Ponme a prueba Capítulo 10
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Capítulo 10

Reid

Kelvin se cambia y está jodidamente guapo. Lo miro más de lo que me gustaría mientras conduzco hacia el garaje que me ha puesto en el GPS de mi coche de alquiler, hasta que me den el mío. Aparco y me apunta varias direcciones en el móvil cerca para cenar.

—Te llamo para ver dónde estás cuando acabe el show .

Salgo del coche con él y me pongo una gorra. No creo que mucha gente me reconozca hasta que empiece la temporada, pero por si acaso.

Kelvin se marcha y lo miro. Lo observo más de lo que con seguridad admitiré luego.

Ando hasta unos food trucks en Seaport. Hace tiempo que no hago esto.

Desde que Kelvin y yo estábamos en la universidad.

A Alicia no le gustaba y yo no quería enfadarla.

He renunciado a muchas cosas en mi vida para no despertar a la «bestia».

Veo qué ofrecen, ilusionado, como hace tiempo que no me emocionaba nada. Me compro una hamburguesa y un taco. Joder…, me voy a poner las botas. Busco un lugar para sentarme. Hago fotos a todo lo que voy a comer y se lo mando a Kelvin, que al poco me responde.

Kelvin: Joder, qué envidia. Mi cena es una mierda y la mujer elegida me está aburriendo, hablándome de su gato. Joder, me encantan los gatos, pero no para de hablar solo de eso.

Me ha enseñado fotos. En una lleva ropa de bebé y tiene chupete. Tengo que hacer como que me encanta. Joder, ayuda.

Le mando una foto mía comiendo a dos carrillos.

Kelvin: Vaya cara. Pero me ha hecho reír y ella cree que es por ella, madre mía.

Sigo cenando y mirando el puerto. Al acabar, estoy lleno. No puedo moverme. Hago varias fotos y en redes busco a Kelvin. Veo que se han filtrado fotos con la misteriosa mujer. Salen del restaurante y se dan un largo beso.

Quito el vídeo. Kelvin me pregunta dónde estoy.

Le mando mi ubicación. De golpe, la comida se me ha removido en el estómago.

Cuando lo veo aparecer con una gorra negra, siento que algo vibra en mi pecho.

Se sienta a mi lado y me pongo más cerca.

Tomo aire. Su perfume inunda mis sentidos.

Joder, qué bien huele. ¿Siempre ha olido así de bien?

Lo miro y gira la cabeza.

—¿Qué te pasa?

—Nada… ¿Te ha gustado el beso?

—No, pero las redes ya hablan de ello.

—Sí, lo he visto casi en directo.

—Joder, qué rapidez.

Se echa un chicle a la boca y miro su boca moverse. No sé qué me pasa. Me levanto.

—Demos un paseo.

—Claro, para que bajes esa pedazo de cena. Te has comido hasta un taco.

—No puedo moverme. —Se ríe.

Andamos y me comenta la cita. Nos reímos como dos adolescentes. Joder, hace tiempo que no me reía así. Entonces, le pido que me cuente más cosas como esta. Me narra sus citas más desastrosas y lo escucho. Lo escucho sintiendo que el nudo en mi pecho se ablanda un poco.

Andamos pegados. Necesito sentir cómo su calor calma mi frío. Escucharlo me da paz en medio de la tormenta que estoy viviendo.

Hasta que llegamos a nuestras casas. Me despido de él y es la primera noche que duermo en un sillón, que se ha salvado, en el despacho.

Al día siguiente llamo para que arreglen el desastre y reemplacen los muebles.

Hablo con Petra y le pido discreción. Lo peor es que, cuando llego del entrenamiento, mi ropa está hecha jirones.

Alicia me la ha cortado. Hago fotos de todo y se lo mando a mis suegros.

Les digo que o vienen pronto o la denuncio.

Odio ir a malas con ellos, pero no puedo más.

Y ellos siempre me han pedido tiempo, que espere, pero hace tiempo que debieron decir basta.

Reid, esto no es vida. Al fin y al cabo, ella es su familia y yo no. Me ha costado verlo.

Y aunque los quiero, es la primera vez que me pongo por delante de ellos también. Me dicen que mañana vienen. Joder, ¿qué mierda he hecho con mi vida estos años?

He dejado que otros la manejen por mí.

—Mueve tu culo. —Jon me tira ropa nueva y me cambio para ir a entrenar.

***

Al llegar a casa, Alicia ha vuelto a joder los muebles y toda mi ropa.

La miro rota. Se lo mando todo a sus padres.

Recojo mis cosas que no ha roto, pocas. Joder, pocas.

Y duele. Por suerte, casi todas mis cosas de la universidad están en el trastero, a la espera de que nos mudáramos del todo.

No quiero joder a Kelvin con toda mi mierda, cuando yo no sé cómo procesarla.

Dejo las llaves al conserje y le digo a mi abogado cómo está todo. No pienso hablar nada más con Alicia.

Sus padres cogerán las llaves, con mi abogado, y pondrán a Alicia al tanto de todo. No pienso darle más de lo que se merece y, como no firme, he jurado publicar todo y denunciarla. Y lo haré. Joder, lo haré porque no puedo más y he dejado de estar ciego.

He comprendido que la violencia es en ambos lados y que, sin quererlo, me metí de lleno en una historia de dolor con cero amor. Y si aguanté es porque este niño huérfano pensaba que al final el destino le había dado su familia soñada.