Pole Position: Rivales en la pista Epílogo
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Epílogo

Harper

Es innegable que la lista me llena el corazón de una pequeña explosión de alegría, y casi quiero guardarme la imagen y ponérmela de fondo en el móvil, aunque supondría sustituir la foto en la que salimos Kian y yo, y eso no lo haría ni en sueños.

Los tres hemos formado un trío muy reñido en lo alto de la clasificación del campeonato, pero es la primera vez que estoy en primer lugar. Puede que Johannes no forme parte de Hendersohm, pero los tres —Elijah, Kian y yo— lo animamos y apoyamos en privado.

Si pudiéramos ser un equipo de tres, lo seríamos, pero por desgracia no es posible. Aunque de todas formas sigo queriendo salir victorioso dentro de nuestro pequeño trío. No hay nada que me guste más que presumir ante los otros dos como el piloto con menos experiencia de la categoría inferior .

—Oye, James, vamos, tenemos que hablar con la prensa antes de salir a celebrarlo. —Pues sí, he pasado al mejor amigo de Kian al lado oscuro. Le encanta salir a tomar algo y a cenar después de una victoria, o incluso para lamentarse de una derrota.

—Recuerda con quién estás hablando, Gutaga. La clasificación no miente. —Le enseño la captura de pantalla y me hace una peineta—. En realidad, me la ha enviado tu mejor amigo. ¿Te pone muy triste que me quiera más a mí que a ti?

—Sigue soñando. —Pone los ojos en blanco ante mi actitud, pero sé que está feliz por Kian y por mí.

La temporada pasada, nos costó un poco encontrar nuestro ritmo después de que Hendersohm me ofreciera un contrato de tres años junto a Elijah.

Casi recaigo en mis malos hábitos de juergas y de no ser un buen compañero de equipo, pero Kian voló a Canadá para el séptimo gran premio de la temporada y me puso en vereda a base de hostias.

No puedo negar que al principio me costó más volver a mi mejor nivel sin él en el equipo y en el circuito. Pero, en cuanto Elijah y yo encontramos nuestro ritmo, fue mágico. Y lo ha sido desde entonces.

Anders estaba tan agradecido de que Kian hubiera viajado cuatro mil kilómetros para asegurarse de que yo arreglara mis asuntos y las cosas con Elijah que le pagó los vuelos.

Anders sigue siendo el mejor. Casi me duele oír los rumores de que está pensando en jubilarse y cederle las riendas a su hijo.

No es que me queje, ojo. Puede que ahora esté cogido, pero no me importaría ver a menudo cada centímetro de lo guapo que es Jackson. Piel bronceada, rizos color chocolate y ojos castaños aterciopelados que no estaría nada mal contemplar durante nueve meses al año.

Últimamente, ha vuelto a estar más presente. Pasa tiempo en el box y se hace amigo de Cole, Ash y Anna. Parece que está dejando huella .

Tiene la misma edad que Kian, así que a lo mejor me atraen los hombres mayores a los que les gusta decirme qué hacer y ya. Quién sabe. Tengo ganas de ver cómo se desarrolla todo.

La prensa no ha parado de hablar del equipo de ensueño en el que se ha convertido Hendersohm en su corta trayectoria y de cómo ahora hay pilotos de todo el mundo que quieren formar parte de la mejor escudería de la Fórmula 1.

Ha sido brutal que yo haya contribuido a que el equipo se dé a conocer. Y un honor.

Elijah suele llevar la voz cantante ante muchas de las preguntas relacionadas con el equipo, pero a los periodistas les encanta intentar indagar en mi vida personal.

—¿Está Kian Walker hoy aquí? —me pregunta uno de ellos, y niego con la cabeza—. ¿Problemas en el paraíso?

Casi me río en su cara, pero no estoy dispuesto a volver a pasar por una sesión de formación sobre los medios de comunicación.

—Hoy no, en este preciso instante está construyendo nuestra casa definitiva.

No me puedo creer que en algún momento quisiera que nos escondiéramos detrás de las puertas cerradas de nuestra habitación. Ahora disfruto mucho hablando de él en todo momento. Sobre todo con los periodistas que dudaron de nosotros al principio de nuestra relación.

Nuestra relación ha causado furor en el mundo del automovilismo.

Ya imagino cómo habría sido si Kian no se hubiera retirado, si hubiéramos vuelto a formar equipo en Hendersohm o, Dios no lo quiera, en equipos rivales.

La rivalidad ya es bastante fuerte entre compañeros de equipo, por no hablar de equipos rivales.

Estoy seguro de que todos se lo habrían pasado en grande a nuestra costa.

—Debes de echarlo de menos. ¿Afecta a tu rendimiento en el circuito? —Esta vez, me río de sus comentarios ridículos.

