Pisa la Raya (DC Jake Tanner 1) Capítulo 45
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Capítulo 45

CURRY

A compañándolos, mientras Bridger detenía el coche a veinte yardas del aparcamiento del puerto, avanzaba un convoy de apoyo armado que había sido solicitado por cortesía de la policía de Hampshire.

En el centro del aparcamiento se encontraba el Saab robado.

El capó estaba abollado y le faltaba uno de los faros; el metal estaba doblado y las puertas del coche se habían quedado abiertas.

—Deben de haberse ido con prisa —dijo Bridger mientras salía del vehículo.

Jake se unió a él y juntos se apoyaron contra el capó.

Tenían órdenes estrictas de permanecer donde estaban mientras el equipo de armas de fuego se acercaba al Saab abandonado en busca de cualquier signo de vida o amenaza.

Para ambos estaba claro que ahora estaban bajo el control de la policía de Hampshire.

Les habían pasado el testigo, pero Jake estaba decidido a asegurarse de cruzar la línea de meta con ellos.

Sentía el deber de encontrar a los hermanos; no por el pasado que compartían —aunque eso fuera un atenuante—, sino porque, a medida que pasaba el tiempo, el grupo de personas en las que podía confiar se estaba agotando muy rápido.

Tras varios largos minutos bajo el sol, intentando buscar algo de sombra, los agentes armados dieron el visto bueno a Jake y Bridger. Antes de que se les permitiera investigar el Saab por su cuenta, se pusieron los monos forenses.

Bridger fue el primero en llegar al coche.

—¿Qué ves? —preguntó Jake mientras se acercaba, peleándose con la cremallera de su mono.

Bridger alargó la mano hacia el interior, fuera de la vista de Jake, y sacó algo. Al principio no pudo ver qué era, pero luego, mientras Bridger rodeaba el vehículo, el objeto apareció ante sus ojos.

—La máscara —susurró Jake. En la mano de Bridger estaba la insidiosa máscara responsable de las pesadillas, de las semanas de sueño interrumpido que había sufrido después de aquel día en Oxford. Verla fue suficiente para que volviera a sentir un nudo en el estómago.

—Estamos cerca. No podemos ir muy por detrás de ellos.

Jake dio otro paso hacia el vehículo y miró por la ventanilla el puñado de joyas y cristales relucientes que estaban incrustados en las costuras de los asientos, allí donde se habían caído de las bolsas de los hermanos.

Jake se preguntó si los habrían dejado ahí a propósito como una burla cruel, un corte de mangas en toda regla.

Y luego pensó en coger uno; un solo diamante bastaría para solucionar varios de sus problemas financieros y mantener a su familia desahogada durante mucho tiempo.

Pero las consecuencias eran demasiado graves, y muy pronto se dio cuenta de lo estúpida que era aquella idea.

Una ráfaga de coches de policía patrulla frenó en seco en los límites del perímetro que se había establecido a unos cientos de metros por la carretera. Era otra patrulla de la policía de Hampshire. Al final de la comitiva venía un coche camuflado. Dos agentes bajaron y se dirigieron hacia ellos.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó uno de los oficiales uniformados. Su tupida barba le tapaba los labios, pero por su forma de hablar y la presencia inmediata que imponía sobre el resto del equipo, Jake tuvo claro que él era el oficial al mando. Aunque llegara tarde a la fiesta.

—Sargento Bridger. Policía de Surrey —respondió Bridger.

—No le necesitamos aquí, sargento. Mi equipo y yo podemos encargarnos de esto. Deje que hagan su trabajo. Si le necesito, hablaré con usted en un minuto.

Bridger asintió y sonrió con amabilidad en señal de derrota.

Por el poco tiempo que Jake había pasado con Bridger, sabía que aquello le iba a herir el orgullo, aunque el procedimiento dictara seguir las órdenes de la policía de Hampshire a partir de ese momento.

A nadie le gustaba ceder el control, y Jake solo esperaba estar ocultándolo mejor que Bridger.

Se hicieron a un lado y regresaron al coche de este.

