Capítulo 51
Pietro Collalto
El día está casi amaneciendo y ella todavía no ha despertado.
Ver su cuerpo pálido en la cama me encoge el corazón. No quería que se hiciera daño de ninguna manera.
Le sujeto la mano, queriendo mostrarle de cualquier forma que jamás la dejaré sola. Mi teléfono suena y veo el nombre de Henrique en la pantalla.
—¿Cómo está mi hija? —pregunto inmediatamente, pensando en mi bambina.
—Bien, está durmiendo ahora. Ha pasado casi toda la noche en vela, pero sin llorar. No niega ser hija de Helena, es fuerte como su madre. Solo te llamé para confirmarte que Nathan avisó de que ya podíamos salir de la habitación segura.
Henrique, después de pasar por el entrenamiento de la mafia, se volvió todavía más protector con su hermana y su sobrina, y solo confía directamente en mí y en Tizziano. Bueno, confiaba, ¿no?
¡Qué infierno!
—Sí, podéis salir. Pero no le quites los ojos de encima.
—Ni un minuto. ¿Y cómo está mi hermana?
No dejo de notar su protección hacia Helena.
—Estable, estoy esperando que despierte en cualquier momento.
—No me dejes sin noticias.
Confirmo y cuelgo el teléfono.
Vuelvo mi atención a mi mujer.
—Amore mio, per favore, despierta —susurro besándole la frente—. Ya he perdido a mi hermano, no soportaría que algo te pasara a ti.
¿Es mucho egoísmo por mi parte? Sin duda. Pero no me importa. Todo lo que quiero es a mi mujer viva y bien.
—Si algo te pasa, soy capaz de acabar con el mundo entero. Perdóname por no haberte protegido. —Me siento culpable por no haber conseguido evitar que recibiera un disparo.
No se mueve.
Decido hacer algo que no tengo muy por costumbre.
Rezo una oración y espero que Dios no me odie.
Espero que recuerde que ayudamos regularmente a la iglesia. ¿Es con dinero de la mafia? Sí, pero aun así contribuimos.
Me paso la mano por el pelo, incómodo, pero empiezo mi plegaria.
—Dio, no te lleves a mi mujer, yo no conseguiría vivir sin ella. Sé que no soy una buena persona, pero por favor escúchame. Helena es maravillosa y merece vivir. Si no es por mí, piensa en nuestra bambina, ella merece tener una madre.
Le acaricio el pelo y susurro constantemente para que vuelva a mí. Necesito saber que está bien para continuar mi venganza.
Y sé que empezará dentro de poco.
Sigo con Helena, pero ya articulando mi siguiente paso.
Llamo a Alexander Ivankov, el actual pakhan de la mafia rusa. Su padre está muy enfermo y él tuvo que asumirlo todo. Tizziano había conseguido una buena relación con su padre, que se extendió a él.
Intentaré mantener esa relación para tener un problema menos en mi vida y, además, un aliado en el momento de mi venganza.
—¡Buenos días, Alexander!
—¡Buenas noches, Pietro!
Maldito huso horario. Miro la hora y veo que todavía es un horario aceptable para molestarlo.
—Olvido que estás al otro lado del mundo. No te he interrumpido en nada, imagino. Pero necesito hablar contigo.
—¿Crees que si estuviera follando te contestaría?
—se burla. Y no, sin duda me dejaría esperando.
No puedo decir mucho, porque haría lo mismo—.
Considero a tu familia por lo que hicisteis por nosotros, pero no es para tanto.
Por cierto, me he enterado de lo de tu hermano, lo siento mucho.
—Su tono cambia, demostrando que realmente lo siente.
Cuando estábamos pasando por el proceso de organización de la “paz” entre las mafias, intentaron matar a Alexander y a su padre. Tizziano y yo los ayudamos, evitando sus muertes. Mi hermano recibió un disparo que iba destinado al viejo.
—Gracias. Es justamente sobre eso de lo que quiero hablar. No sé hasta dónde sabes lo que está pasando, pero muy pronto tendremos grandes problemas entre las mafias, y me gustaría no tener problemas con vosotros.
