Pietro Collalto: Embarazada del Mafioso que me Engañó Capítulo 47
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Capítulo 47

Helena Collalto

Voy a hablar con Charles sobre una de sus solicitudes y acabo chocándome con Sophia al salir de su despacho.

—¡Hola, Helena!

Su sonrisa hacia mí es enorme.

—Hola, Sophia, ¿todo bien?

—Sí, vaya, acabo de darme cuenta de que habéis decidido quedaros todas embarazadas juntas. Cuando todas esas criaturas estén en un único ambiente va a ser puro caos.

Está pareciendo un resfriado, una lo coge y se lo pasa a todas. Giulia, Claire y yo estamos embarazadas.

Acabo riéndome, porque realmente son muchas criaturas.

—Normal, ¿no?

Charles aparece en la puerta, llamando la atención.

—Sophia, deja de retrasar mis compromisos. Los niños deben de estar esperándote allí en el proyecto.

Ella le saca la lengua a Charles y se despide de mí.

—¿Trabajáis en algún proyecto social?

—Sí, Sophia y yo éramos del equipo de atletismo de la universidad.

Ahora ella dirige un proyecto social aquí y yo ayudo con clases de atletismo siempre que puedo.

—Eso me interesa, siempre pensé en ayudar de alguna forma, ahora que tengo recursos, puedo intentarlo.

Hablaré con Pietro al respecto—. Desde que volví, mi padre me está encargando cada vez más cosas aquí.

—Por lo que he oído, pronto te convertirás en CEO.

Hace unos dos meses que trabajo con Charles y las noticias que he oído por los pasillos son que su padre es extremadamente exigente y que discuten bastante.

—Sí, básicamente ya ejerzo la función, pero no he sido nombrado oficialmente. Sin embargo, no fue para hablar de eso por lo que te llamé. Los resultados que estás presentando son excelentes. Pietro no exageró ni un gramo en los elogios.

Me siento avergonzada, porque mi marido siempre se empeña en ensalzar mi trabajo.

—Gracias. Con mi embarazo llegando a la recta final, no voy a conseguir estar presente, pero el trabajo principal está hecho y, conforme acordamos, la formación con tu equipo sigue sin demasiadas incidencias.

Su equipo es bueno, una u otra persona difícil de llevar, pero creo que eso pasa en todas partes.

—De acuerdo, sobre eso, quiero que después de volver de tu baja no nos olvides y continúes con la consultoría.

—Creo que es poco probable que deje de trabajar. —Sonrío, porque no consigo imaginarme parada.

—Lo imaginé, Pietro siempre dijo lo workaholic que eres.

Como si él no lo fuera también. Y hablando de él, me manda un mensaje.

Amore:

Mia bella, ¿puedes venir a la empresa cuando salgas de Vanderbilt?

Antes de responderle, finalizo algunos asuntos técnicos con Charles y voy al encuentro de Pietro.

Helena:

Estoy de camino.

Mi guardia me recoge en el garaje. Pietro me permitió escoger con cuántos quería moverme. Ha hecho de todo para mostrar que está siendo transparente conmigo. Y he ido dejando, poco a poco, que las cosas vuelvan a la normalidad.

En cuanto llego a recepción, su secretaria libera mi entrada y encuentro a Pietro en el despacho, que viene inmediatamente a mi encuentro.

—Amore mio, ¿cómo te sientes?

—Bien, un poco cansada, tu hija se pasa haciendo fiesta en mi barriga, parece más una futbolista.

Coloca la mano y siente que ella se mueve, e inmediatamente su sonrisa crece. No se contiene y se agacha, empezando a hablar con ella.

—Mi pequeña, papá no ve la hora de tenerte en brazos.

En esos momentos casi olvido que es mafioso.

Le da un beso a mi barriga y se levanta, mandándome sentar.

—Vamos a los negocios. Quiero cambiar tu trabajo en la empresa.

No me lo creo, va a querer que pare por culpa del embarazo.

—Pietro, ¿vas a querer que pare porque estoy embarazada? Todavía faltan dos meses para que nazca Vittoria.

—¿Puedes escucharme antes de pensar demasiado? —Asiento, y él continúa—. Si estás de acuerdo, quiero que te encargues de toda nuestra contabilidad.

¿Ah, es eso? No va a cambiar mucho de lo que ya estoy haciendo hoy.

—Está bien, básicamente ya estaba encargándome de las empresas.

—No solo de las empresas. Quiero que te encargues de todo, Helena, tanto de las cosas de la mafia como de las empresas.

Al fin y al cabo, todo esto es tuyo. Y creo que nuestro contable ya está viejo y cansado.

Voy a jubilarlo en unos meses y a poner a otro en su lugar, y quiero que tú estés por encima de ellos.

Estoy seguro de que vas a mejorar todavía más nuestros procesos.

Empiezo a reírme.

—¿Quieres que aproveche impuestos sobre las drogas y armas con las que trabajas? —bromeo, porque sé a qué se está refiriendo.

—No sería mala idea, solo es una pena que no paguemos impuestos sobre esos artículos básicos. Amore mio, quiero que sepas de verdad todo lo que hago, y si quieres formar parte, será inevitablemente otro éxito tuyo.

—Tú solo tienes que ganar, Pietro, nunca haces nada para perder.

No lo niega, abriendo una sonrisa cínica.

—Jamás, mia bella. Tengo a la mejor esposa y todo esto es tuyo. Al mismo tiempo que no tienes ninguna obligación de aceptar, solo creo que vas a ayudarme más que cualquiera.

Lo encaro como un desafío, aprender sobre todo lo de la mafia y, quién sabe, ayudar.

—No puedo discrepar. Explícame cómo funciona todo y qué necesitas que haga.

