Epilogo 2
Un año después
Hoy volví a la cafetería.
La misma luz entrando por la ventana.
El mismo sonido de la máquina de café.
Las mismas personas hablando sin prisa.
Pero yo no era la misma.
Hace unos días terminé de leer un viejo diario que escribí cuando era adolescente.
Sonreí casi todo el tiempo.
Que fácil era creer que el primer amor iba a durar para siempre.
Me senté cerca del vidrio.
Sin buscar nada.
Sin esperar a nadie.
Solo observando.
El celular boca abajo sobre la mesa.
Sin notificaciones importantes.
Sin impulsos.
Por primera vez, el silencio no pesaba.
Pedí un café.
Lo sostuve entre las manos un momento antes de probarlo.
Y pensé, por primera vez sin dolor:
esto también es estar bien.
P.D.
Y esta vez… no estoy esperando que nada vuelva.