Capítulo 65
SAMMY
H abían pasado tres días desde el robo y no habían parado ni un segundo: redactando informes, realizando entrevistas, procesando información, presentándola, revisándola y volviéndola a presentar.
Había sido implacable. Pero en todo ese tiempo Jake no había oído nada sobre la pequeña investigación que se estaba llevando a cabo sobre la conducta de Murphy y Bridger.
Tras plantear sus inquietudes a Pemberton, ella lo había despachado sin miramientos, negando las acusaciones en nombre de los acusados y tachándolo de ridículo por sugerir algo así.
Por alguna razón, ella los estaba encubriendo o, lo que a Jake le parecía más probable, estaba bajo su control de alguna manera.
Aquello no era un entorno en el que él quisiera estar, así que había empezado a aislarse del resto del equipo, distanciándose del hombre al que había considerado una posible figura paterna e incluso separándose de Danika, que parecía estar cada vez más unida a Murphy, a pesar de las protestas de Jake.
Todo era un desastre. Así que, cuando surgió la oportunidad de tomarse un día libre, Jake no se lo pensó dos veces y decidió aprovecharlo para despejarse viajando al norte, a Newcastle, y cumplir una promesa.
Aparcó en un parking desolado a las afueras de la urbanización de Elena Miller, a unos pocos kilómetros al norte del centro de la ciudad.
La antigua pareja de Freddy vivía en el bloque diez, quinta planta, piso veintidós.
Jake sacó su placa de la guantera, salió del coche y caminó hacia el edificio.
Al otro lado del aparcamiento, un grupo de niños jugaba con las bicicletas, sorteando las botellas rotas esparcidas por el hormigón.
Uno de ellos llevaba un balón de baloncesto en la mano, y el sonido de la pelota botando esporádicamente contra el suelo resonaba en los muros de hormigón gris de la urbanización.
Jake se detuvo ante un tramo de escaleras, consultó el pequeño panel en la pared que indicaba dónde estaba cada piso, se aseguró de estar en el lugar correcto y empezó a subir.
Las escaleras apestaban a alcohol, a sudor y a tabaco rancio.
Varios charcos de líquido empapaban los peldaños y Jake se esforzó por evitarlos.
Empezaron a dolerle las piernas mientras subía a la quinta planta.
Giró a la izquierda y caminó por el exterior del edificio, vigilando a los niños que jugaban y, más importante aún, su coche.
Se detuvo ante el número veintidós. Se oía el sonido de un televisor de fondo.
Jake levantó la mano y llamó con los nudillos a la puerta de madera.
Unos segundos después, la puerta se abrió y ante él apareció una morena delgada, casi desnutrida, con marcadas ojeras negras bajo los ojos.
Llevaba una fina sudadera gris con los cordones desproporcionadamente largos colgando de las clavículas y unos vaqueros rotos por la rodilla.
En la mano sostenía un plato azul claro con un sándwich.
Su rostro no mostraba expresión alguna, claramente poco impresionada por ver a aquel extraño.
—¿Puedo ayudarle?
Jake mantuvo su identificación en el bolsillo. —¿Elena?
—¿Qué pasa?
—Es sobre Freddy.
—No quiero oír nada. —Cerró la puerta de golpe, pero Jake la detuvo con los dedos antes de que se cerrara del todo y luego empujó con todas sus fuerzas para abrirla un poco. Plantó el pie entre la puerta y el marco para tener más apoyo.
—Por favor. Soy un amigo suyo. —Le resultaba extraño pronunciar esas palabras.
—Lo último que tiene ese hombre son amigos. ¿Quién es usted? —Se escondía tras la pequeña rendija de la puerta.
—Me llamo Jake Tanner. ¿Podría pasar, por favor?
—No —dijo ella, mirándolo con el ceño fruncido.
Detrás de ella, desde el interior de la casa, llegó una voz. —¿Quién es, mami?
—Oh, no es... no es nadie, Sammy. Solo un hombre que quiere charlar sobre cosas de adultos.
Vuelve a ver la tele. —Elena se quedó inmóvil.
Siguió mirándolo fijamente a través del hueco y él pudo sentir cómo sus ojos lo evaluaban, juzgándolo.
Finalmente, suspiró, se hizo a un lado y le permitió entrar—. Tiene cinco minutos.
Jake cruzó el umbral y esperó en el pasillo. Elena cerró la puerta principal tras de él y señaló hacia la cocina.
—Aquí dentro. No le quiero cerca de mi hijo.
Jake levantó las manos. —Es su casa.
La cocina era estrecha. Había una mesa pequeña abarrotada de libretas y libros de texto al fondo a la derecha, apenas lo bastante grande para dos personas.
A su lado, una nevera que llegaba a la misma altura que la mesa.
Junto a eso, un horno, una lavadora y un fregadero.
Elena se detuvo junto a un armario de pared y sacó un vaso.
—¿A qué se dedica? —preguntó Jake, hojeando otro libro de texto que estaba sobre la superficie junto a él.
Encendiendo el hervidor, ella dijo: —Estoy estudiando para ser enfermera.
