así que supongo que estamos en paz.
Me sonríe. Tiene ojos sinceros. Redondos como platos.
Sus iris cambian de color; van del azul pálido al azul verdoso según la luz.
Su pelo es de un castaño suave, y lo lleva largo, de modo que las ondas enmarcan su rostro, pero escalonado en la parte de arriba.
Pelo perfecto. Es el tipo de pelo que hasta las chicas envidiarían.
Con hombros rectos y buenos bíceps, es claramente guitarrista, y la camiseta le cae lisa sobre el estómago, dejando adivinar el vientre plano; otra marca distintiva de los guitarristas.
—Oye, ¿tenemos que acercarnos para ver esto? —pregunta Corey.
—No es cualquier cosa, tío, tranquilo —reprende Randy.
—Está bien, supongo que se refiere a «esto» como «el material» —digo, rescatando a Corey. Por qué, no lo sé, pero esta banda parece relativamente inofensiva comparada con algunas con las que he trabajado.
—Sí —asiente Corey, sonriéndome dulcemente—. No te estaba dando la lata.