Ponme las pilas Epílogo
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Epílogo

Meses más tarde

Nova

El evento de esta noche está a punto de empezar. Es el primero y estoy algo nerviosa. Mara se me acerca.

—Todo está listo para el desfile.

—Bien.

Mara aceptó trabajar conmigo. Hacemos eventos en el hostal de mis padres, pero también para otros lugares.

Me di cuenta de que quería mucho más que solo el hostal.

Quería estar en los eventos para Maeve y más cosas.

Me gusta organizar. Ver cómo plantear las cosas que quiere el cliente, con el espacio elegido.

Se me da bien la decoración. Y quería más.

Y Mara aceptó ser mi socia. Mi despacho y el almacén están pegados a mi casa, con Kalen.

Hoy el desfile es de ropa interior, para hombres y mujeres. Y hemos puesto una pasarela de metacrilato en la piscina, que hará el efecto de que andan sobre el agua. Con luces desde abajo, enfocando a los modelos.

Kalen se pone a mi lado y me acaricia la espalda.

—Todo está precioso. —Lo miro.

Ahora es mi marido. Mi marido. Nos casamos por todo lo alto. Aquí, solo para los más íntimos; pero tanto mi madre como mi suegra, y mi tía política ahora, quisieron hacer algo especial. Fue muy bonito, la verdad.

—A ver qué tal va.

Doy la señal y empieza el evento. Kalen y yo miramos cómo los modelos pasan descalzos por la pasarela.

Todo está yendo muy bien. El último es Kelvin; su carrera no deja de subir como la espuma.

Es sexi a rabiar y la cámara lo adora. Sobre todo cuando guiña un ojo y sonríe como un canalla.

Es su personaje. En verdad, es el mejor amigo que podría tener, pero eso vende.

Al acabar, damos unos aperitivos y me preocupo de que no falte de nada.

Ni tampoco una sola copa por llenar. Hay antiguos conocidos de Kalen que no le saludan, pero él menos.

Está aquí con su hermana y la novia de esta.

Sus padres no podían venir porque se han quedado con su nieta, y aparte no querían. Se han cansado de fiestas.

Al acabar, estoy agotada. Llegamos a casa y casi me he dormido en el coche. Kalen. Me coge en brazos y me lleva hasta la cama. Aunque estoy cansada, acabamos por besarnos y una cosa lleva a la otra… Soy débil ante él.

** *

Años más tarde.

—El hostal está mejor que nunca. Todo lleno. —Mi hermana está pletórica.

No para de llenarse. Año tras año. Parece mentira que llevemos cinco años aquí.

Yo me he hecho un nombre en la ciudad como organizadora de eventos y sigo subiendo vídeos, hablando de curiosidades de la tienda de mi cuñada, porque a las personas se les debe dar voz para que no sientan vergüenza por exigir un orgasmo bien hecho.

Noto un leve mareo y mi hermana me mira preocupada.

—Es solo hambre.

—Estáis buscando un bebé. ¿Y es eso?

—¿Ya estás embarazada? —Mi madre entra y se pone a saltar.

—A ver, no nos precipitemos. Solo es un mareo.

—Voy con tu padre a por un test de embarazo.

—¡¿Pero esto lo tendría que hacer con Kalen?! —Mi hermana se ríe—. Pues cuando te toque, ya verás.

Mi hermana piensa en su novio. Se conocieron hace dos años. Es un chef, y cocina muy bien. Afortunadamente, para nosotros ahora es parte de la familia y este lugar ha ganado con él. Me encanta ver a mi hermana tan feliz con él.

Al poco, llegan mis padres con cinco test.

—Sois un poco exagerados.

He escrito a Kalen para avisarle. Lo veo acercarse cuando voy al aseo.

—No creo que sea. ¿Quién se queda a la primera? ¡Cuesta mucho!

—Cuesta mucho, preciosa, pero a veces pasa.

Me hago el test y creo que un test de embarazo nunca tuvo tantos ojos puestos en él. En los cinco.

—Cogemos uno cada uno y lo abrimos a la de tres —esto lo dice Geno, que no sé cómo se ha enterado tan pronto. Bueno, sí, mi madre. Siempre están juntas.

—Esto es ridículo.

—¿Más que vender consoladores sin saber qué es un orgasmo? —Miro a mi hermana—. ¿Qué? Me lo has puesto a huevo.

—Venga —Kalen coge uno—, a la de tres, y que salga lo que salga, lo celebramos, porque ya llegará. —Me besa y cojo uno.

—Creo que he ido a caer en la familia más rara de la historia.

—Te encanta, no disimules —esto lo dice Geno que, cómo no, coge otro.

Mi madre otro y mi hermana otro.

Nos miramos, contamos y los sacamos de las cajas donde los metí. Miro el mío. Lo miro, una y otra vez. Mi madre rompe a llorar. O no, es mi padre.

—Voy a ser abuelo.

—Mira que eres tontito. —Mi madre lo besa y se pone a llorar con él.

—Voy a ser tía. —Mi hermana me mira feliz.

Yo sigo asimilando que una nueva vida, creada por el amor de mi vida, late ya en mis entrañas, a la espera de conocernos a todos. De amarnos, como nosotros lo amaremos.

—¿Todo bien? —Kalen me acaricia.

—Estoy asustada. —Sonríe con cariño—. No esperé que llegara tan pronto…, pero soy feliz. Muy feliz.

—Y yo.

Me besa y sé que, aunque tengo miedo, al final solo quedará la felicidad de ser madre.

Miro a Kalen y no hago nada más. Solo lo miro. Me pierdo en sus ojos oscuros, en su barba incipiente, en su pelo cayendo por su frente. Ha cambiado, he cambiado. Lo amo más que nunca.

—Todo, pequeña.

—Todo, contigo.

Nos besamos, creando nuestra propia burbuja, aunque el mundo ya no duele. Porque, cuando esta se rompe, seguimos aquí, luchando juntos por ser felices.

Ahora sé que las cosas no siempre llegan cuando quieres, que lo que merece la pena necesita sus tiempos y que la vida es como un buen orgasmo de mujer. Lento, apasionado y explosivo.

Porque son los preliminares los que te hacen latir y marcan la diferencia de una vida insulsa a una vida única y placentera.