Soy sutil al decir básicamente: o estás conmigo, o contra mí.
—Sabes que podrás contar con nosotros. Cuando sea necesario que vaya a Nueva York, avísame. Y si necesitas algo más, solo tienes que decírmelo. Lo que Tizziano hizo por mi padre es algo que jamás voy a poder pagar.
—Te mandaré más detalles pronto. Solo estate preparado para el caos que voy a causar.
Alexander suelta una carcajada al otro lado.
—¿Cuándo no causas caos? Tizziano siempre dejaba esas partes en tus manos porque sabía de tu sed de sangre.
—Era inteligente. Gracias por la ayuda.
Él está de acuerdo y colgamos.
El médico de Helena entra en la habitación para revisarla.
—Doctor, ¿alguna novedad?
—No, está bien. Ahora solo hace falta que su cuerpo quiera despertar. La pérdida de sangre y todo el estrés que sufrió pueden estar haciendo que tarde un poco más en reaccionar. Si hay cualquier cosa, llámenos.
Estoy de acuerdo y me deja solo de nuevo.
Vuelvo a sentarme junto a su cama, sosteniendo su mano.
—Amore mio, vuelve a mí. No soy nada sin ti.
Helena aprieta levemente mi mano.
—Eso, mia vita[30], vuelve a mí.
Abro involuntariamente una sonrisa solo de pensar que está volviendo.
Helena Collalto
Escucho todo a mi alrededor, pero no soy capaz de abrir los ojos.
Es como si estuviera atrapada en mi propia mente, esto es horrible de cojones.
Lo único que quiero es despertar y decirle a Pietro que no quiero dejarlo, que estoy aquí, que la culpa no es suya. Me interpuse en la trayectoria de aquella bala para salvar a Alessia, y volvería a hacerlo.
Intento volver con todas mis fuerzas, tengo ganas de gritar, pero no ocurre nada. Todo vuelve a quedarse oscuro.
Ya no soporto más sentir el dolor en las palabras de Pietro.
Doy todo de mí para intentar abrir los ojos y, por fin, salir de este limbo.
Y cuando percibo eso, que finalmente consigo moverme, me esfuerzo al máximo para abrir los ojos.
La vista me arde al verse inundada por la claridad de la habitación.
Intento hablar, pero la garganta me raspa.
—Pietro... —mi voz sale apenas como un murmullo bajo.
—Amore mio… no me lo creo, por fin… has vuelto a mí... —Sus palabras salen con dolor, como si creyera que iba a morir. Me abraza, y me siento tan cómoda entre sus brazos que lo único que hago es dejar que las lágrimas caigan.
—¿Sientes algún dolor? Voy a llamar al médico. —Toca el timbre junto a la cama.
Me llevo la mano a la garganta, que me duele.
Y entiende que no consigo hablar bien.
El médico me examina y me da un poco de agua.
—Es normal estar así. Fue intubada y ha pasado un día entero recuperándose.
Decido por fin preguntar por el miedo que me atormenta. Me duele el brazo y me preocupa no poder luchar más.
—Doctor, ¿voy a tener alguna secuela en el brazo? —pregunto hablando pausadamente y en voz baja.
—No. Haciendo fisioterapia, en poco tiempo tendrá los movimientos normales. No alcanzó ningún ligamento, fue un disparo limpio.
Al menos alguna cosa buena puedo celebrar.
Asiento para él.
—¿Cuándo puedo salir de aquí? —Sé que Pietro solo está en el hospital por mi culpa.
—Solo haremos algunos exámenes más y será dada de alta. Pero debe cuidarse bien en casa.
—Vale, gracias.
Sale de la habitación, dejándome con Pietro.
—Creí que iba a perderte. No lo soportaría, Helena. Entiendo por qué mi hermano se interpuso en la trayectoria de la bala por Giulia. Haría lo mismo por ti.
—Tú estás loco, eso es lo que pasa. Vittoria depende de los dos. No podríamos simplemente morir sin pensar en nuestra hija. ¿Y dónde está mi hija?
