Capítulo 2
—¡Corten! Perfecto, Cameron, eso es exactamente lo que necesitamos. Podemos pasar a la siguiente…
—Otra —dice ella con voz glacial.
El director, Aidan, baja el megáfono y resopla mirando el reloj.
—La toma es perfecta, no es necesario repetir —dice, como si el problema fuera que ella no lo ha entendido a la primera.
—Es perfecta según tu criterio; según el mío, necesitamos otra.
El set se queda en silencio y Cameron siente que todas las miradas se posan sobre ella. Sabe que todos están cansados, pero si hay algo que la define además de su frialdad, es su obsesión con rozar la perfección en cada escena.
—Está bien, una más —acepta Aidan, levantando una mano para que el equipo técnico vuelva a sus posiciones.
Cameron retrocede hasta su marca y cambia la expresión completamente, pareciendo una mujer inocente e incluso mojigata como pide la toma, muy lejos de su verdadera apariencia, que resulta imponente y demasiado atractiva al mismo tiempo.
Evan, que lleva el mismo tiempo que ella bajo los focos y debería estar tan agotado como lo está Cameron, se coloca a su lado con una sonrisa divertida que no tiene nada que ver con el drama conyugal que están interpretando.
—¿De qué te ríes? —pregunta ella .
—De que eres un auténtico coñazo. La escena era buena, al menos deberías admitirlo —responde mientras ella le mira la camisa, donde tiene una pelusa que la está perturbando.
—No he dicho que no lo fuera —dice Cameron, estirando la mano para quitársela.
—¿Entonces? —Evan está desconcertado.
—Quiero que sea mejor.
Su amigo suelta una carcajada, pero se le corta de golpe ante la mirada fulminante de Cameron, que necesita concentrarse para meterse en el papel. Cierra la boca y vuelve a su propia marca, porque hace ocho años que la conoce y sabe que Cameron Felton no parará hasta que todo esté a su gusto.
La quinta toma es la perfecta de verdad.
Cameron lo sabe en cuanto termina sin necesidad de que nadie se lo diga porque siempre siente estas cosas.
Es una especie de palpitación ansiosa que le vibra por el pecho cuando logra lo que quiere.
Aidan lo celebra con un aplauso que el equipo secunda sin esconder su alivio, y ella asiente una sola vez antes de apartarse.
—Ha sido excelente, Cameron —reconoce el director.
—Gracias —dice con su habitual tono cortante, dirigiéndose al equipo técnico mientras camina hacia el lateral.
—Eres agotadora —Evan la alcanza hasta colocarse a su lado—. Tienes a todo el mundo trabajando el doble y después dices un gracias con ese tono escalofriante, como si les perdonaras la vida.
La actriz lo mira y ve cómo contiene la sonrisa mordiéndose el labio inferior, y ella frena la suya, aunque una comisura le tira un poco hacia arriba.
—Si quieres les doy un abrazo —dice mordaz.
—No es necesario, se quedarían tan congelados como ese pequeño corazón tuyo.
Cameron lo empuja hacia un lado y él suelta una carcajada.
—Deberías darme las gracias por aguantarte —bromea Evan.
Ella lo mira de soslayo sin decir una palabra mientras coge la botella de agua que le tiende uno de los auxiliares de producción, pero sabe que su amigo tiene razón. Evan es, literalmente, su sparring emocional y una de las pocas personas a las que considera un amigo de verdad .
Se conocieron en un rodaje hace ocho años, concretamente en la primera parte de la película que están rodando ahora y, aunque le costó conectar con él porque Evan es muy abierto y habla demasiado para su gusto, considera que conocerlo es una de las mejores cosas que le han pasado.
—Estoy esperando —dice Evan.
—Pues ponte cómodo —espeta ella, arqueando una ceja.
Evan ladea la cabeza y entorna la mirada, y Cameron sabe de inmediato que la va a chinchar con algo, porque siempre la mira así antes de decir algo que sabe que hará que su cara cambie de una expresión fría a una congelada.
—Tu amiga Mitchell ha publicado un artículo nuevo, ¿lo has leído? —pregunta con sorna.
Cameron trata de no mostrar nada, pero nota cómo su cuello se tensa en cuanto escucha el apellido.
—No me interesa nada de lo que publique esa mujer —asegura, y empieza a caminar hacia el pasillo para salir e ir a su tráiler.
Evan la sigue.
—Tranquila, no va sobre ti. Habla del circuito de festivales y las actrices que… Bueno, a lo mejor sí que te nombra un poco.
—Evan —ruge Cameron, girándose hacia él, que detiene el paso en seco y levanta las manos en son de paz—. Me da igual lo que escriba, tanto si es sobre mí como si no.
Su amigo no puede evitar sonreír.
—Bueno, en eso discrepo; ambos sabemos que te saca de quicio cuando te nombra.
Cameron se muerde el labio inferior y Evan la mira sabiendo dos cosas: la primera, que es la mujer más sexy que conoce, y la segunda, que tiene que parar porque la está poniendo nerviosa.