Me dirige esa sonrisa, esa de confianza que siempre me desarma.

Y entonces empieza a explicarme cómo funciona todo el proceso, desde las negociaciones de compra hasta la distribución y la recepción.

Acabo de darme cuenta de que la mafia es mucho más organizada de lo que pensé.

Un mes después

—Amore mio, tengo una sorpresa para ti. —Pietro entra en la sala que estoy usando en la empresa.

Levanto los ojos para observarlo.

—¿Una sorpresa buena?

—Creo que sí te va a gustar. Es un regalo anticipado de cumpleaños. Me da miedo dejarlo para tu cumpleaños y que nuestra niña simplemente nazca.

Me sorprendo, no esperaba un regalo anticipado.

—Maravilloso, entonces, señor Collalto, ¿cuándo es la sorpresa?

—Hoy. —Abro mucho los ojos, porque no lo esperaba—. No me lo esperaba, estoy terminando algunos análisis aquí, tengo algunos puntos que pasarte.

Su semblante cambia un poco.

—No me ha gustado cómo has hablado. ¿Qué has descubierto?

Me conoce hasta tal punto que, por mi tono de voz, sabe cuándo hay algo mal.

—Analizando los últimos meses, he percibido algunas discrepancias financieras. Tu contable está, semana a semana, desviando dinero. Lo hace todo de una forma sutil para que no lo percibierais. Lo noté cuando empecé a acompañar los movimientos diarios.

Veo que aprieta la mano en un puño y respira hondo.

—Sabía que conseguirías ver más allá. Nunca me equivoco contigo, amore mio. Hoy no quiero matar a nadie, pero mañana resuelvo esto temprano. Voy a avisar a Nathan para que busque a los implicados ahora mismo.

Habla con tanta calma que hasta me asusta. Cuando se contiene tanto así, generalmente el resultado no es bueno para la otra parte.

—Está bien, ¿podemos ir entonces a la sorpresa?

Mi curiosidad está por las nubes.

—Claro. —Envía un mensaje, creo que a Nathan, y entonces vamos a una de sus discotecas aquí en Nueva York.

Escoge una que tiene un escenario principal grande. Generalmente hay presentaciones aquí.

Percibo que no está abierta al público y me parece extraño.

En cuanto entro, estallan confetis y gritan sorpresa. Hay globos, pancartas y una mesa con tarta.

Ha preparado una verdadera fiesta. Cuando me detengo a prestar atención a quién está en la fiesta, veo a Taína y a Felipe. No puedo creer que Pietro los haya traído.

—¡Lena! Tía, mira esa barriga, ¡nuestra niña está casi naciendo!

Taína me abraza y justo después viene Felipe.

—No puedo creer que estéis aquí —me emociono al ver a mis amigos.

—Claro que estamos, hemos venido a celebrar contigo. No sabes cuánto se te echa de menos —me responde Felipe.

—Yo también os echo de menos, pero este definitivamente es mi lugar.

Mis ojos buscan inmediatamente a Pietro, que está hablando con su hermano.

No contengo una sonrisa cariñosa hacia él. No puedo negar que mi marido está haciendo de todo para demostrarme que merece mi confianza.

Creo que ya no hay por qué negarlo.

Saludo a todos los presentes. He acabado acercándome a las personas en las que Pietro confía, y ahora también forman parte de mi convivencia.

Sin contar que he hecho trabajos de consultoría para la mayoría.

—¿Te está gustando la sorpresa, mia stella? —me atrae hacia sus brazos, manteniéndome allí.

—Sí, gracias por tanto cuidado conmigo. No solo por la fiesta, sino por todos los mínimos detalles en los últimos meses. Me has mostrado en cada pequeña cosa que confías en mí y que me quieres tan junto a ti como cualquier miembro de la mafia.

Pasa la mano por mi mejilla y dice:

—Quiero que seas el cien por cien de mi mundo, Helena, y la parte que faltaba ahora ya la estás dominando, como siempre. Solo necesitabas entender que definitivamente no existo sin ti.

—Lo he entendido, y es recíproco. Gracias por eso. Creo que ya hemos dado tiempo suficiente.

—Saber eso es un regalo para mí, y el cumpleaños es tuyo. —La sonrisa se estampa en su rostro—. Ahora vamos a la otra parte de tu regalo.

Me tira hacia los sofás que están delante del escenario, me sienta y me tapa los ojos.

Escucho que Taína da un gritito al fondo.

—¿Qué ha pasado?

—Esto.

Quita la mano y entonces veo a Jorge y Mateus en el escenario.

¡No me lo creo!

—Dios mío, Pietro, son mi dúo favorito.

—Lo sé, me cansé de verte escucharlos, y como no pudiste ir al concierto con Taína la última vez, nada más justo que hicieran un show especial para ti.

—Si no te hubiera perdonado hace cinco minutos, en este momento te perdonaría.

—Mierda, si lo hubiera sabido los habría traído hace meses.

—No tienes remedio.

Lo abrazo dándole un piquito.

Y después disfruto del show, pensando que los ha contratado para un concierto exclusivo. No hay nada mejor para mí en este momento.

Empiezo a cantar acompañándolos.

Taína y yo parecemos dos locas.

“Por mais que eu queira

Não consigo mais pensar em nada (nada)

Quando eu notei, já era amor

Eu não imaginava

Que eu fosse querer

Era você

Pra que entender?

Eu tô amando você”[25]

No evito mirar a Pietro mientras canto.

Y él mira al fondo de mis ojos y susurra:

—Ti amo, mia donna[26].

No podía ser diferente, nuestro destino fue trazado y no podemos huir de este amor loco que sentimos.

Es como dice la letra, ¿para qué entender? ¡Te estoy amando!

Ya desistí de entender hace tiempo, ahora decidí simplemente vivir.