Potestad (Tríptico Delbran 3) Capítulo XXX El comité
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Capítulo XXX El comité

Inés no iba a ir al comité.

La decisión quedó tomada el viernes por la tarde, después de tres llamadas, dos notas de Cumplimiento y una conversación con Mario que terminó sin una frase útil para nadie. Su nota técnica viajaría en el expediente de NexoVera. Su nombre no estaría en la sala.

—Han cambiado la sala.

Inés apartó el expediente de servidumbres.

—¿Cuándo lo han comunicado?

—A las 7:56. A un correo genérico de NexoVera. Eva estaba ya en el edificio anterior.

—¿Hora del comité?

—Ocho cuarenta y cinco.

Inés miró el reloj.

—¿Dónde estás?

—Con Eva, entrando al campus norte. Seguridad dice que la lista de acceso está cerrada y que la reunión figura como iniciada en el sistema.

La voz de Beatriz tenía el filo de quien no podía permitirse sonar alterada.

—¿Qué necesitas?

—Un escrito presentado en registro antes de que puedan hacer constar incomparecencia. Yo voy a intentar meterla en la sala. Si me voy al registro, deliberan sin ella.

Mario apareció en la puerta con un café.

Inés le hizo un gesto para que esperara.

—Envíamelo firmado —dijo.

—Ya está saliendo.

El correo llegó a las 8:14.

Solicitud de constancia de comparecencia y oposición a deliberación sin audiencia efectiva.

Firmado digitalmente por Beatriz Salceda.

Inés lo imprimió dos veces.

Mario leyó el encabezado por encima de su hombro.

—No.

—Solo voy a presentarlo.

—Eso ya es algo.

—Es un registro público. No voy al comité.

—Vas a entrar físicamente en el perímetro del asunto.

Inés dobló las copias, cogió el bolso y la carpeta.

—El perímetro del asunto entró hace días en mi despacho.

Mario no intentó detenerla. Eso la preocupó más que una discusión.

—Voy contigo —dijo.

El taxi tardó cuatro minutos en llegar y diecinueve en atravesar una ciudad que aquella mañana había decidido llenar todas las calles de furgonetas de reparto, motos mal aparcadas y semáforos innecesariamente largos. Inés llamó a Beatriz durante el trayecto.

—¿Dentro?

—En seguridad. Si salgo ahora para buscar un registro, nos mandan al final del control. Dicen que Eva no está en el listado actualizado porque figura como compareciente no asistente.

—Eso no existe.

—Existe si alguien lo escribió.

—Diles que hay escrito presentado en curso.

—Necesito número.

Inés miró por la ventana. El taxi avanzaba medio metro y se detenía.

—Lo tendrás.

Habían intentado presentar el escrito por la sede electrónica desde el taxi, pero el portal rechazó la representación de Beatriz y exigió una acreditación que ella no podía subsanar desde el control de seguridad.

Mario escribió a su secretaria para que enviara además una copia al correo general de la universidad y otra al de la oficina de transferencia.

El rebote automático llegó antes de que cruzaran la siguiente esquina.

A las 8:39 llegaron al campus.

El registro general no estaba en el edificio del comité. Un vigilante les indicó un pabellón lateral, detrás de una cafetería y una zona de obras. Inés caminó deprisa. Mario, con traje oscuro y zapatos poco preparados para baldosas rotas, la siguió sin comentar nada.

En la ventanilla había dos personas delante. Una quería compulsar una documentación de matrícula. Otra discutía sobre una tasa.

Inés miró el reloj.

8:43.

Llamó Beatriz.

—Nos dicen que esperemos fuera mientras deciden si nos admiten.

—Estoy en registro.

—Si no entramos antes de que lean el punto dos, constará ausencia.

—No va a constar.

La frase le salió más segura de lo que se sentía.

A las 8:45, la funcionaria del registro llamó al siguiente.

—Presentación urgente —dijo Inés—. Comité reunido ahora. Derechos de audiencia.

La funcionaria no se impresionó.

—DNI.

—Soy presentadora. Firma digital de la letrada en el documento. Aquí consta.

—¿Código de verificación?

Inés señaló el margen inferior.

