Por los fans Epílogo de Avi #3
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Epílogo de Avi #3

Todo el mundo se echa a reír y Kyran me coge de la mano. Alguien vuelve a poner la música y se reanuda la fiesta, pero a mí me es imposible apartar la vista de su ojo morado.

—¡Hermanito! —chilla Bridget, abrazándolo, aunque Kyran sigue aferrado a mi mano—. ¡Feliz cumpleaños!

—¡Queso brie ! —la saluda, visiblemente contento—. ¡No puedo creer que hayas venido desde California!

—Bueno, es que Avi me mandó un avión privado cortesía de los Eagles —contesta risueña. A Kyran se le descompone la cara y Bridget estalla en carcajadas—. ¡Es broma, Ky-man!

Al oírla, deja escapar una risita de alivio, sacudiendo la cabeza.

—¡Nueve! —Guty se abalanza sobre él y lo estrecha entre sus brazos con fuerza—. ¡Cómo me alegro de verte, papasito! Felicidades.

—Gracias por venir —murmura Kyran, y me mira de reojo—. ¿Has traído a mi mejor amigo hasta aquí? Te quiero muchísimo.

—Ey, máquina. —Theo lo abraza y frunce el ceño cuando se separan—. ¿Qué coño te ha pasado en el ojo?

—¿Te has metido en una pelea de bar o qué? —pregunta Guty, pero Kyran le hace un gesto con la mano para restarle importancia.

—No es nada. Estoy bien —contesta sonriente, dándoles abrazos y besos en la mejilla a todos nuestros amigos.

—¿Ha sido un crimen de odio? —pregunta Zeb, tocándole la cara mientras Kyran se aparta.

—¡No! Chicos, estoy bien, de verdad. Solo son… gajes del oficio —asegura, sin perder la sonrisa.

—Conque… cerveza, un baño y una buena ración de rabo, ¿eh? —se burla Frankie.

Kyran pone los ojos en blanco, pero luego me agarra la mandíbula y procede a darme tres besos seguidos en la boca.

—Te quiero muchísimo. Gracias por todo esto. Nunca me habían organizado una fiesta sorpresa…

—Me alegra que te guste. —Suspiro con el ceño fruncido y luego insisto en voz baja—: En serio, cari, ¿qué ha pasado?

La sonrisa se le apaga un poco y veo cómo se le mueve la nuez al tragar. Echa un vistazo a izquierda y derecha, probablemente para asegurarse de que ninguno de sus compañeros está cerca, y entonces susurra:

—Ha sido Payne.

—¡¿Payne te ha dejado el ojo morado?! —exclamo, y me lanza una mirada asesina para que no alce tanto la voz.

—Espera un momento… ¿El quarterback de los Eagles…? ¿ Jalen Payne te ha pegado un puñetazo en la cara? —inquiere Theo, acercándose a nosotros.

Kyran me fulmina con los ojos.

—No me ha pegado un puñetazo en la cara. Ha sido un accidente.

—¡¿Cómo vas a dejarle el ojo morado a alguien por accidente?! —chilla Bea.

—En el fútbol americano pasa bastante. —Guty se encoge de hombros.

—Exacto. ¿Veis? —dice Kyran en un tono calmado, aunque yo sigo intranquilo.

«Primero el temita de la rivalidad, ¿y ahora esto? No me gusta ni un pelo el Jalen Payne ese».

—Estábamos entrenando, los dos íbamos a por el balón y… me dio un codazo en el ojo —murmura Kyran—. No es para tanto.

Arrugo la frente y me muerdo el interior de la mejilla, observando el moratón de su preciosa cara. Me coge la mano y se la coloca sobre el corazón mientras me echa el pelo hacia atrás con los dedos.

—Cari…, estoy bien, de verdad —afirma en un tono apaciguador—. No te preocupes.

—¿Cómo no voy a preocuparme, Kyran? —musito—. Me da igual que haya sido un accidente, quiero cargarme a ese cabronazo por haberte hecho daño.

