Pietro Collalto: Embarazada del Mafioso que me Engañó Capítulo 31
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Capítulo 31

Pietro Collalto

Observo la pista de baile de la discoteca mientras espero a que Tizziano termine una llamada.

Miro la hora, sabiendo que dentro de poco llegará mi diablilla con Giulia, que convenció a Helena de que debía venir hoy a la discoteca.

Ella, después de tener a los niños, bajó mucho el ritmo.

Giulia siempre fue una mujer agitada que volvía loco de celos a Tizziano, pero solo después de convertirse en madre se dedicó a la vida materna, dejando de lado las noches de fiesta, y sus salidas se volvieron más esporádicas.

Pienso en mi prometida y, per Dio, qué bueno es este sentimiento de posesión. Llevo un mes viviendo la felicidad de poder decir que es MI prometida, y dentro de unos meses será mi mujer.

Helena está mucho más tranquila después de que finalmente asumiera lo que sentía y me dejara entrar sin más reservas.

Mi hermano termina la llamada y se detiene a mi lado, haciéndome volver a la realidad.

—¿Esa de allí, cerca de Karen, no es la prometida de Adrian?

No había reparado en ella cuando hablé con Karen más temprano.

—Parece que sí. ¿Qué estás haciendo?

Tiene el teléfono apuntando hacia la mujer y una sonrisa sádica en el rostro.

No contengo una carcajada.

—¿Vas a molestar a Adrian?

—Obvio, de hecho ya lo he molestado y ha respondido.

Gira el teléfono en mi dirección, con una respuesta que solo pregunta cuál es la discoteca.

—Dentro de poco aparecerá por aquí.

—A veces eres tan idiota como Hearst. Cambiando de asunto, Macallan me ha informado de que la carga está retrasada porque ha tenido un problema en la producción, pero que mañana saldrá de allí. Ya he pedido que rehagan toda la logística. Pronto estará resuelto.

Tizziano dirige su mirada evaluadora hacia mí.

—Excelente, esa carga será importante para distribuir las últimas armas que compramos. Las entregas directas estaban llamando demasiado la atención. Con todo este caos con los albaneses, prefiero que hagamos las cosas de forma más discreta.

—Fue lo que imaginé. Después de que su jefe se “matara” y de nuestros ataques, tuvieron mucho que rehacer.

Aun así, estoy actuando de manera ordenada para no dejar que vuelvan a atacarnos.

El FBI también les pisa los talones. El caos que provoqué dejándoles la culpa a ellos les ha traído bastantes problemas.

Una breve sonrisa se dibuja en la comisura de sus labios.

—Eres su peor pesadilla. Sigue así, hermano —me da una palmada en la espalda y enseguida se gira hacia su teléfono, que está sonando.

Contesta rápidamente y entiendo que alguien se ha puesto malo. Mi preocupación por Helena es inmediata.

—¿Qué ha pasado?

—El guardia y conductor de Giulia no está bien, parece que ha sufrido un infarto, era lo que me faltaba. Voy a buscarla.

—Puedo pedir que venga el conductor de Helena, hoy estaba de descanso.

—No, voy yo mismo. No me gusta que Giulia vaya con cualquiera. La seguridad de mi mujer es mi prioridad, después de los últimos ataques no tengo la confianza muy alta.

Yo también había redoblado la seguridad y dejado como responsables de Helena solo a personas de mi extrema confianza.

Siempre hemos sido la mafia más vigilada por nuestro tamaño, riqueza y poder.

Así que nuestros enemigos tienen en todo momento el placer de intentar atacarnos.

Con lo que no cuentan es con que estamos acostumbrados y siempre preparados para esas cosas.

—Vale, os espero.

En cuanto sale, entra Nathan.

Su semblante está cerrado.

—Pietro, creo que ha llegado el momento de pedirle a Karen que descubra qué ocurrió. Porque todo lo que encontramos son callejones sin salida.

Estoy hasta los cojones de esto, y no quería involucrar a Theo y Karen en esta historia, pero ya no tengo elección.

—Aprovecharé que está aquí y le avisaré de que necesito un servicio.

Reparo en un movimiento en la pista de baile, y enseguida uno de los guardias llama a la puerta y me pide que baje, porque uno de mis asociados está causando problemas.

Perfecto, excelente día para tener un desastre aquí.

—¿Qué coño está pasando aquí? —Los guardias rodean la confusión—. Ya he dicho que aquí dentro no quiero peleas.

