¿Por qué todo es tan complicado? (El caos de Beca 2) Despedidas
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¿Por qué todo es tan complicado? (El caos de Beca 2)

¿Por qué todo es tan complicado? (El caos de Beca 2)

Por Raquel Diaz Reguera

© inepub.com

Despedidas

Mi madre volvía a Australia, donde le habían dado trabajo durante un año. Su vuelo salía supertemprano, así que, cuando entramos en el aeropuerto, aún era de noche.

Al llegar a la zona de facturación, solté a Calcetines en el suelo y traté de no ponerme dramática. Mamá se agachó y le acarició las orejas.

—La próxima vez que te vea estarás enorme —le dijo al cachorro.

Luego nos abrazamos las dos muy fuerte, como si así pudiéramos retrasar el vuelo diez minutos.

—Otra vez te vas —dije con esa voz horrible que se te queda cuando tienes un nudo en la garganta.

—Otra vez, mi amor.

—Pero ahora no vuelves hasta junio. Otros seis meses sin ti. Es un montón —murmuré contra su abrigo.

—Ya… —contestó, acariciándome la mejilla, intentado hacer ver que todo estaba bien—. Va a pasar rápido, Beca, ya verás.

Ya, claro…

—En septiembre también dijiste eso.

—¡Y mira! Ha pasado volando.

Yo pensé que seis meses nunca pasan rápido ni queriendo, pero no lo dije. Ella me cogió de las manos y me miró a los ojos.

—Te quiero, Beca. Te quiero infinito.

—Y yo a ti, mamá.

Papá la abrazó y se dieron un beso en plan romántico. Después, mi madre nos sonrió, nos saludó con la mano y se perdió entre la gente.

Me quedé quieta un segundo y volví a coger en brazos a Calcetines.

—¿Vamos, Beca? —sugirió mi padre, tocándome el hombro.

Al salir de la terminal estaba amaneciendo. Mientras mi padre encendía la calefacción y la radio del coche, até a Calcetines atrás. Luego me dejé caer en el asiento del copiloto; estaba cansadísima, y todavía no había terminado de salir el sol.

—¿Estás bien? —preguntó mi padre.

—Sí —respondí, tratando de sonar sincera.

El cielo estaba superbonito y me quedé colgada mirando por la ventanilla, recordando la última vez que habíamos estado allí mismo, despidiéndonos de mi madre unos meses antes.

Fue en septiembre, y entonces había sido mucho peor, porque en esa época parecía que el mundo estaba en mi contra: mi mejor amiga, Lucy, además de mudarse a otra ciudad, se había olvidado de mi existencia y estábamos superdistanciadas, lo que ya era un drama de por sí; pero es que, encima, me tocaba empezar la ESO sin ella y sin conocer a nadie en el insti.

Con mi madre a miles de kilómetros. En resumen, estaba en crisis total.

¡Parecía que había pasado un siglo!

Luego empezó el curso y tengo que reconocer que no fue tan horrible. Hubo días bastante malos, sí, pero, poco a poco, todo se fue recolocando. No es que fuera perfecto, pero aparecieron ellas, tres personas que acabaron siendo justo lo que necesitaba…

—¿Cómo se llama este cantante? —preguntó mi padre, de repente, subiendo la radio.

—¿Qué? Perdona, papá, estaba empanada.

—Nada, nada, es que me gusta esta canción.

«Debí darte más besos y abrazos las veces que pude…».

Sonreí acordándome de Andrea, que se pasó unas semanas cantando ese tema en bucle, y lo hacía tan mal que las demás nos partíamos de risa.

Volví a mirar por la ventanilla y a pensar en lo mucho que habían cambiado las cosas.

Y pensé en nosotras. En las chicas del caos, en lo bien que habíamos encajado desde el principio, en nuestro grupo, que era, no sé, caóticamente perfecto…

La verdad es que, aunque una parte de mí quería seguir en modo vacaciones para siempre, otra tenía muchas ganas de reencontrarse con las chicas; de empezar con la rutina del insti, porque eso significaba verlas cada día y volver a nuestras charlas eternas en el patio y a esos ataques de risa absurdos que te arreglaban el día entero.

A sentir que formábamos un mundo único juntas, que solo entendíamos las cuatro.

Como adoraba hacer listas, empecé mentalmente una mientras pensaba en ellas.

Cosas que solo ENTENDEMOS nosotras:

1. El cuaderno azul , donde escribimos todo lo que no nos atrevemos a decir en voz alta.

2. Nuestros miedos: hacer el ridículo, no gustar, decir algo raro, meter la pata y que el mundo te recuerde justo por eso.

3. Las ganas muy fuertes de no separarnos nunca, aunque sepamos que las cosas cambian y que la gente también lo hace, incluso cuando no quiere.

4. El garaje-estudio-chill, que es nuestro sitio favorito del mundo porque lo hemos hecho nuestro poco a poco.