Capítulo 27
UN ACUERDO
D espués de lo que pareció una eternidad —con un tiempo precioso perdido entre convencer a las personas pertinentes para que les permitieran el acceso y luego pasar por los diversos controles de seguridad, puestos de vigilancia y máquinas de rayos X—, Jake pudo por fin sentarse en una sala frente a uno de los criminales más peligrosos y prolíficos de Gran Bretaña, Freddy Miller.
Tras enterarse de con quién se iba a reunir, Freddy había pedido ver solo a Jake, lo que significaba que Bridger se vio obligado a esperar fuera hasta que terminara la conversación.
—Me preguntaba cuándo vendrías a visitarme —dijo Freddy, sacando de debajo de la mesa la silla de enfrente—. Me han dicho que ahora juegas en el otro equipo.
Jake bajó un poco la cabeza, bajando la vista hacia su traje. Se enderezó la corbata y se ajustó el pasador metálico para mantenerla en su sitio.—Tengo mucho que agradecerte.
Freddy se inclinó hacia delante sobre la mesa, con el rostro brillando bajo la luz.
El hombre que Jake se había encontrado durante el último golpe de los Crimsons era completamente distinto al que tenía delante ahora.
A pesar de su tamaño y su presencia dominante, no quedaba energía en su rostro.
Ni vida. Ni vigor. El color se había esfumado de cada rasgo: las mejillas, los ojos, incluso los labios.
Su vello facial estaba descuidado y desaliñado, y parecía que acababa de despertarse.
Además, había perdido mucho peso. Tanto que, de hecho, el chándal reglamentario de la prisión le quedaba enorme; le colgaba de los hombros y dejaba a la vista la mitad del vello del pecho.
Jake calculó que no habría reconocido a Freddy de habérselo cruzado por la calle.
—¿De verdad has venido desde tan lejos solo para darme las gracias? ¿O es que vienes a pedir ayuda? —preguntó Freddy.
—¿No pueden ser las dos cosas?
Una sonrisa burlona asomó al rostro de Freddy—. Sé de qué va esto. Lo han vuelto a hacer, y te tienen justo donde querían, ¿verdad?
—¿Te has enterado de lo que ha pasado? —preguntó Jake. Tenía que jugar sus cartas con cuidado; si revelaba demasiado, se arriesgaba a perder la ventaja ante Freddy, quien, de hecho, tenía a Jake justo donde quería: suplicando de rodillas.
Freddy se encogió de hombros—. He oído cosas.
—¿De quién?
—De las paredes. Pasas mucho tiempo en este lugar y empiezan a hablar. Se vuelve bastante aterrador después de un tiempo.
—¿Quizá deberías ver a un médico?
—Los loqueros no son mis amigos.
—Seguro que podría hacerte una evaluación; tengo la carrera de Psicología.
—Qué chico más listo. Seguro que tus padres estaban muy orgullosos.
—Mi madre lo estaba.
—¿Y tu padre?
—Muerto.
Freddy se recostó en la silla, cruzándose de brazos.
Reclamó la atención de Jake con un solo movimiento—.
¿Cómo está esa novia tuya? ¿Cómo se llamaba?
—Freddy se tocó las sienes con los dedos índice y corazón—.
¿Alice? ¿Alicia? ¿Eliza? ¡Elizabeth! Eso es.
¿Cómo le va? ¿Sigue aguantando a un mierdecilla como tú?
Para su propia sorpresa, Jake se encontró riendo ante el comentario—. Sí. Sigue conmigo, por algún milagro. Incluso tenemos una hija preciosa.
Freddy aplaudió—. No pierdes el tiempo, ¿eh? ¿La concebisteis la noche que tuvimos nuestra pequeña incursión? Con los niveles de testosterona por las nubes. El ego por el techo. Realmente tenías mucho a tu favor esa noche, ¿verdad?
—Ojalá fuera ese el caso —dijo Jake.
—¿Está sana la niña?
—Está bien —mintió. Cuanto menos supiera Freddy sobre su vida familiar, mejor.
—Me alegro por ti.
Jake cambió la dinámica de la conversación para apartarla de sí mismo y centrarla más en Freddy—. ¿Y tu hijo? ¿Has hablado con él?
—No seas jodidamente ridículo. No le dejan acercarse a este sitio.
He escrito carta tras carta, enviándolas a la última dirección conocida de su madre, ¿pero he tenido noticias?
Ni una puta palabra. —Freddy hizo el gesto del cero con los dedos—.
Su madre no quiere saber nada de mí, así que por defecto eso significa que Sammy tampoco quiere saber nada de mí.
Ahora que era padre, Jake no podía imaginar nada peor que le arrebataran a Maisie.
No verla cada día, no sostenerla, no acariciarle el pelo, no darle un beso de buenas noches al acostarse o cuando llegaba tarde y ella ya estaba dormida.
Ella era su todo, su mundo entero. Y no permitiría que nada le hiciera daño.
Especialmente después de que a él y a Elizabeth multitud de profesionales les hubieran dicho, en un principio, que no podrían ser padres.
Se permitió pensar en Maisie de verdad entonces.
Desde que había llegado al trabajo, se había obligado a relegarla a los rincones de su mente en gran parte, aunque siempre al alcance de la mano, porque sabía que cuanto más pensara en su malestar, menos concentrado estaría.
La tos había empezado hacía unos días, y en el espacio de una jornada había empeorado gradualmente hasta que, finalmente, Jake y Elizabeth decidieron llevarla al médico.
Aún estaba esperando noticias de su mujer.
—Lamento lo de tu hijo —dijo Jake finalmente, reuniendo el valor necesario para pronunciar las palabras.
—Deberías. —Freddy hizo una breve pausa—. Tú eres el motivo por el que estoy aquí metido. Al menos antes podía ver crecer a mi hijo desde los márgenes de su vida. Ahora no tengo nada, ni forma de contactar con él. Nunca sabrá que existí, y no hay una puta mierda que pueda hacer al respecto.
Había una emoción en la voz de Freddy que Jake no había escuchado antes. Cuando se conocieron, Freddy le había hablado de su hijo, pero no había expresado tanta pasión y adoración como acababa de hacer ahora. Jake juraría haber visto las comisuras de los ojos del hombre brillar bajo la luz.
—No sé nada de lo que han hecho —dijo Freddy—. Esto es cosa de ellos. Es su golpe. Su trabajo.
—No estoy aquí para preguntarte si sabes algo de este.
—¿Qué necesitas de mí entonces? —No había expresión en su rostro ni energía en el tono de Freddy, como si el tema de conversación anterior se la hubiera extraído por completo.
—Necesito saberlo todo sobre los hermanos. Su pasado. Su presente. Su futuro. Este trabajo es diferente, Fred. Este es más… malvado .
Freddy se acarició la barba de varios días y sonrió. Estaba claro quién tenía todo el poder; Jake tendría que cambiar eso.
—No pides poco, ¿verdad? ¿Y yo qué saco de este pequeño acuerdo?
Jake tragó saliva antes de responder. Era el momento. Su as en la manga.
—Puedo conseguir que veas a tu hijo. Solo necesitaré algo de tiempo.