—Pietro, el pijo no sabe con quién se ha metido. Puedes echarlo fuera, que yo acabo con él. Como mínimo, no sabe follarse a una mujer.

Con todo el juego de luces, no había conseguido notar hasta ese momento quién estaba peleando, pero ahora pude ver perfectamente que son Alessandro y Adrian.

Miré a Adrian y a la mujer que causó la pelea. Perfecto, es la prometida que Tizziano me mostró. Me cago en la puta.

—Tú eres el que no sabe qué coño está haciendo.

Joder, te has metido con la mujer equivocada.

—Adrian es tan posesivo como un mafioso, y no quiero problemas con él, menos aún porque su mujer seguramente no hizo nada.

Conozco bien a Alessandro—. Solo voy a dejar que salgas vivo de aquí por tus años de servicio.

Ahora, no vuelvas a meterte con la mujer de ningún amigo mío, ¿entendido?

—Pietro, ¿qué?!

Alessandro no entiende nada, pero hago una señal a Nathan, que sabe exactamente qué hacer.

Lo arrastran hacia fuera y, en el fondo, yo sabía que esto acabaría ocurriendo. No lo mato solo porque una pelea no es motivo y por el respeto que tengo por su padre, que siempre fue un buen soldado, pero no lo quiero más cerca.

No puedo dejar de burlarme de Adrian.

—Acabas de comprometerte y ya has decidido venir a arriesgar la vida en una discoteca de la mafia. Amigo mío, estás totalmente de rodillas por la pelirroja. Espero que te haga sufrir.

Suelta una carcajada, pero no lo niega, y se acerca a la mujer. Empiezan una discusión que, por la música alta, no consigo entender.

Pero la pelirroja lo desafía bailando, lo que no dura mucho. En una fracción de segundo, él besa a su prometida y enseguida se la echa sobre los hombros, arrancándome una risa. Va a ser divertido ver a esos dos juntos.

—Sal por aquí con ella. Voy a pedir que entreguen tu coche en la parte trasera, y no armes más líos en mi discoteca —indico la salida que solo usamos nosotros. Envío un mensaje solicitando que entreguen su coche.

Karen se detiene a mi lado, carcajeándose.

—¿No es tu amiga? ¿No te preocupa que Hearst actúe como un hombre de las cavernas con ella?

—No, le gusta. Van a pelear bastante todavía, pero acabarán juntos. ¿Y tu brasileña?

Levanto la mano mostrando el anillo.

—Estamos prometidos. Encontré a alguien por quien vale la pena luchar.

—¿Preparado para ser padre?

—¿Haciendo justicia a tu título de bruja? ¿Qué historia es esa, Karen?

—Nada. ¿No es natural que tengas hijos? —desconversa, y Rachel, que hasta ahora estaba callada, contiene una risa.

—Sí lo es, en fin, no quiero pensar en eso ahora.

No sé si Helena está preparada para ser madre.

—El pensamiento de ella embarazada me deja en una mezcla de sentimientos.

Quiero disfrutar más de mi mujer, pero adoraría verla embarazada—.

Necesito que tú o Theo investiguéis algunas cosas de su pasado.

Karen se pone seria y me mira con interés.

—Está bien, solo dime qué quieres saber.

—Este no es lugar. Nathan os pasará todo lo que tiene, y espero que consigáis llegar al fondo de esto.

Antes de decir nada más, mi diablilla llega a la discoteca.

Se la presento a Karen y a Rachel. Y ellas enseguida vuelven a bailar, dejándome con mi diabla rubia.

—¿Sabes qué me pasa cuando te veo así de buena con ese vestido rojo?

Sacude la cabeza con una sonrisa descarada en el rostro. Tiro de su cuerpo hacia el mío y hablo bajo en su oído.

—Recuerdo cuando te conocí, y entonces me entran unas ganas locas de hundirme en ti, de follarte hasta que no aguantes más.

—Deberían prohibirte decir eso. Acabamos de llegar y quiero irme.

—¿Por qué? ¿No te ha gustado? —Me preocupo de inmediato, porque quiero que aproveche los pocos momentos en los que se permite divertirse.

—No, Pietro. Porque quiero que me folles hasta hacerme olvidar mi nombre, por eso. ¿Satisfecho? —habla indignada, al mismo tiempo con diversión en la voz.

—Estaré satisfecho después de hundirme en ti, probarte, hacer que te corras en mi boca.

—Joder. Quiero...

—Bailar conmigo, eso es lo que quieres. Pietro, suelta a Helena, ha venido aquí para bailar conmigo, no para que tú la acorrales.