Para cuando Jake llegó al lado del pasajero, su móvil empezó a sonar.

—¿Diga?

—Jake —era Danika. Hablaba despacio, como si su cerebro aún estuviera procesando lo que estaba a punto de decirle—.

He pensado que deberías saberlo: estaba investigando los billetes para el crucero en Portsmouth.

Todos han sido comprados con el apellido Cipriano.

Todos con la misma tarjeta de crédito. Todos estaban registrados con la misma dirección en Guildford, cerca de la universidad; hemos organizado un equipo de la oficina para registrar el domicilio.

—¿A dónde iban?

—A México.

—¿A México?

—A México.

—Maldita sea. ¿A qué hora sale el barco?

—Está previsto que salga a las dos.

Jake consultó su reloj: las 13:11.

—Necesito otro favor —dijo.

Había llegado el momento de que ella le demostrara lo que valía.

—¿De qué se trata?

—Las cámaras de seguridad del aparcamiento del puerto y de los alrededores. Lo más probable es que los hermanos vayan a pie. Será mucho más fácil rastrearlos mientras sigan así. Averigua qué dirección han tomado y dónde están. Además, ¿han salido ya sus caras en las noticias?

—No —respondió Danika.

—¿Quién es el oficial de enlace con los medios? Pensaba que ya se habrían encargado de eso. ¡Sus caras deberían estar en toda la televisión, en internet, en las redes sociales... deberían estar hasta en los laterales de los autobuses!

—Hay un proceso, Jake. Y recuerda cuál es tu lugar. No podemos ir por ahí dándoles órdenes a los superiores de esa manera.

Jake suspiró y se alejó un paso de Bridger, dejando que su agresividad fluyera a través de sus pesadas zancadas sobre el hormigón. Le dio las gracias y cortó la comunicación.

Al bajar el teléfono, intentó concentrarse en lo que ocurría frente a él.

En el equipo forense inspeccionando las costuras de los asientos del Saab.

En el ajetreo de peatones a la izquierda de Jake y en los agentes de policía que se esforzaban por mantener a raya al público.

Pero había algo que le rondaba por la cabeza.

Por ejemplo, ¿por qué dejarían los Crimson el coche a la vista de todos y sin hacer el menor esfuerzo por ocultar los daños que había sufrido?

¿Por qué reservarían los billetes con su propio nombre y no con el alias, como Freddy le había aconsejado?

¿Le había estado tomando el pelo Freddy o le estaba diciendo la verdad?

Bridger se puso a su lado.

—¿Sabes esa sensación de que algo no te encaja del todo? —le preguntó Jake.

—¿Te refieres a como cuando te has comido un curry? —Jake sonrió de medio lado—. No exactamente. Me refiero a cuando tu intuición empieza a señalar un par de cosas.

—Suele pasar. ¿En qué estás pensando?

—En que esto no cuadra —dijo Jake—. La agente Oblak me ha llamado y ha dicho que tenían billetes reservados para México con sus nombres originales.

Pero cuando hablé con Freddy, me dijo que buscara su otro apellido.

Dijo que era probable que hubieran reservado pasajes con un nombre que nadie supiera que tenían.

—¿Cuál es? —preguntó Bridger, metiéndose las manos en los bolsillos.

—Harrington.

—¿El apellido de soltera de Candice?

Jake asintió.

—¿Crees que han reservado billetes para el mismo crucero pero con nombres distintos?

Jake negó con la cabeza.

—Eso sería una estupidez —hizo una pausa—. O bien van en un barco más tarde hoy, o en uno totalmente distinto... Quizá incluso desde un puerto diferente.

Y entonces todo encajó. El mapa del sur de Inglaterra desfiló por su mente, con sus carreteras, ciudades, pueblos, líneas costeras y rutas marítimas.

Brighton. Portsmouth. Southampton. Bournemouth.

Southampton .

La unidad de almacenamiento.

La respuesta había estado delante de sus narices todo el tiempo.

—Madre mía —dijo—, se marchan desde el puerto de Southampton.