Epilogo 1
Hoy
No volví a escribirle.
Ni lo intenté.
Al principio pensé que iba a ser difícil.
Que iba a sentir ese impulso otra vez.
Esa costumbre de buscarlo en todo.
Pero no.
No fue como imaginaba.
Fue más silencioso.
Más lento.
Más real.
Un día me di cuenta de que ya no pensaba en escribirle cuando algo pasaba.
Solo… lo vivía.
Sin convertirlo en carta.
Sin convertirlo en recuerdo forzado.
Empecé a ocupar mi tiempo en cosas que no tenían su nombre detrás.
Cosas simples.
Desayunar sin mirar el celular.
Salir sin pensar en quién podría aparecer.
Reír sin preguntarme si lo estaría viendo.
Y eso cambió algo en mí.
No de golpe.
No como en las historias.
Sino en lo cotidiano.
En lo pequeño.
En lo que nadie nota, pero uno sí siente.
A veces todavía recuerdo.
No con dolor.
No con urgencia.
Solo como quien recuerda algo que ya no duele igual.
Y está bien.
No necesito borrarlo todo para seguir.
Solo necesito no quedarme ahí.
Hoy estoy en un lugar distinto.
Una cafetería.
Un bus.
Una calle cualquiera.
Y no estoy buscando señales.
Estoy aquí.
Presente.
Sin esperar nada que no esté pasando.
Mariana ya no escribe para sobrevivir a lo que siente.
Ahora escribe porque quiere.
O ni siquiera eso.
A veces ya ni escribe.
Y eso también está bien.
P.D.
Ahora escribo distinto. Ya no escribo cartas.
A veces solo vuelvo a leer a la niña que llevaba un cuaderno creyendo que el amor duraría para siempre.