La funcionaria lo comprobó con la lentitud exacta de un sistema que no compartía urgencias ajenas. Mario permaneció detrás, callado. El reloj del monitor marcó 8:49.

A las 8:51, la impresora del registro emitió el justificante.

Inés lo fotografió y se lo envió a Beatriz antes de recoger el papel.

Beatriz respondió:

Recibido. Lo están viendo.

Luego:

Nos dejan entrar. Pido que conste retraso por cambio de sala y acceso.

Inés apoyó la mano en el mostrador. La funcionaria le tendió el original sellado.

—Guarde esto.

—Lo haré.

Salieron del registro sin hablar. En la cafetería del campus, Mario pidió dos cafés que ninguno de los dos bebió.

A las 9:04 llegó el primer mensaje de Beatriz desde la sala.

Entramos. Sala blanca, mesa larga, universidad completa. Helix en remoto. Secretaría Documental en remoto. Observador externo no identificado previamente. Consta protesta.

Inés abrió un documento en el portátil de Mario. Como se había acordado en la convocatoria, la secretaría compartía con las partes un borrador de minuta que se actualizaba durante la sesión.

9:04. Comparecencia admitida tras presentación en registro. Protesta por observador externo.

La palabra “consta” ocupaba poco en la pantalla. En la práctica, había requerido un taxi, un registro, una cola, un sello y diecisiete minutos de pulso sostenido.

A las 9:17, Beatriz envió una fotografía de la pantalla donde se proyectaba el orden del día. Inés no la descargó. Miró la vista previa lo justo para leer tres puntos: estado de revisión, informe de continuidad, propuesta de avance condicionado.

—Avance condicionado —dijo Mario.

—Licencia con correa.

—No pongas eso por escrito.

—Estoy aprendiendo.

A las 9:26 llegó un fragmento de la minuta en tiempo real.

La Universidad expone que la licencia de NexoVera se encuentra provisionalmente suspendida en tanto se completa revisión de continuidad documental, sin prejuzgar titularidad, explotación ni derechos sustantivos de terceros.

Inés anotó la frase. “Sin prejuzgar” podía tranquilizar a quien no dependía de firmar esa semana.

A las 9:34, Beatriz escribió:

Pedimos acceso al informe completo o, subsidiariamente, a su índice, autoría, fecha, documentos de referencia y criterios de vinculación. La universidad ofrece una versión extractada bajo compromiso reforzado.

Inés levantó la mano hacia el teclado y la retiró.

Mario la vio.

—Beatriz sabe pedir acta de omisiones.

El siguiente mensaje confirmó que sí.

Beatriz: Pedida acta de omisiones. Respuesta: no pueden levantar acta de lo que no pueden revelar.

Inés cerró los ojos un segundo. Ocultaban el documento y también la forma de su ocultación.

A las 9:42 llegó una línea que Beatriz envió sin comentario:

Eva: Entonces ¿cómo puedo defenderme?

Inés no tocó el teclado.

En la sala de la universidad, Eva había hecho la pregunta que nadie quería contestar. En la cafetería del campus, Inés tenía delante un justificante de registro, un café intacto y una copia de una nota técnica que quizá llegaba tarde a casi todo.

A las 9:51, Beatriz resumió la intervención de Helix.

Helix: no reclamamos titularidad, solo comunicamos posible relación metodológica que aconseja revisión diligente.

Debajo, otra línea:

Secretaría Documental: Veritas no emite valoración jurídica. Solo referencias documentales y criterios de trazabilidad.

Inés añadió dos entradas.

9:51. Helix comunica, no reclama.

9:53. Veritas traza, no valora.

Cada entidad evitaba una función y, aun así, la licencia seguía inmóvil.

A las 10:03, Beatriz envió una frase de la universidad:

La Universidad no interviene en decisiones de inversores privados.

La ronda se había roto por una prudencia que todos podían describir como ajena.

A las 10:18 llegó la propuesta de cláusula.

Beatriz: Universidad ofrece firmar licencia con reserva.