—Ahora en serio, solo intento quitarle hierro a todo este asunto vuestro. Deberías olvidarte de esa rivalidad absurda que tenéis; solo así lograrás que no te mencione… Si no le das pie para atacarte…
—Empezó ella, así que no pienso rebajarme, y no quiero seguir hablando de esto —dice irritada.
—Está bien, me voy a duchar, que viene la bruja —dice señalando por detrás de Cameron.
Ella se gira y ve que viene Lexi, su publicista, y esta vez sí que sonríe porque si alguien puede optar al trono de reina de hielo por detrás de ella, esa es Lexi Moreno, y Evan se pone muy nervioso cuando están las dos juntas porque dice que hace frío y la piel se le eriza.
—Cobarde —susurra, y él se ríe y se encierra en su tráiler al mismo tiempo que ella abre la puerta del suyo, dejándola entornada para que Lexi pueda entrar.
Lexi Moreno tiene cuarenta y tres años, el pelo negro siempre recogido en una cola alta y la capacidad de solventar situaciones complicadas sin despeinarse ni un pelo.
Es la mejor publicista con la que Cameron ha trabajado y también la más exasperante cuando se lo propone; es tan eficaz en su trabajo que prácticamente lleva su agenda, y la actriz trata más con ella que con su agente.
—¿Qué tal la sesión? —pregunta Lexi cuando entra.
—No ha ido mal —responde la actriz—. ¿Qué haces aquí?
Lexi se sienta en una de las dos sillas que tiene la mesa del tráiler y deja su tablet sobre la madera.
—Necesito que confirmemos un par de entrevistas para la semana que viene.
Cameron se sienta frente a ella y apoya los brazos sobre la mesa, mirando la pantalla de la tablet cuando Lexi se la muestra.
—El jueves, una entrevista con Harper's y el viernes, una aparición en el programa de Kellys. Esta última será breve; les he dicho que solo puedes concederles veinte minutos. El lunes hablaremos de las preguntas y las respuestas. ¿Confirmamos?
Cameron no es que tenga mucho que hacer; cuando está de rodaje acaba tan agotada que no suele hacer planes, así que tiene tiempo libre.
—Sí, no hay problema.
—Genial. Por cierto, me han chivado que Brynn Mitchell está preparando una columna donde te menciona.
Cameron resopla. ¿Qué le pasa a esa mujer? ¿Acaba de publicar un artículo donde la nombra y ya está preparando otro?
—Tranquila —dice Lexi, levantando una mano cuando ve que Cameron se yergue en la silla—, parece que es un artículo genérico. De todas formas, estaré pendiente .
La actriz se levanta y se sirve un vaso de agua.
—Sabes perfectamente que, escriba lo que escriba, no me dejará en buen lugar. Es lo que hace siempre.
—La columna es para la revista Pulsos, no para su blog personal. Allí tiene editores, departamento jurídico e intereses que proteger. Sabrán pararla si se pasa de la raya; no te preocupes.
—¿Y si no se pasa de la raya, pero insinúa algo como suele hacer?
—No podemos controlar todo lo que los periodistas escriben sobre ti, Cam.
Eso es parte del trabajo. En cualquier caso, tú le diste pie al responder a sus artículos —Lexi se aprieta el puente de la nariz—.
Te he dicho siempre que hay que tener mucho cuidado con los periodistas porque pueden ser fulminantes para tu carrera.
Cameron se termina el vaso de agua y se apoya en la pequeña encimera mientras Lexi se levanta.
—Deberíamos preparar una reunión de conciliación y acabar con esta enemistad absurda que tenéis.
—No —responde con sequedad.
—Entonces no te quejes —dice Lexi—. Me voy. Me paso el lunes para preparar las preguntas. Descansa.
Lexi se marcha y Cameron va directa hacia el baño para desmaquillarse.
Cuando se mira al espejo con la cara despejada, este le devuelve la imagen de una mujer de treinta y siete años, una cara que ha sido pública desde que tenía veintitrés y que algunos medios describen como demasiado fría para según qué personajes.
Es alta, con una melena castaña oscura y los ojos color miel que destacan cuando la miras de cerca porque tienen un destello dorado que resulta hipnótico.
Se pasa los dedos por debajo de los ojos y suspira agotada cuando su mente viaja al único nombre que la pone nerviosa de verdad: Brynn Mitchell.
No es que la odie, aunque le encantaría y motivos no le faltan.
Lo que Cameron siente cuando escucha ese nombre es otra cosa, una que siempre aparta a un lado porque le molesta experimentar esa sensación.
No es rabia; si fuera eso podría gestionarlo.
Es algo más incómodo y traicionero, una tensión que le recorre el cuerpo entero sin permiso, una reacción que no controla y que la irrita.
Cameron no quiere pensar en ella ni mirarla demasiado en la foto que siempre acompaña los artículos de su blog, y desde luego no quiere preguntarse por qué, de entre todas las personas a las que debería detestar, ella es la única a la que no puede ignorar.