Pietro Collalto: Embarazada del Mafioso que me Engañó Capítulo 32
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Capítulo 32

Helena Moraes

Llegamos hace poco de la boda de Adrian y Claire, y voy a recibir a Giulia en el salón porque está entrando en pánico y no me ha dicho exactamente qué está pasando.

Me siento en el sofá a esperar, mientras mi cabeza gira, pensando todavía en lo que ocurrió en la discoteca, en cómo recordé lo que papá me hacía cuando me pegaba. Las palabras ofensivas y el sentimiento de culpa.

—¡Eh, Lena! ¡Eh, tierra llamando! —Henrique aparece frente a mí.

—Hola, estaba distraída.

—Lo he notado, estabas mirando a la nada, concentrada y encogiendo la cara. ¿Qué ha pasado?

Está visiblemente preocupado.

—Me acordé de lo que pasó en la discoteca...

Henrique se acerca, sujetándome las manos, y me hace mirarlo.

—Hermana, han pasado dos semanas de eso. Reaccionaste como siempre entrenaste para hacerlo, te protegiste.

—Lo sé, pero aquella reacción fue una reacción física, ¿sabes?, como un instinto de supervivencia. ¿Tiene sentido eso? Sabía que tenía que reaccionar, mi cuerpo simplemente fue. Pero después me hizo recordar el pasado.

—No necesitas recordar el pasado, está allí olvidado exactamente donde debe quedarse, y ya no puede hacerte daño. Y nos tienes a mí y a Pietro para protegerte, además de a ti misma.

—Sé que sí, vosotros sois mi base, sé que puedo confiar con los ojos cerrados.

—Perfecto, entonces saca esos pensamientos de tu cabeza y no entres en pánico, ¿vale?

—Estoy bien, solo estaba pensando realmente en eso.

En el fondo me siento bien, pero no dejo de preguntarme por qué todavía parece que esa parte de mi pasado me incomoda.

Aline me dice que es porque son años que pasé sufriendo sin poder reaccionar, que sentía como si necesitara enfrentarme al dolor para matarlo.

No sé si tiene sentido, pero no quiero traer a mi progenitor frente a mí para descubrirlo.

Solo quiero olvidarlo y ya. Ya decidí seguir adelante, así que no voy a dejar que vuelva a desestabilizarme.

Giulia entra con la gobernanta, y mi hermano dice que va al dormitorio, dejándonos a solas.

—¿Qué ha pasado?

Mi cuñada tenía un semblante cargado, e incluso con un poco de miedo.

—Dio, Helena, estoy en pánico. ¿Podemos ir a tu habitación?

—Claro.

Subimos casi corriendo, y al llegar al dormitorio se sienta en la cama y noto que tiene una bolsita en la mano.

—Giulia, estás empezando a preocuparme.

—Perdono[17].

—Está bien, dime qué está pasando.

Empieza a hablar en italiano y a llorar, haciendo que no entienda nada. He empezado a estudiar el idioma, pero ella pronuncia las palabras tan rápido que no me deja comprender.

Cojo su rostro, haciendo que se concentre en mí.

—Cálmate y dime en inglés qué está pasando.

—Creo que estoy embarazada.

La miro sin entender el motivo de la desesperación.

Hasta que una idea me viene a la cabeza, dejándome en shock.

—¿Tizziano no es el padre? Dios mío, Giulia, ¿qué ha pasado?

Sus ojos se abren tanto que casi se le salen.

—No, no, no.

Está roja como un pimiento.

—No digas una locura de esas.

—¿Entonces por qué la desesperación? —No lo comprendo.

—Primero, que no lo estábamos esperando. Mi último embarazo fue de riesgo, el médico dijo que no era aconsejable que tuviéramos otro niño, y el momento que estamos atravesando no es el más adecuado.

¿A qué se refiere al fin y al cabo?

Pietro no habla mucho sobre su hermano, así que no sé si tienen algún problema con las empresas, pero no podría ser, ya que desde que me mudé estoy actuando todavía más en sus empresas.

—Desde que empezaste a sentirte mal por las mañanas imaginé que podía ser, pero te negaste. ¿Por qué crees ahora que realmente puede ser?

—Porque en mis dos embarazos me dieron náuseas con el olor del zumo de fresa, y es mi zumo favorito de la vida.

—Ve al baño y hazte el test.

—¿Cómo sabes que he traído un test?

Aprieta la bolsa entre las manos con más fuerza.

—¿Qué otra cosa ibas a traer en una bolsita a mi casa?