—Creo que mis tiempos por vuelta y mi posición final hablan por sí solos .

Le lanzo a Elijah la mirada fulminante a la que ya está acostumbrado, y él nos guía por la línea de prensa para regresar al box con nuestra segunda familia.

Tengo una segunda familia. Es extraño pensar que tengo una, y mucho menos dos.

Sin embargo, la familia Hendersohm me ha cuidado durante los últimos tres años y luego, cuando me vaya, volveré a casa con los Walker.

Tengo muchas ganas de convertirme en un Walker, aunque Kian aún no sepa que planeo adoptar su apellido.

—Me cuesta creer lo mucho que has progresado en los últimos dos meses. El revestimiento de la habitación de invitados es increíble. ¿Quién iba a decir que mi prometido era tan manitas?

Estando separados durante la última temporada y media, se nos ha dado genial hacer videollamadas por FaceTime. Echar de menos a alguien como lo echo de menos a él cuando estamos en la otra punta del planeta es una experiencia nueva para mí.

El primer mes de la temporada pasada, cuando Kian estaba en casa intentando retomar la normalidad, fue el peor.

Tanto fue así que volé a casa dos días entre el gran premio de Arabia Saudí y el de Australia.

Si bien el dinero no es problema y alquilaría un jet privado todos los días de mi vida para ver a Kian si fuera necesario, supongo que fue una estupidez, teniendo en cuenta lo mal que me sentó el jet lag al regresar a Australia.

Ahora tenemos estrategias más saludables para sobrellevarlo, y Anders quiere tanto a Kian que está encantado de que nos acompañe cuando le apetece.

—Espero que sigas pensando lo mismo cuando lo veas de cerca. En la pantalla se ve mejor, creo. —El sudor le gotea por la frente. Está trabajando en la ampliación que construimos a principios de año .

Pude estar en casa con él durante todo el gran premio de Gran Bretaña y luego me fui tres meses y medio, y, cuando volví, la casa prácticamente había duplicado su tamaño y habíamos adquirido ocho animales.

Obviamente, Kian no construyó la ampliación por su cuenta, pero la está decorando y amueblando a la perfección. Lo convencí para que abriera una cuenta en redes sociales para documentar su progreso, y ahora tiene más de un millón de seguidores en Instagram y en TikTok.

—¿Sabes qué me encantaría tener? —le pregunto—. Una piscina.

Llevo tiempo lanzándole indirectas sobre la posibilidad de tener una en la propiedad. Con tanto terreno, sería perfectamente posible, pero Kian se resiste a aceptar.

—Tener una piscina exterior en el Reino Unido me parece una chorrada. Si solo tenemos dos semanas de verano y ya está. Además, el mantenimiento es un rollo.

—Contrataremos a un chico para la piscina —le propongo.

Kian pone los ojos en blanco antes de contestar.

—Sí, no me sorprende que quieras tener a uno.

—No tanto como te quiero a ti.

—Vaya, estar comprometido te ha vuelto muy cursi, Harper.

—Y te encanta.

Sé que sí. Kian acepta cada parte de mí, desde mi terquedad competitiva hasta la forma ridícula en la que expreso mi amor, pasando por cómo acaparo el edredón. No tengo ninguna duda al respecto. Ya no.

Estoy a punto de sugerirle una rápida sesión de sexo telefónico, o al menos preguntarle si podría verlo pajeándose en nuestra nueva habitación de invitados, cuando me interrumpen unos fuertes golpes en la puerta de mi habitación.

—¿Qué pasa? —pregunta Kian. El ruido ha sido tan fuerte que hasta él lo ha oído .

Miro por la mirilla y veo a Elijah y a Johannes en el pasillo.

—Un par de juerguistas —digo—. Un segundo. —Dejo el teléfono y abro la puerta para que entren—. Saludad a mi prometido.

Prácticamente les pongo el teléfono en la cara, pero se echan a reír sin más.

—Kian, por favor, pregúntale a tu hombre cuándo se va a cansar de esa palabra. ¡La va a desgastar! —El tono juguetón de Elijah me arranca una carcajada.

En los últimos dieciocho meses, Elijah y yo hemos congeniado mucho. Trabajamos bien juntos como equipo y también hemos tenido mucho éxito. Además, le encanta escucharme hablar de Kian durante horas, algo que a mí también me gusta.

Así que sí, puede que le haya dado demasiada importancia a nuestro compromiso, pero que Kian me pida matrimonio significa más que nada en el mundo. Más que cualquier campeonato, copa o contrato millonario.

Porque significa que quiere que esté a su lado para siempre. Es algo que nadie me había pedido nunca, y por fin no me da miedo aceptarlo ni mostrárselo al mundo. Me lo merezco, me lo merezco a él y me merezco ser feliz. ¡Gracias, terapia! Ya no me preocupa que me abandone.

