Capítulo Trece
Las luces de la ciudad titilan en la oscuridad mientras regresamos a casa tras pasar el día con Kelly.
Las estrellas se reflejan en las calles resbaladizas, aún mojadas por la lluvia vespertina, y el aire está cargado del olor a tierra húmeda.
Es un olor reconfortante que me recuerda a mi hogar en las cuevas.
Regan ha estado extrañamente callado todo el día, pero ahora su silencio parece hosco y serio. Tiene un brazo sobre mis hombros en gesto protector, cálido y firme, pero hay una tensión en él que me pone en alerta.
—Regan —comienzo, rompiendo el silencio.
Su mirada permanece fija en el camino.
—Regan —digo con más firmeza, y esta vez se vuelve a mirarme.
Hay una sombra en sus ojos, algo que nunca había visto, y el corazón se me encoge de inquietud.
—¿Qué quiso decir tu tío cuando dijo que algunos de ellos no me merecen? —pregunto en apenas un susurro—. ¿Qué encontraré cuando visite los reinos de Zeke y Lyon?
Regan suspira profundamente.
—No he estado en sus reinos en años, Zirah. No desde... No desde hace mucho tiempo —confiesa con la voz cargada de emoción.
—Pero seguramente habrás oído a otros hablar de sus reinos —insisto, pero sus ojos vuelven a fijarse al frente, y está claro que no voy a sacarle nada.
Gnash se frota contra mi pierna y bajo la mirada mientras le paso los dedos por el suave pelaje.
—Lo más importante ahora es que si entramos en guerra con Bloodtaric, estaremos en inferioridad numérica.
Tu única oportunidad de vencer al Rey Vampírico es con todos nuestros reinos detrás de ti.
Es la única razón por la que no nos ha desafiado hasta ahora.
Cuando estamos unidos, sabe que no tiene ninguna oportunidad.
Te garantizo que la noticia ya le ha llegado y está buscando un punto débil.
Solo espera a que cometas un error o nos rechaces. Entonces atacará.
El silencio opresivo del camino a casa parece reflejar el peso de sus palabras. Me han arrojado a una guerra para la que no estaba preparada, pero no tengo más opción que seguir adelante.
Me esfuerzo por mantener la voz firme a pesar del temblor que siento en el pecho.
—Entonces no hay tiempo que perder. Partiré mañana para visitar los tres reinos.
Regan me mira sorprendido y frunce el ceño mientras intenta formular una respuesta. Respira hondo y niega con la cabeza.
—¿Estás segura de esto, Zirah? —pregunta.
—Completamente —respondo—. Podemos empezar por el tuyo.
Regan parece sopesar sus palabras mientras abre la boca para hablar, pero vuelve a cerrarla. Traga saliva y niega con la cabeza.
—No, el reino de Lyon está más cerca —dice rápidamente, y su cambio de actitud me alarma.
¿Por qué ha dudado?
Decido darle el beneficio de la duda por ahora. Pronto descubriremos qué secretos se ocultan tras los muros de su reino. Solo espero no haber cometido un error; en todo caso, según lo que dijo Kelly, puedo revertirlo si así lo decido.
Cerca del castillo, las luces se filtran entre los árboles y distingo a Zeke y Lyon hablando con Malachi junto a las puertas.
Cuando Hunter y Shadow captan mi olor, ladran y se lanzan hacia delante meneando las colas con frenesí. Zeke y Lyon giran la cabeza en nuestra dirección y abren los ojos de par en par al vernos.
A medida que nos acercamos, no puedo evitar notar lo tensa que está la atmósfera, y enseguida sé que algo va mal. Malachi, Zeke y Lyon tienen el rostro grave y los puños apretados. Algo ha pasado.
—¡Zirah! —exclama Zeke—. No esperábamos verte de vuelta antes de la cena.
—¿Qué ha pasado? —pregunto mientras el corazón se me acelera ante la idea de lo que podría haber salido mal.
