Capítulo 49
MICHAEL CIPRIANO
— R upert Haversham —dijo Michael Cipriano con una sonrisa irónica—. Es mi abogado. Quiero a mi abogado. —Sus hombros anchos y redondeados parecían bloquear casi toda la luz que provenía de la barata bombilla del techo.
—Mala suerte. —Bridger apoyó los brazos contra el borde de la mesa—. No va a tener ninguno.
—¿Bajo qué argumentos? —protestó Michael—. Conozco mis derechos.
—¿Quiere los detalles? Muy bien. Código C 6.
6 y Anexo B. La policía puede proceder con un interrogatorio en ausencia de un abogado si un agente tiene motivos razonables para creer que, de no hacerlo, se interferirá con pruebas relacionadas con un delito procesable o se dañarán dichas pruebas; que se alertará a otras personas sospechosas de haber cometido un delito procesable pero que aún no han sido arrestadas por ello; o si tiene motivos razonables para creer que obstaculizará la recuperación de bienes obtenidos como consecuencia de la comisión de dicho delito.
Así que yo diría que eso le cubre de lleno, ¿no cree?
Tenemos los tres supuestos. —Bridger levantó la mano y mostró el pulgar, el índice y el corazón frente a la cara de Michael—.
Tenemos las pruebas que le vinculan con el crimen...
Tenemos el hecho de que sus hermanos han sido alertados de lo que le ha pasado a usted...
y tenemos las joyas y el dinero con los que sus hermanos huyen y que siguen en paradero desconocido.
La mueca burlona de la cara de Michael se acentuó aún más. —¿Cuántas noches perdió memorizando eso palabra por palabra?
—Más de las que usted ha pasado en una cama buena y calentita.
—Solo hay una cosa que ha olvidado mencionar, sargento detective Bridger, y es que la ley también establece que el agente que tome tal decisión debe tener el rango de superintendente o superior.
No veo esas credenciales en su cargo por ninguna parte.
Ni en el de su colega. —Michael señaló con la cabeza hacia Jake.
—¿Y cuántas noches pasó usted memorizando esa parte concreta del código? —replicó Bridger.
—Solo una, en realidad.
—He obtenido el visto bueno de las altas esferas —respondió Bridger—. No tiene por qué preocuparse de si hago bien mi trabajo.
Jake reprimió una sonrisa de autosuficiencia.
Bridger se había encargado de agilizar el proceso para meter a Michael en la sala de interrogatorios, mientras Jake preparaba el habitáculo: trajo vasos de agua fresca y se aseguró de que la temperatura de la sala fuera cómoda.
Se había cambiado la cinta del magnetófono y la grabación de vídeo estaba encendida, monitorizada en ese momento por alguien sentado en el rincón de una sala en algún lugar recóndito del edificio.
Este era su primer interrogatorio en el que no estaba preparado.
Por lo general, el procedimiento permitía tiempo para presentar las pruebas y la línea de interrogatorio contra el acusado.
Pero ahora mismo no disponía de ese lujo y no quería que su falta de experiencia entorpeciera el proceso de ninguna manera.
Ahora todo dependía de Bridger, y tras aquel pequeño intercambio entre Michael y Bridger, Jake le admiraba mucho más que hacía media hora.
Bridger tenía el control del interrogatorio y Jake estaba encantado de que así fuera...
a menos que, por supuesto, viera una oportunidad para atacar.
Entonces dejaría que su intuición tomara el mando.
—Es sencillo —continuó Bridger tras el silencio de Michael—. Si usted quiere que lo sea.
—Deje a mis hermanos fuera de esto.
—¿Dónde están? —preguntó Bridger, yendo directo al grano.
—Se han ido.
—¿A dónde?
—Al País de Nunca Jamás.
—¿Con el Capitán Garfio?
—Con Campanilla —corrigió Michael—. Siempre se puede confiar en que Danny rocíe un poco de polvo de hadas sobre todo para que mejore.