—Eso es maravilloso —dijo Jake.
—Pero es un poco difícil con él por casa —Elena señaló con la cabeza hacia su hijo en la otra habitación.
—La felicito por ello. Siento un gran respeto por la gente que desempeña ese papel...
—¿Tiene hijos? —preguntó Elena, apoyándose en la encimera de la cocina con los brazos cruzados. Notaba que empezaba a relajarse con él, volviéndose menos hostil ante su presencia.
—Solo uno por ahora, aunque creo que pronto intentaremos ir a por otro. Digamos que no me decepcionaría si nos quedamos embarazados de nuevo. Al principio nos dijeron que no podíamos tener hijos.
—Por algo lo llaman el milagro de la vida.
Jake miró al suelo, se mordió el labio y decidió avanzar en la conversación. Era consciente del tiempo. —Él quiere verla... y a su hijo, Elena.
—Puede llamarme Ellie.
—Bien —dijo Jake.
—¿A qué se refiere con que quiere vernos? —preguntó ella, cambiando el peso del cuerpo de un pie al otro.
—A Freddy. Quiere verla. Quiere ver a su hijo.
—¿De eso se trata todo esto? ¿Ha enviado a uno de sus compinches para que le haga el trabajo sucio?
He estado recibiendo sus cartas y han ido directas a la basura.
Ese hombre dejó de ser un padre para Sammy el día que descubrí lo que era.
—Elena se alejó de Jake, ignorando el hervidor que acababa de terminar de hervir.
—No es así —dijo Jake, intentando rebajar la tensión entre ambos—. No es así en absoluto. Le prometí que vendría aquí. También le prometí que usted llevaría a Sammy a verle.
—¿Quién es usted? —preguntó ella.
Jake metió la mano lentamente en el bolsillo delantero y sacó su placa.
—¿Por qué utiliza a un poli para que venga a suplicar por él? ¿Le está pagando? ¿Es usted un corrupto? No sería la primera vez que veo a uno de esos por aquí.
Jake se guardó la placa y volvió a levantar las manos para que Elena pudiera verlas. —No es así. En absoluto. Es una larga historia, pero...
—Le quedan unos minutos para explicarse.
Jake tragó saliva antes de contárselo todo. Fue sincero con ella. Le explicó que Freddy le había ayudado a resolver el caso. Que Freddy le había demostrado a Jake que estaba arrepentido y que empezaba a cambiar, que era capaz de ello. Que Freddy había perdido a todos sus «hijos».
—Era como un padre para ellos. Nunca tuvieron a su padre al crecer, así que él asumió ese papel.
—Y mire cómo acabaron —espetó ella.
—Mi padre murió cuando yo tenía quince años, lo cual fue peor porque lo conocíamos y de repente nos lo arrebataron.
Yo era el hijo mediano, pero me vi obligado a adoptar ese papel.
Cuidé de mi hermano pequeño y me ocupé de mi hermana mayor, que ni siquiera me necesitaba.
Pero allí estaba yo, porque los quería. Le digo que no sabía lo que hacía.
Cometí errores. Todos lo hicimos. Los sigo cometiendo.
Y puedo decirle ahora mismo que nos habría ido mucho mejor si hubiéramos tenido a nuestro padre en nuestras vidas.
Él nos habría mantenido en el camino correcto, nos habría dicho cuándo girar a la izquierda y cuándo a la derecha.
No es que mi madre no hiciera un gran trabajo, porque lo hizo.
—Jake hizo una pausa para evaluar la reacción de Elena; estaba atenta, con los ojos concentrados—.
Freddy no pide mucho. Solo quiere verle.
Quizá incluso hablar con él un rato. No tiene por qué decirle a Sammy que Freddy es su padre.
A Freddy no le importa eso; se da cuenta de que renunció a ese privilegio hace mucho tiempo, como usted ha dicho.
Con tal de estar en su vida, mientras Sammy sepa que Freddy existe...
Quiero decir, ¿se ha preparado para cuando Sammy empiece a sentir curiosidad?
¿Para cuando quiera averiguar quién es su padre?
Elena permaneció en silencio.
Jake continuó sin darle tiempo a responder o pensar.
—¿No querría saberlo usted? Me refiero a que, si pudiera hacer algo por recuperar a mi padre, lo haría.
Sin dudarlo ni un segundo. —Jake echó mano de la cartera, sacó una tarjeta de visita con su número de móvil del trabajo y su correo electrónico, y la puso sobre la encimera.
Cogió un bolígrafo que había en el lomo del libro de texto que tenía al lado y, en el reverso de la tarjeta, anotó los días y horas de visita de la prisión de Winchester.
—Sé que está lejos —dijo Jake—, pero si lo necesita, estaré encantado de sufragar parte de los gastos. No puedo obligarla a ir, pero espero que haga lo correcto por Sammy, porque, al fin y al cabo, él es el que importa en todo esto. Ya me voy yo solo. Gracias por su tiempo.
Jake deslizó la tarjeta más cerca de Elena, se ajustó la cartera en el vaquero y salió de la cocina y del piso, cerrando la puerta tras de sí.