—Tienes que entrar —dice Malachi con urgencia, y gira sobre sus talones para conducirnos hacia las puertas del castillo.
Mientras caminamos por el gran vestíbulo de entrada y entramos en la sala del trono, percibo una energía oscura y siniestra que acecha. El aire está cargado de tensión. Lyon da un paso adelante y me pone la mano en el hombro.
—Zirah, ha habido un ataque —dice con gravedad—. Uno de nuestros exploradores fue emboscado por la guardia del Rey Vampiro; otro fue capturado.
Se me cae el alma a los pies. Esto es exactamente de lo que Regan me advirtió. Ya estamos en guerra, nos guste o no, y si el Rey Slavic está dispuesto a atacar a nuestros exploradores, significa que no dudará en lanzar un asalto a gran escala contra nuestros reinos.
—¿Qué podemos hacer? —pregunto en apenas un susurro.
—Tenemos que prepararnos para la guerra —dice Zeke encogiéndose de hombros como si no fuera para tanto—. Enviaremos más exploradores y reuniremos toda la información posible sobre las fuerzas vampíricas. Tenemos que saber a qué nos enfrentamos.
Regan me rodea con los brazos desde atrás y me estrecha en un abrazo protector.
—No te preocupes —me susurra al oído—. Te protegeremos.
—No es por mí por quien me preocupo, sino por la gente de aquí —le digo.
—Y eso, mi niña, es lo que menos debería preocuparte.
Todos nos giramos y vemos a James que se acerca.
—Supongo que ya has decidido.
—Bueno, difícilmente puedo irme ahora —le digo.
—Tonterías, esto es una razón más para hacerlo —responde James, y miro a Zeke y Lyon, que me observan fijamente a la espera de mi decisión.
—¿Has decidido? —pregunta Zeke con entusiasmo y una sonrisa astuta.
Frunzo los labios, pues aún no he olvidado lo de anoche.
Parece saber hacia dónde van mis pensamientos porque sonríe con suficiencia y se lame los labios.
Mis ojos se dirigen hacia ellos al recordar la sensación de su lengua en mi cuerpo mientras el vínculo de pareja hacía de las suyas.
Doy un paso hacia él antes de sacudir la cabeza, sin saber qué pretendía hacer. Mi repentina torpeza solo consigue que la sonrisa de Zeke se ensanche.
—¡Zeke! —Lyon le da un codazo en el estómago que lo hace gruñir y doblarse.
—¿Qué? —gruñe Zeke.
—¡Ya sabes qué! —le gruñe Lyon, y lo miro, pero sacude la cabeza.
—¿Entonces has decidido? —pregunta Lyon.
—Así es —comienzo. Mi voz corta el aire tenso; mis palabras van dirigidas a Zeke y Lyon—. Estoy dispuesta a daros a ambos una oportunidad para que demostréis lo que valéis.
Mi mirada va de uno a otro, un desafío silencioso flotando entre nosotros.
Los ojos de Zeke arden de ira.
—¿Entonces nos darás una oportunidad de verdad? —pregunta, cruzándose de brazos con actitud desafiante.
Lyon y Zeke intercambian una mirada de expectación e incertidumbre.
—¿Qué reino visitarás primero? —Zeke arquea una ceja mientras nos mira alternativamente a Regan y a mí.
No se inmuta bajo mi mirada escrutadora; al contrario, su postura irradia una confianza temeraria.
—Empezaremos con el de Lyon —respondo con voz firme y clara, a pesar de la aprensión que me revuelve las entrañas.
Ya no estoy aquí para hacer de víctima en sus estúpidos juegos, y espero que mi respuesta deje claro que conmigo no se juega.
Los gruesos labios de Zeke se curvan en una sonrisa burlona.
—¿Por qué no empezar con el de Regan? —Su voz destila una dulzura burlona mientras mira a su hermano, que está de pie detrás de mí.
Miro por encima del hombro y veo cómo Regan aprieta la mandíbula.