—¿Y de verdad se cree eso? —Las palabras salieron de la boca de Jake antes de que tuviera tiempo de procesarlas. Parecía que había aprovechado la oportunidad de atacar sin darse cuenta—. ¿Cree que tiene el polvo especial para arreglar la situación en la que se encuentra?
Michael se encogió de hombros. —Conoce a gente...
—Yo también. Conocemos a mucha gente en nuestro trabajo —dijo Jake con sarcasmo.
—Me apuesto lo que sea a que Danny conoce a la misma gente que usted. Si no a más. Y si no mejor. —La misma sonrisa irónica volvió a aparecer en el rostro de Michael, esta vez llenando a Jake de una rabia incipiente—. Choca, ¿verdad? Que todavía queden maderos corruptos buscando el próximo cheque.
—Imagino que todos los maderos buscan su próximo sueldo.
—Nunca lo encontraréis —dijo Michael, limpiándose la nariz.
—¿Solo a ese hermano? Tiene dos.
—No necesito que me lo recuerde.
Jake se ajustó la corbata y la alisó contra la camisa. —¿Qué pasó entre vosotros? —preguntó—. ¿Cómo es que os separasteis?
Michael permaneció en silencio.
—Háblenos de Luke —dijo Bridger, volviendo a meterse en la conversación—. ¿Dónde está?
—Solo y asustado, sin duda —añadió Jake.
La respiración de Michael se aceleró. El rítmico subir y bajar de su pecho se convirtió en el jadeo de un globo a punto de estallar.
—Luke está bien —dijo Michael finalmente, evitando por primera vez la mirada de ambos—. Estará bien.
—Usted era el que cuidaba de él cuando eran niños, ¿verdad?
—preguntó Jake, inclinando la cabeza—. Era el hermano mediano.
Sin madre. Sin padre. Usted era el que lo preparaba para ir al colegio.
El que le daba de comer. El que le hacía el desayuno, la comida y la cena.
El que se aseguraba de que no perdiera el autobús o no llegara tarde.
Pero el papel de Danny era diferente: Danny protegía a Luke ante cualquier signo de peligro, y a usted le dejaba al acecho en un segundo plano.
Luke nunca apreció su ayuda. Al menos, nunca le dijo que lo hiciera.
Así que Danny se convirtió en el hermano mayor que siempre protegería a Luke, el ejemplo a seguir, y usted fue desplazado a un lado.
Y luego estaba Freddy, ¿no? Por dónde empezar con Freddy...
Apuesto a que Luke lo veía como el padre que nunca tuvo, un modelo, una figura paterna.
Supongo que la jerarquía era esta —Jake puso la mano plana en el aire, paralela al suelo.
Empezó desde arriba y fue bajándola por tramos—: Freddy arriba, luego Danny, y luego usted . ¿Suena acertado?
—¿Tiene hermanos o hermanas, detective? —preguntó Michael, manteniendo los brazos cruzados. Un fuego de agresividad ardía tras la cortina de sus ojos, listo y esperando a quemar el escenario y desatar el infierno.
Jake asintió. —Un hermano menor. Una hermana mayor.
—¿Los quiere?
—En su mayor parte —dijo Jake, pensando en sus hermanos y en cómo se habían distanciado en los últimos años.
Michael rodeó el borde de la mesa con los dedos.
—¿Le ha enseñado alguna vez a su hermano a robar para que no pase hambre por la noche?
¿Le ha enseñado alguna vez a mirar solo por sí mismo?
¿Le ha dicho alguna vez que nunca deje que nadie le pase por encima?
¿Le ha dicho alguna vez que, si le pasa algo, debe luchar, y luchar, y luchar hasta que la otra persona caiga y no vuelva a levantarse jamás?
Jake dudó. —No puedo decir que hayamos necesitado nunca tener esa conversación.
—Pues nosotros sí, Luke y yo. Le enseñé a devolver el golpe con el doble de fuerza. Así que no lo subestime. Es listo. Siempre lo fue. El más brillante de todos nosotros...
—¿Entonces por qué no hizo que siguiera en el colegio?