Bea, Zeb y Frankie suspiran de fondo, como si fuera lo más bonito que han oído en su vida, pero no les presto atención.

Kyran sonríe.

—Eres perfecto. —Me besa los labios suavemente—.

Precioso. —Vuelve a besarme—. Sexy. —Me traza un sendero de besos desde la mandíbula hasta la oreja—.

Y todo un semental. —Se me escapa una carcajada mientras me lame el lóbulo—.

¿Hace falta que esperemos o puedes darme ya ese regalo de cumpleaños que tienes entre las piernas?

«Dios mío, cómo quiero a este hombre».

«Incluso las preocupaciones merecen la pena cuando se trata de él».

—¿Qué te parece si te traigo una copa y algo de picar? —Le rozo la parte baja de la espalda con los dedos—. Ve a socializar un poco… y en veinte minutos te veo en el cuarto para la primera parte de tu kit orgásmico de cumpleaños.

—Mmm… —gruñe—. ¿Cuántas tiene?

—Tantas como aguante tu cuerpo antes de que tengan que inyectarte suero en vena. —Le sonrío con picardía, y se ríe.

Se separa de mí con un suspiro satisfecho y los ojos brillando de amor. Justo eso era lo que quería ver. Todo el esfuerzo que he dedicado a planear esta fiesta… ha sido únicamente por esa mirada.

Kyran procede a darse una vuelta para saludar a todo el mundo y darles las gracias por haber venido mientras yo le cojo algo de picar y un cóctel. Está feliz como una perdiz con la comida de su restaurante favorito y alucinando en colores con cómo ha quedado todo.

Al cabo de unos minutos, me escapo al dormitorio con su regalo de cumpleaños. En realidad, son dos, pero quiero dárselos en privado. Y no porque sean actos sexuales. «Que también los habrá, no te digo que no, aunque esos van aparte».

Cuando oigo pasos, me siento en nuestra pedazo de cama y deslizo los dedos por la tela suave del edredón.

Me recuerda a todas aquellas veces en las que se presentaba en mi apartamento de la uni y acabábamos enredados entre las sábanas de mi cama, mostrándonos con el cuerpo lo que guardábamos en el corazón.

Cuesta creer lo lejos que hemos llegado en solo un año. Ni siquiera me parece real. Me siento en una nube. Estar con este hombre es un sueño del que no quiero despertarme jamás.

—Ey… —susurra al entrar en la habitación, con esa sonrisa despreocupada que ahora siempre reposa en sus labios carnosos y que me encanta.

Ya no es el chico que solía ser mi hermanastro.

El que se peleaba conmigo, me fruncía el ceño y me odiaba porque estaba dolido, asustado y lleno de ira.

La evolución de Kyran Harbor es uno de esos fenómenos que atesoraré toda la vida, porque la presencié en primera fila.

A puerta cerrada, cuando estábamos juntos en secreto.

Lo vi crecer hasta convertirse en el hombre increíble que es hoy.

Un hombre que me quiere abiertamente, sin miedo. Un hombre que sobrevivió a una experiencia terrible y, aun así, no ha dejado de reír, amar y entregar todo lo que tiene.

Un hombre que me mostró quién soy de verdad. Si no fuera por Kyran Harbor, todavía estaría perdido.

Se lo debo todo a él y al viaje que emprendimos juntos… Por los fans.

—¿Eso es para mí? —Se acerca corriendo y se sienta a mi lado en la cama, ojeando con curiosidad la caja de regalo que tengo entre las manos.

Asiento con la cabeza y se la extiendo.

—Felicidades, cari.

Kyran rasga el papel y destapa la caja con cuidado. A continuación, saca el libro encuadernado en cuero y me mira de reojo, pero yo me limito a morderme el labio.

Cuando lo abre y lee la portada, se le iluminan los ojos. Pone: «Para Kyran, mi cari… Con cariño, de tu mayor fan».