Se le cierra el semblante, como si pensar en dejar a su hija sola tampoco fuera una posibilidad.
—Ella y Alessia están al cuidado de tu hermano y de mi madre.
—Quiero salir de aquí, no me gustan los hospitales. Quiero volver a casa y ver a mi hija.
—Haremos los exámenes y nos iremos.
Voy con la enfermera y hago todo lo que me piden, y poco más de una hora después estoy dada de alta.
Volvemos a casa, y Pietro no se ha detenido ni un momento. Está viendo con su padre los últimos detalles del entierro, que será mañana.
Yo no he conseguido alejarme de mi hija. Incluso con un brazo sin poder hacer esfuerzo debido a la cirugía, me quedo con ella lo más cerca que puedo.
Al final del día, Pietro entra en la habitación donde estoy con ella todavía en mi regazo.
—¿Se ha dormido? —susurra, y asiento en señal de acuerdo.
Coge a Vittoria de mi regazo y la coloca en la cuna. Y me lleva a nuestra habitación.
—¿Cuánto tiempo has estado con ella en brazos?
—Unas horas, no conseguía separarme de ella. Creo que solo ahora me ha caído la ficha de todo lo que ha pasado. Cuando Giulia salga del coma, va a quedar desorientada.
Desvía los ojos de los míos, sin conseguir sostener mi mirada.
—No puedo imaginar lo que está sintiendo Giulia. Yo, como hermano y tío, estoy devastado, con odio, pero al mismo tiempo sé que esto forma parte de nuestro entorno. Nunca estamos totalmente seguros.
Se me encoge el pecho con esa posibilidad. Solo de imaginar que algo les ocurra a Pietro, Henrique o Vittoria, siento que el corazón me palpita, las manos me sudan y me tiemblan. Lo disimulo para que él no lo note.
—Helena, ey, deja de pensar demasiado y céntrate en mí.
Siempre me impresiona que note cuando me pierdo en pensamientos intrusivos, saliendo de la realidad.
—Perdona, pero empecé a pensar en todo lo que podría pasaros. No lo soportaría.
Me sujeta las manos y vuelve a mirarme a los ojos.
—Amore mio, no voy a romper mi promesa contigo. Voy a protegeros. Pero le prometí a mi hermano que mataría a quienes le hicieron esto. Así que necesito que entiendas que los próximos meses no serán fáciles. Voy a acabar con toda la falsa paz que creamos.
Que sea totalmente transparente conmigo marca toda la diferencia para mí. Sé que confía en que puedo ayudarlo.
—Voy a estar a tu lado para lo que necesites.
—No quiero involucrarte en esto. Verte en una cama de hospital, sabiendo que lo que te dejó allí fue mi vida, me destruyó.
Desvía los ojos de mí, y yo sostengo su rostro entre mis manos y lo hago mirar en mi dirección.
—Fui a parar al hospital por mis decisiones. Me enseñaste a disparar, sé luchar y elegí quedarme. Así que no pienses que tienes poder sobre lo que yo elijo.
—No juegues conmigo, amore, no quiero que te hagas daño.
—Lo entiendo, pero no voy a encerrarme en una jaula de oro porque creas que puedo morir.
Se pasa las manos por el pelo. Visiblemente buscando calma.
Menos mal que avisé de que no soy fácil de llevar.
—Está bien. No vamos a discutir, tienes que descansar, te han operado hace poco. Y mañana el día será intenso, serás oficialmente la esposa del jefe. Nuestra vida va a cambiar aún más, Helena.
Ahora soy yo quien desvía la mirada. No me había detenido a analizar ese detalle.
—No había pensado en eso. Dios mío, ¿cuándo llegan los días de paz?
—¿A mi lado? Nunca. Te casaste con el caos.
Acabo riéndome de mi propia miseria.
No quería involucrarme con nadie por miedo a una pérdida, y ahora estoy en el centro de todas las atenciones de la mafia.
Necesito organizar mi mente si quiero que esto funcione.