No fue algo que sucedió de la noche a la mañana, ni mucho menos.

Supongo que por eso volé a casa dos días y contraje un jet lag crónico: para asegurarme de que seguía interesado en mí.

Y aquí estoy, listo para comprometerme para siempre.

Lo haría mañana mismo si Kian nos dejara, pero quiere que todo esté perfecto: la casita, la ampliación, el granero, la época fuera de temporada.

Ese es su regalo para mí: la boda perfecta. Y el mío para él es que me voy a convertir en un Walker. Quiero llevar su apellido porque la familia Walker me ha acogido y me ha dado la bienvenida de una manera que me ha cambiado la vida.

Otra cosa que ha cambiado mucho en nuestras vidas es que todos nos estamos adaptando a la vida en el campo.

Al principio era muy escéptico, pero tanto Kian como Grant estaban entusiasmados y vi lo felices que los hacía a ambos.

Grant ha reducido significativamente sus viajes de trabajo, y Kian y él han estado transformando el terreno de Chastity juntos.

Se ha convertido en un precioso bromance , y a nadie le hace más feliz que a Elise y a mí.

Con Cassie en la escuela y Jesse a punto de entrar a la guardería, Elise por fin ha retomado su carrera de Enfermería y, como Grant está más tiempo en casa, puede volver a perseguir el trabajo de sus sueños. No podría estar más orgulloso de los gemelos Walker.

A estas alturas, me he desconectado tanto de la conversación que Johannes sostiene mi móvil mientras Elijah, Kian y él charlan animadamente.

Johannes. A ver, Johannes sigue siendo un misterio.

Es una locura que se haya convertido en mi mayor preocupación del último año.

Algo ha cambiado en él, se ha vuelto reservado, callado, y solo quiere oír hablar de mi vida y nunca de la suya.

A veces eso ha complicado nuestra amistad, pero lo superamos.

Es algo que he tratado en profundidad tanto con mi terapeuta como con Kian.

Mi amigo estaba muy lleno de vida y, de pronto, se llenó de secretos.

Todavía le gusta salir a comer con nosotros y a tomar algo de vez en cuando, pero nunca mira a ninguno de los muchos hombres que se le insinúan.

No ha mirado a ningún tío en los últimos dieciocho meses, y ninguno de nosotros sabe por qué.

Al principio, no dejé de insistirle, pero solamente conseguí que se cerrara aún más en banda.

Ahora ya nos hemos resignado a que nos lo contará cuando esté listo. Como hice yo con lo de Kian.

La preocupación me carcome al verlo hablar con Kian. Hace bromas y tal, pero sé que no está del todo aquí. Y lo sé porque nos conocemos desde hace casi una década.

—¿Me dejáis despedirme de mi prometido, por favor? —pregunto extendiendo la mano para coger el teléfono.

—Y dale con la palabrita —bromea Johannes; aun así, me pasa el teléfono .

—Voy a invitar a cenar a estos dos payasos. Porque ahora gano un dineral después de llevarme el campeonato mundial del año pasado, ya sabes.

Sí, así es, gané el Campeonato de Pilotos un año después que Kian.

Si mi puesto en el equipo Hendersohm no estaba asegurado antes, lo estuvo después de esa victoria.

Todo el equipo se ha convertido en mi familia, en otra familia «elegida», así que ahora tengo dos.

Soy más rico de lo que jamás hubiera imaginado.

Familia, un hombre al que amo y la carrera con la que siempre soñé.

—Vale, cariño. —Johannes y Elijah miran a Kian con cara de asco detrás de nosotros—. Hablamos luego. Llámame cuando vuelvas y estés en la cama. —Me guiña un ojo, aunque por suerte ninguno de los dos lo ve—. Te quiero.

No importa que sea la millonésima vez que me lo dice, sigue llenándome de alegría.

—Yo también te quiero. Disfruta limpiando la pared.

Cuelgo y salgo a cenar con mis amigos.

Falta poco para que termine la temporada; entonces volveré a casa con mi prometido, mi Kian, mi amor.

Todavía me cuesta creer cuánto tiempo paso pensando en el futuro ahora.

Antes me limitaba a pensar en el día en cuestión, en la hora y en el segundo, y admito que eso me llevó a tomar muchas malas decisiones.

Sin embargo, ahora solo pienso en entrar por la puerta de nuestra casa.

Pienso en los hijos que podríamos tener algún día.

Pienso en el hecho de que cuando llegue a casa veré que Kian ha comprado un rebaño de ovejas o una manada de llamas, o algo igual de absurdo. Y me dará igual.

Me dará absolutamente igual.