¿Por qué parece tan enfadado?
—El reino de Regan es el más lejano —respondo, ignorando su burla—. Pero él será mi escolta en vuestros dos reinos.
—¿De verdad? ¿Es así? —interviene Lyon con voz cargada de sarcasmo, y se me eriza la piel cuando da un paso hacia mí.
Su comentario me resulta extraño.
Normalmente es bastante pasivo en lo que respecta a Regan, pero ahora lo mira con dureza.
¿Está intentando evitar que visite su reino primero?
Sea lo que sea lo que pretende, no le va a funcionar.
Antes de que pueda indagar más en las intenciones de Lyon, James interrumpe mis pensamientos.
—Zirah —comienza con suavidad, haciendo que dejemos de mirarnos—. Zirah, quizás deberías pasar tiempo a solas con cada uno de ellos.
La sugerencia de James me pilla desprevenida, y lo miro con escepticismo antes de volver la vista hacia los hermanos.
El aire de la habitación cambia mientras intercambian una mirada, y la sonrisa burlona de Zeke se desvanece, como si supiera algo que yo desconozco.
—¿Qué quieres decir? —le pregunto a James con cautela, sin apartar la mirada de los hermanos.
—Creo que sería prudente que fueras sola y pasaras tiempo a solas con cada uno de ellos —repite con calma—. Así podrás conocerlos mejor, entender quiénes son realmente.
Entrecierro los ojos, pero permanezco en silencio, sopesando sus palabras con cuidado.
Tras unos momentos de reflexión, acepto a regañadientes la sugerencia de James. Respiro hondo para calmarme mientras me vuelvo hacia Zeke y Lyon.
Sus ojos siguen clavados en mí con intensidad, como si me leyeran el pensamiento.
—Muy bien —digo, asintiendo a Lyon y a Zeke antes de dirigirme a James—. ¿Cuándo deberíamos partir entonces?
Él asiente a su vez, con una leve sonrisa asomando a sus labios.
—Puedes partir mañana al amanecer —dice.
—De acuerdo —acepto, respirando hondo—. ¿Y qué hay del Reino Vampírico?
—Deja eso en nuestras manos por ahora: Regan, Zeke y yo nos encargaremos.
Sin más explicación, gira sobre sus talones y se marcha, dejándonos solos en la sala del trono.
He entrado en un mundo muy alejado del mío, pero no pienso dejarme amedrentar.
Estoy aquí por una razón.
Tengo un propósito que va más allá de los juegos de poder del mundo licántropo.
Estoy aquí para determinar si la especie licántropa seguirá existiendo.
Me vuelvo de nuevo hacia Zeke y Lyon, con renovada determinación en la mirada.
—Tenéis vuestra oportunidad. No la desperdiciéis —les digo con firmeza, aunque mi voz ha adoptado un tono más suave.
Los hermanos intercambian una mirada y ambos asienten en señal de comprensión.
—No lo haremos —dice Zeke al fin, clavando sus ojos en los míos en una promesa tácita.
Veo el brillo calculador en su mirada, pero también percibo su convicción bajo la superficie, y sé que habla en serio.
Esbozo una leve sonrisa mientras me vuelvo hacia Lyon.
Está de pie con los puños apretados a los costados, con la mirada perdida en la distancia, como sumido en sus pensamientos.
Su expresión es difícil de descifrar, pero siento la tensión que emana de él en oleadas.
Mientras mis palabras quedan suspendidas en el aire, un voto silencioso me envuelve.
Navegaré por sus mundos, diseccionaré sus verdades y mentiras por igual, y no descansaré hasta obtener justicia para mi madre y el reinado sobre este mundo que me pertenece por derecho.
—Te veré a primera hora de la mañana —le digo, y él asiente una vez antes de darse la vuelta y marcharse.
A pesar de las dudas que me asaltan sobre lo que está por venir, hay algo que tengo clarísimo: es jaque mate para los reyes licántropos.