—Tienes razón, ¡ay, Dios mío!

Corre al baño de la suite, se hace dos tests diferentes, los coloca en el lavabo y se queda mirándome mientras espera el resultado.

La abrazo mientras esperamos, su cuerpo tiembla de ansiedad. Son pocos minutos que parecen una eternidad.

Cuando pasa el tiempo, miramos el resultado y empieza a llorar.

Envuelvo su cuerpo, que convulsiona por el llanto, y cuando por fin se detiene, observo sus ojos esperando encontrar tristeza, pero lo que veo es solo alegría.

—¿Está todo bien?

—Sí, estoy feliz por todo esto. ¿Cómo voy a estar triste sabiendo que es un pedacito mío y de Tizziano lo que está aquí dentro? —Se lleva la mano a la barriga con cariño.

—Vais a poder con ello, no va a pasarle nada.

—Sí, vamos a prote... Espera, ¿cómo que “ella”? ¿Has dicho que será ella?

—Ah, sí, creo que es una niña. No sé, instinto, simplemente.

—Tizziano va a morir solo de pensarlo. Imagínate cuando decida tener novio. Ah, voy a encontrar eso hilarante.

—Seguro que tendrá a sus hermanos y a sus tíos comiendo de su mano.

—Eso es seguro.

Parece visiblemente más calmada y empieza a hacer varios planes.

—¿Cuándo vas a contárselo?

—Voy a hacerle una sorpresa, mañana mismo se lo diré. Aaaa, estoy tan nerviosa, no planeábamos tener más hijos.

—Aunque no lo planearais, sé que saldrá bien.

Escuchamos la puerta abrirse, y Giulia corre a esconder el test.

—¿Amore mio?

—Estoy aquí con Giulia.

La miro con complicidad mientras vuelve a guardar el test en la bolsa.

—Yo ya me iba, Tizziano debe de estar esperándome —dice sin esconder la sonrisa en el rostro.

—Sí, salió del despacho preocupado porque no te encontrabas bien.

—Dio, déjame correr antes de que crea que me han secuestrado —bromea y sale corriendo, riéndose. Ni parece que entró aquí llorando desesperada.

Pietro mira hacia la puerta por la que Giulia salió, después me mira con el semblante confuso.

—No intentes entender a tu cuñada —acabo riéndome, sin poder no alegrarme por ella.

Pietro sale desvistiéndose para ducharse, y cuando entra en el baño vuelve corriendo, con una cajita en la mano, y me coge en brazos.

—Amore mio, ¿estás embarazada? ¿Vamos a ser padres?

Sus ojos brillan, y me quedo sin reacción. No quería contar el secreto de Giulia, pero ¿cómo puedo fingir que creo que estoy embarazada?

Empieza a besarme, con una sonrisa enorme.

—Pietro, amor, calma.

Al detenerse, me mira y ahora parece entrar en desesperación. Y antes de que pueda continuar, empieza a hablar sin parar.

—Helena, perdono. Amore, no estás embarazada, ¿es eso? Per Dio, qué idiota soy.

—Pietro, para, escúchame. —Sujeto su rostro con las dos manos, haciendo que me mire—. Realmente no estoy embarazada, pero el test no es mío. —Frunce el ceño, intentando entender adónde quiero llegar.

—Giulia es quien está embarazada, pero por favor no digas nada, quiere hacerle una sorpresa a tu hermano.

Vuelve a ponerme en el suelo.

—Tiene sentido, por eso se ha estado encontrando tan mal. También se puso así en los embarazos de los niños. Perdóname, pensé que podías ser tú. Nunca hemos hablado de hijos, ni siquiera sé qué piensas.

Pietro aprieta los labios y me mira, esperando mis palabras.

—Está bien, vamos con calma, y yo todavía no había pensado en hijos. Fue tan difícil para mí con Henrique, desde que mamá murió cuidé de él, que en realidad ni pensaba en tener hijos.

Sus ojos se apartan de los míos durante unos segundos antes de tomar aire y traer una sonrisa avergonzada.

—Vuestra vida no fue fácil, tiene sentido que tengas miedo.

—¿Tú quieres tener hijos?

Me envuelve en sus brazos, y su calor siempre es reconfortante. Apoyo la cabeza sobre su corazón.

—No voy a negar que pienso en tener hijos, pero lo que decidas lo aceptaré.

No está mintiendo, pero siento sus latidos acelerados contra su pecho.

Sé que este es el momento de abrirme un poco más a él.