Pasa las páginas lentamente, admirando todos los detalles que he reunido dentro. El libro está lleno de fotos que nos sacamos para los fans, dibujos que hice de él e incluso capturas de algunos de los comentarios y mensajes directos más graciosos que nos enviaban los fans.

—Cari…, esto es maravilloso —murmura.

—Es nuestra historia —susurro, jugueteando con su pelo.

Se gira hacia mí y me mira asombrado.

—Todo lo que hicimos…

—Siempre fue por ti y por mí, precioso —respondo con una sonrisa, y lo beso suavemente.

Gime contra mis labios, acercándose con ansia, como si quisiera más, pero se detiene para terminar de ver su regalo. La última página contiene una foto mía haciéndome un tatuaje… y vuelve la cara en mi dirección a la velocidad de un rayo.

Me río y me quito la camiseta. Justo encima de mi corazón está el tatuaje que me he hecho esta mañana. Su nombre en letra cursiva, con la frase «Mío para siempre» debajo.

—¿Puedo…? ¿Puedo besarlo? —pregunta en voz baja, fascinado.

Me muerdo el labio y asiento de manera sutil con la cabeza. Entonces coloca los labios sobre el tatuaje y besa suavemente su nombre. Acto seguido, me mira sonriendo.

—Sabe a vaselina.

Se me escapa una carcajada.

—Es Aquaphor. Es que me lo he hecho hoy.

Suelta una risita, cierra el libro y lo deja a un lado. Luego se inclina sobre mí hasta que me quedo recostado bajo él.

—Me temo que ya va siendo hora de reclamar ese kit orgásmico que me habías prometido, mi ángel.

—Mmm… Tendremos que ser rápidos. Y silenciosos.

—No hay problema —dice sonriendo, y le agarro el culo.

Me restriega su miembro erecto a través de los pantalones y, de pronto, desliza la vista hacia la derecha y frunce el ceño.

—¿Por qué está la puñetera gata en la cama cada vez que intento hacerte guarradas?

Me río por la nariz.

—¿Y si continuamos la fiesta en el baño? Así puedo inclinarte hacia delante y darte mucho más placer…

—Mmm… Suena bien.

Veinte minutos después, bajamos las escaleras despeinados, con la cara encendida y sonriendo como dos tontos enamorados, que es justo lo que somos.

El ambiente de la fiesta es increíble y, cuando Kyran sopla las velas de su tarta personalizada de dónuts, me mira con los ojos entrecerrados.

—No le habrás echado un gapo, ¿no? —Sonríe con picardía.

—La duda ofende. —Le guiño un ojo.

Nos sirven la tarta mientras estamos sentados en el salón con nuestra pequeña pandilla de deportistas y raritos…, como una familia de verdad. A pesar de nuestras diferencias, todos hemos conseguido hacer piña, igual que Kyran y yo.

Adoro a estas personas. Pase lo que pase en el futuro, estemos lejos o cerca, siempre serán mi gente.

Cualquier momento con ellos se convierte en una auténtica fiesta.

—Oye, Avi…, ¿y no has pensado en ser también la mascota de los Eagles aquí en Filadelfia? —pregunta Theo con una sonrisa.

Kyran y yo nos miramos de reojo, alzando ligeramente las comisuras de los labios.

—El tío que te ha tomado el relevo como Baldwin no tiene nada de gracia —se queja Guty—. ¡No sabe ni hacer el moonwalk !

Kyran me coge la mano y la besa.

—Lo siento, chicos. Ahora Baldwin es mío.

Le agarro la cara y le rozo lentamente la boca con los labios.

—Te quiero, mi cari.

—Y yo a ti, mi ángel con la gorra del revés —dice sonriendo.

—¡Buscaos un hotel! —grita Frankie.

—Si ya vienen de pegarse un buen revolcón, ¿no los ves? —suelta Zeb entre risitas.

Kyran me mira y se muerde el labio.

—¿Por los fans?

Apoyo la frente contra la suya y respondo en un susurro:

—Por los fans.

Por nosotros.

Fin…