Pisando fuerte Epílogo #2
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Epílogo #2

Sobre Julia y Gavin. Nuestros amigos se casaron al año y medio de que Gavin fuera a España de vacaciones, para visitar a Nathan y a Michael.

Su historia comenzó sin prisas, ambos se lo tomaron con calma.

Aunque para ser fiel a la realidad, al cabo de un mes y medio de videollamadas y de mensajes de todo tipo, después de que Gavin regresara a Londres, esa calma saltó por los aires y Gavin se presentó en el piso de Julia, para casi secuestrarla y llevársela con él.

Y a Julia le faltó tiempo para hacer las maletas.

Mi amigo le dio un giro radical a su vida.

Ese cambio lo celebraron a lo grande, unos meses más tarde nació un nuevo miembro de la familia, Sofía.

Mi amiga Julia dejó el trabajo y vendió su piso.

Con el dinero que consiguió inició un nuevo proyecto.

Abrió una tienda de ropa en Londres, una que hoy día es una de las más conocidas de la ciudad.

De aquella tienda inicial que abrió con mucha ilusión, con el paso del tiempo dio pie a abrir más.

En total Julia tenía cuatro tiendas repartidas por Londres y todas funcionan estupendamente.

La moda es la pasión de Julia, por lo que vive en un sueño continuo.

Aparte de Sofía también tienen a Claudia.

Están casados y son felices, aparte de ser tal para cual.

La historia de Elsa y Alan no funcionó. Ellos no encajaron como pareja y decidieron separarse después de meses de intentarlo.

Simplemente no estaban hechos el uno para el otro y prueba de ello fue que Alan conoció años después a Lily, una mujer maravillosa que encajó perfectamente con él.

Se casaron pasado el medio año de estar juntos, así que imaginad hasta qué punto conectaron.

Tienen tres hijos, Olivia, Alice y Charlie, de nueve, siete y cinco años, respectivamente.

Por otro lado, está Elsa y me llena de orgullo contar que Félix es su pareja.

Sí, mis dos amigos juntos. Fue totalmente inesperado para todos, ni ellos lo vieron venir.

Todo comenzó una noche de verano, en la casa de Nathan y mía.

Estábamos pasando las vacaciones juntos en Londres, vinieron todos nuestros amigos.

No faltó ninguno. El caso es que cuando terminamos de cenar nos sentamos en el suelo del salón, sobre cojines, y comenzamos un juego en el que había que elegir responder con la verdad a la pregunta que te hicieran, o tenías que besar a alguien en la boca.

Ya os hacéis una idea por donde fue el asunto.

Gael le hizo una pregunta a Elsa y esta, roja como un tomate, se negó riendo a contestar.

En ese momento gateó hacia la persona que tenía sentada justo enfrente y le dio un señor beso.

Esa persona fue Félix y el beso fue ardiente y pasional, y duró mucho más tiempo del normal.

Félix le correspondió en intensidad y en movimientos, y cuando se acordaron de que debían separarse para poder respirar, se quedaron mirándose sorprendidos.

Ese fue el desencadenante, todo lo que vino después fluyó con mucha normalidad.

Elsa y Félix están casados y tienen a Gabriel, de ocho años.

Viven en España, pero viajan muy a menudo a Londres.

Referente al ex de Elsa, Leo, el que le hizo mucho daño en el pasado a mi amiga, debo decir que Elsa dejó de tenerle miedo y todo fue gracias a Félix.

Mis otros dos amigos y compañeros de trabajo, Eva y Ollie, también habían formado sus familias. Eva está casada con Álvaro y tienen dos hijos, Daniel y Teo, de diez y siete años, respectivamente. Ollie está casado con Diana, son solo ellos dos, más todos sus amigos y la gran familia que formábamos.

Saúl, el que fue el dueño original del taller mecánico, un buen amigo, vive con Liam, un morenazo que lo persiguió hasta que lo consiguió.

Con acorralamiento y empotramiento incluido.

A Gael y a mí nos faltó poco para hacernos palomitas, para verlos en directo.

Llevan juntos diez años, son una pareja estupenda, y el tiempo no ha apaciguado ni un poco la pasión y el amor que sienten por el otro.

Con los años que han pasado no hemos perdido el contacto con las personas más cercanas que conocimos en la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores de España.

Me estoy refiriendo por ejemplo a John, el vigilante de seguridad.

Cuando nació Clara, la hija de él y Cecil, tuvimos un bonito detalle con ellos, desde la distancia.

Cecil consiguió llevar hacia delante el embarazo, a pesar de lo complicado que lo tuvo y de lo mal que lo pasó. Para John no fue nada fácil tampoco.

Por otro lado, está Iván, el que fue el compañero de John, ambos vigilantes de seguridad de la sede del ministerio.

Iván hace años que dejó ese trabajo, su hermano gemelo César se salió con la suya.

Tal y como me dijo César, el día que lo conocí, acabó convenciendo a Iván para que se hiciera policía.

Iván se casó con Carmen, la que conocíamos bien porque cada vez que íbamos a España quedábamos con ellos para comer o cenar.

Lo mismo sucedía con John y Cecil. Iván y Carmen tenían dos hijos, Santiago y Aroa.

Por último, también mantengo el contacto con Tomás, el amigo informático de la sede del ministerio.

Lo que sucedió nos unió más y desde entonces nos llamamos una vez cada semana o como mucho, cada dos.

Entre medio nos escribimos mensajes, sobre todo, con Mariam.

Ella es la mujer de Tomás desde antes de que él y yo nos conociéramos.

Hasta aquí un resumen muy breve de los doce años que han pasado. Todos estamos más que preparados para afrontar muchos más, siempre y cuando estemos todos juntos.

Sentada en la terraza del restaurante de París, mientras mis padre y Nathan hablan, me quedo embelesada viendo a mi marido. No ha perdido nada de su esencia y encanto, continúa igual de atractivo, e incluso diría que lo está más.

Es impresionante, lo mire por donde lo mire.

Apoyo la cabeza en su hombro y él me rodea los míos con un brazo. Me acerca a su cuerpo sin dejar de hablar con mi padre, y después hace una pausa para darme un beso en la cabeza y preguntarme si estoy bien.

¿Cómo no amarlo? Me hace sentir que soy el centro de su vida, siempre me prioriza. Entre eso, y que nuestra pasión se mantiene intacta, quiero una eternidad junto a él, una y mil veces.