Texto provisional: “La sociedad licenciataria reconoce la existencia de una revisión de continuidad documental abierta respecto de determinados marcos metodológicos relacionados con la tecnología licenciada, comprometiéndose a no sublicenciar, transferir, ampliar funcionalmente ni explotar desarrollos que pudieran ser considerados derivados de dichos marcos hasta la conclusión definitiva del proceso de revisión.”

Inés leyó la frase de pie.

Mario la leyó desde su lado de la mesa.

—Eso no es licencia —dijo él.

—Es una marca dentro de la licencia.

El móvil vibró otra vez.

Beatriz: Eva dice que eso la deja sin empresa. Universidad responde que permite avanzar con cautela.

Inés imaginó la mesa larga, los recuadros remotos, el micrófono y la botella de agua de Eva. No necesitó imaginar el tono. Ya lo había leído en suficientes documentos.

A las 10:31, Beatriz escribió:

Receso. Eva pregunta si puede no firmar. Le he dicho que sí. También le he dicho el coste.

Inés escribió un mensaje y lo dejó sin enviar.

No aceptéis “reconoce”. No aceptéis restricciones sin plazo, acceso ni órgano que resuelva.

Lo borró.

Escribió otro:

Si hay contrapropuesta, cuidad “reconoce”, plazo, acceso al fundamento y órgano que resuelve.

Mario leyó por encima de su hombro.

—Eso sigue siendo entrar.

—Por la puerta de Beatriz.

—Puerta estrecha.

—La única que queda.

Envió.

A las 10:44, Beatriz respondió:

Eva trajo una cláusula escrita a mano. La estoy limpiando. No es nuestra. Es suya.

Inés dejó el móvil sobre la mesa.

—¿Qué pasa? —preguntó Mario.

—Eva había preparado una salida antes de que nadie le diera una.

A las 11:18, el comité reanudó. Beatriz presentó la contrapropuesta. La universidad pidió un receso largo. Los recuadros remotos se desconectaron. La minuta dejó de actualizarse durante veintisiete minutos.

Inés pasó esos veintisiete minutos leyendo servidumbres de calefacción en el portátil de Mario.

Un conducto atravesaba una pared medianera y el propietario del local exigía aviso previo a cualquier intervención.

El conflicto tenía una claridad casi compasiva.

Alguien quería pasar por una pared. Otro pedía que se le avisara antes de abrirla.

A las 11:45, Beatriz llamó.

—No puedo hablar mucho. La universidad no acepta la cláusula de Eva, pero tampoco cierra la puerta. Piden tiempo.

—¿Cuánto?

—Han planteado cuarenta y ocho horas, pero todavía no lo han formalizado.

—Demasiado si la ronda ya está rota. Útil si mantiene negociación activa.

—Eso pensé.

—Que conste que la cláusula inicial queda rechazada por NexoVera.

—Ya lo he pedido.

—Y que cualquier revisión debe tener plazo, acceso contradictorio y órgano que resuelva.

—También.

Al fondo se oyó una voz. Eva, quizá. Beatriz se apartó un segundo y volvió.

—Eva quiere decir algo cuando entren.

—¿Qué?

—Que si la sacan para deliberar, lo pidan por escrito.

Inés miró a Mario.

Él bajó los ojos.

—Déjala decirlo —dijo Inés.

A las 12:08, Beatriz envió el último mensaje de la mañana:

Receso hasta las 18:00. La universidad estudiará la contrapropuesta y mantiene sobre la mesa un plazo de 48 horas, todavía no formalizado.

Eva ha pedido que conste su rechazo a la cláusula inicial.

Ha pedido también permanecer en la sala hasta que le requieran salir expresamente. La secretaria lo ha incluido en acta.

Inés copió el mensaje en su documento.

No añadió comentario.

Mario recogió la taza de café, ya fría.

—¿Te parece poco?

Inés guardó el archivo con un nombre deliberadamente pobre:

Seguimiento comité NexoVera — notas internas.

—Me parece que hoy alguien tuvo que cruzar medio campus para que una ausencia no quedara escrita antes de que la persona llegara a la puerta.

Mario dobló el justificante de registro y se lo entregó.

—Entonces guárdalo.

En el taxi de vuelta, Inés miró el sello hasta que la tinta dejó de parecer reciente.