—Danny decidió meterse de por medio. Siempre le decía a Luke que tenía que quedarse con nosotros y seguir con lo que hacíamos, así que Luke siempre estaba a nuestro lado. Siempre esperaba a que le dijeran exactamente qué hacer. Perdió su independencia. Eso es culpa de Danny. Danny lo hizo así.
Jake asintió, absorbiendo todo lo que Michael le contaba.
—Sus acciones de ahora determinarán lo que ocurra a continuación —dijo Bridger con voz autoritaria pero calmada—.
El pasado está donde tiene que estar: atrás.
Todos tenemos cosas que nos gustaría enterrar, pero ahora mismo debería preocuparle su futuro.
Díganos dónde están sus hermanos y se le podrán facilitar las cosas.
Michael se miró el regazo, exhaló profundamente y luego levantó la cabeza.
—Saben, una vez leí algo. No recuerdo dónde.
Puede que fuera en algún libro. Pero hubo una frase que se me quedó grabada.
Decía: «Todos los hombres tienen una misma entrada en la vida, y una misma salida». ¿Qué creen que significa?
Jake miró de reojo a Bridger, cuya expresión era de tanta confusión como la suya.
—¿Que va a matar a uno de sus hermanos?
—Cerca, pero no del todo. Significa que no voy a darles lo que quieren a menos que yo consiga lo que quiero.
Jake sacudió la cabeza con incredulidad. —No veo la correlación, aunque empiezo a pensar que quizá usted sea el listo. ¿Qué es lo que quiere?
—Nací con un hermano y voy a terminar con uno. Les daré a Danny si dejan marchar a Luke. Él no ha tenido nada que ver con todo esto. Detective —dijo dirigiéndose directamente a Jake—, este es mi acto de retribución: voy a limpiar el expediente de Luke en lugar del mío.
—Comprende que esto no funciona así, ¿verdad? —añadió Bridger, consultando su reloj.
—Sí, pero no tienen mucho tiempo. El tiempo es esencial para ustedes. Me necesitan, les guste o no. De lo contrario, todo esto habrá sido una completa pérdida de tiempo.
Jake sonrió con desdén. —Le encanta esto, ¿verdad? Recibir la atención que nunca tuvo. No le necesitamos tanto como cree. Encontraremos a Danny y encontraremos a Luke... y cuando lo hagamos, ninguno de ustedes recordará cómo era la vida antes de la cárcel.
Al mencionar la cárcel, las pupilas de Michael se dilataron y se convirtieron en gigantescos agujeros negros que se tragaban el resto de sus ojos.
—Eso me recuerda —continuó Jake— que he visto a Freddy antes.
Estaba encantado de verme. Dijo que había intentado ponerse en contacto con ustedes, pero que no había recibido respuesta.
Ni una sola carta. ¿Y sabe qué es lo más desalentador que me dijo?
Dijo que, por encima de todo lo demás, estaba decepcionado con usted.
Con usted, Michael. Esperaba más de usted.
Creo que incluso yo le caigo mejor que usted y sus hermanos.
Pero imagínese: dentro de unos años, está en prisión, intenta contactar con Luke y él no responde.
Le ha olvidado. No es más que una mancha en su memoria de la que se arrepiente, mientras intenta mejorar su vida sin usted.
Si nos cuenta ahora lo que queremos saber, podemos llegar a un acuerdo.
Podemos buscar algo adecuado. Quizá podrían compartir celda.
Michael se sumió en un profundo estado de reflexión. Bajó la cabeza y jugueteó con los pulgares. Después de lo que pareció un largo rato, abrió la boca.
—El puerto de Southampton. Danny probablemente ya esté allí. Si pudiera decirles dónde está Luke, lo haría. Pero ya lo vieron: salió corriendo. Podría estar en cualquier parte a estas alturas.
—No importa —dijo Jake, levantándose de la silla y ajustándose la corbata—. Ya sabemos dónde está Danny; acaba de confirmárnoslo. Y ahora también tenemos una idea bastante clara de a dónde va a ir Luke.