Pisa la Raya (DC Jake Tanner 1) Capítulo 67
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Capítulo 67

THE CABAL

B ridger se desplomó en el asiento delantero de su coche y cerró la puerta de un portazo. Exhaló profundamente y pasó las manos por el volante, armándose de valor para hacer la llamada. Ya la había pospuesto demasiado tiempo, y cuanto más tardara, peor se pondrían las cosas.

El tono de llamada sonó en su oído, enviando descargas de pánico a través de su cerebro al resto de su cuerpo con cada señal. Juntó las rodillas mientras esperaba.

Respondieron a la llamada, pero fue recibido por el silencio.

—¿Diga? —dijo él, lamiéndose los labios—. Soy yo.

Hubo una pausa.

—Tienes mucho que explicar —dijo la voz al otro lado de la línea.

Bridger no sabía su nombre. Nunca se lo habían dado.

Ni siquiera sabía qué aspecto tenía. Lo único que sabía era que el apodo que el hombre se había puesto a sí mismo era El Cártel.

Y en el tipo de trabajo en el que estaba metido, a Bridger le parecía apropiado.

—¿Me toca todavía mi parte? —Bridger se hundió en el asiento de cuero.

—Depende de si logras convencerme de que te la has ganado.

—Escuche —empezó Bridger, reprimiendo el miedo en su voz—. No es culpa mía.

—Se suponía que debías sacarlos del país. Ese era tu único cometido. O están muertos o en una celda. Ese es tu problema. Tu culpa. No mía. De nadie más.

—Hubo problemas. Retrasos —dijo Bridger—. Ese tipo nuevo. Tanner. Se metía por medio cada vez.

—¿Es una amenaza?

—Qué va. —Bridger negó con la cabeza y miró por la ventanilla. Alzó la vista hacia la comisaría justo cuando Jake y Danika salían del edificio, retirándose a casa por la noche. Se despidieron con la mano y se dirigieron hacia sus respectivos coches—. Créame, no será un problema.

—De todos modos, lo pondré bajo mi radar.

—Él está en el mío también. —Bridger inspiró por la nariz y expiró por la boca. Despacio. Con cuidado. Como si el hacerlo bruscamente pudiera cabrear de algún modo a The Cabal—. Entonces, ¿me toca mi parte?

—Aún no me has convencido.

—¿A qué se re...? —empezó Bridger, preparándose para soltar un torrente de ira y frustración, pero se lo pensó mejor.

Aquel hombre era la fuente de la mayor parte de sus ingresos —el triple de su salario base solo por este trabajo— y no estaba dispuesto a jugársela. Si jugaba bien sus cartas, habría más.

—Traté de retrasar a Pemberton todo lo que pude, pero Tanner no me quitaba el ojo de encima —continuó Bridger—.

Las llaves. El campo de golf. Hasta llevaba el mismo puto reloj que yo.

Candice lo confundió conmigo; pensó que él era el que debía sacarlos de allí.

E incluso tenía una amiguita que lo ayudaba también.

Danika. Danika Oblak. Le pasaba información por teléfono constantemente.

—He oído su nombre antes. Ha surgido en algunas reuniones de recursos humanos. —Hubo una pausa—. ¿Qué hay de Mark?

—Intentó ganársela, pero no ha llegado a ninguna parte con ella. La ha invitado a tomar una copa para ver si puede conseguirlo por esa vía.

—¿Está a punto de ceder?

—Lo dudo. A lo mejor. Habrá que ver qué clase de magia puede sacar Mark de la chistera.

—¿Y qué hay del otro? Tanner. ¿Lo mismo para él? ¿Se le puede persuadir?

Bridger vaciló antes de responder. A lo lejos, a su izquierda, un Austin Mini Cooper verde salió de su plaza de aparcamiento, giró a la derecha, condujo por la carretera, pasó por delante de Bridger y se dirigió hacia la salida del parking.

Mientras el coche pasaba, Bridger se mantuvo ocupado con algo en el suelo del vehículo.

—Le ha ido con el cuento a Pemberton sobre nosotros, sobre Mark y sobre mí. Le ha hablado del papel con membrete, los retrasos, el interrogatorio ilegal a Michael. Hasta le ha contado lo del dichoso reloj.

—¿Es un problema? —preguntó The Cabal.

—Pero el muy niñato todavía no sabe nada del empujoncito que le di.

—¿Es un problema?

—No. No hay de qué preocuparse. Mark ha cubierto sus huellas y yo también las mías.

Mientras tanto, Pemberton nos apoya a muerte.

Lo descartó en cuanto él lo dijo. Está llevando a cabo una investigación menor, pero terminará pronto cuando no encuentren nada.

No es nada que no podamos manejar nosotros mismos.

—Parece que va a ser un problema mayor de lo que creías. ¿Estás seguro de que no se le puede persuadir?

—Tanner es diferente —dijo Bridger—. Tiene demasiado interés.

Demasiadas ganas de cumplir con su trabajo.

Pero es un buen detective. Ve las cosas de formas distintas.

Y tampoco tiene miedo de decirlas. Sería un activo muy valioso, pero o te deshaces de él de inmediato o te lo ganas. No hay término medio.

—Me gustan los proyectos en curso.

—Ese será uno de los trabajos más duros de su vida.

—Bien. Pero no pienses que se ha acabado para ti. Todavía no has terminado.

Bridger frunció el ceño y los músculos de su cara se tensaron. —¿Qué?

—No has acabado. Todavía no. Los hermanos van a pasar una temporada entre rejas. Una larga. Tu trabajo era sacarlos del país. Has hecho una chapuza. Ahora tu trabajo es sacarlos de la cárcel.

Bridger suspiró. Ahora estaba en deuda con The Cabal, y ese era el único lugar en el que no quería estar. —¿Y después habré terminado con este trabajo?

—Y después recibirás tu parte.

—¿Qué hay de Mark? ¿Se le aplican las mismas reglas?

—Deja a Mark de mi mano. Hay cosas que probablemente no te esté contando. Tienes que vigilar con quién se está relacionando.

—Pero yo...

—Del mismo modo, creo que lo mejor para ti será encontrar nuevos talentos dentro del equipo. Puede que los necesites porque la cosa se va a poner fea. Ah, y que no te pillen. Alguien mucho peor que Jake Tanner podría amargarte la vida.