Giulia la arranca de mis brazos y se la lleva al centro de la pista de baile.

Mia donna me mira como si me pidiera disculpas.

—¿Por qué estás mirando a mi mujer con mirada asesina?

—Porque es una maldita corta rollos de cojones.

Mi hermano me arrastra hacia el bar para coger bebidas.

—¿De verdad creíste que Giulia te dejaría salir de aquí con Helena sin cansar antes a tu mujer de tanto bailar?

No, conozco muy bien a mi cuñada para saber que es lo bastante terrible como para pegarme antes de dejar que arruine sus planes.

Cogemos nuestras bebidas y vamos en dirección a la pista de baile.

Helena baila animada con Giulia, y verla así, tan libre, sonriendo, despierta en mí algo que jamás había sentido antes.

¿Cómo puedo sentirme tan bien solo con ver feliz a la mujer que amo?

Le entrego su bebida y finalmente me nota.

Me quedo con ella en la pista de baile, manteniendo su contoneo contra mi cuerpo.

Per Dio, las brasileñas sin duda tienen un ritmo diferente. Ninguna de ellas aquí es capaz de llegarle a los pies al modo en que Helena se mueve.

—Amore, voy con Giulia al baño.

Asiento, y enseguida Nathan se acerca, y vamos a un lado más vacío para hablar.

—Alessandro ha montado un verdadero escándalo fuera, pero bastó con amenazarlo con que entonces merecía morir para que enseguida retrocediera.

—A veces no sé qué pasa por la cabeza de esos soldados.

—Seguro que la poca edad lo manipula. Sabes que fue iniciado muy pronto y siempre trabajó mucho, eso los deja muy sobrecargados.

—No dejes de saber qué va a hacer por ahora.

—Claro.

Por desgracia, no puedo controlar cuándo un padre inicia a un hijo. Generalmente tenemos un tiempo en el que decimos que algunas cosas tienen que ocurrir, pero no las obligamos, porque sabemos que alguien, cuando no está bien iniciado, suele causarnos problemas serios.

Camino hasta el bar con Nathan, cojo una dosis de whisky, mientras mis ojos vagan buscando a Helena.

Me detengo en Lucca, que levanta un vaso en mi dirección saludándome.

Asiento de vuelta.

—Está aquí con su esposa, parece que vino a celebrar su cumpleaños.

—Por eso eres mi mano derecha, ni siquiera necesito preguntar. ¿Cómo están las cosas en su territorio?

—Por ahora tranquilas. Está siguiendo lo que hacía su hermano. Es evidente que no es tan hábil, pero Luiz lo tenía todo coordinado, así que no es difícil. Aun así, tiene un largo camino hasta transformarse realmente en jefe.

—Perfecto...

Apenas termino de hablar y veo una conmoción. ¿Hoy es el día? ¿Qué cojones está pasando ahora?

Veo a Helena torciéndole el brazo a un tipo, mientras otro intenta sujetarla.

Todo lo que veo es rojo.

Bufando, voy directo hacia él.

Le asesto un puñetazo al maldito que intentaba tocarla.

—No vuelvas a tocar a mi mujer, inmundo —escupo las palabras.

Me giro hacia Helena, que suelta al hombre al que estaba sujetando.

—¿Está todo bien, amore mio? —Tiro de ella hacia mis brazos, y todo su cuerpo está caliente y temblando, la adrenalina corriendo fuerte por sus venas.

Veo que mi hermano tiene a su mujer en sus brazos y los ojos mortales dirigidos hacia los hombres que las estaban rodeando.

—¿Y quién te crees que eres? Conozco al dueño de aquí, somos amigos, vas a morir por tocarme.

Vaya, veo que el mierdecilla que tengo delante me conoce muy bien.

—Me impresiona que me conozcas.

Sus ojos se abren mucho al ver que su mentira se ha venido abajo tan rápido.

—Giulia, ve con Helena fuera, por favor. —Hago una señal a los guardias para que las acompañen.

—¿Tú eres Pietro? —La desesperación en su voz es visible—. No puede ser, no, no.

—Nathan, quiero que veas a todos los que tocaron a mi mujer y les arranques las manos.

—Nooo, por favor, no haga eso, ¿cómo voy a vivir sin mis manos? Soy médico.

—¿Quién ha dicho que vas a vivir? Vas a desangrarte hasta morir, idiota.

Tizziano, que hasta ahora solo estaba observando, los mira fríamente. No es necesario que salga ninguna palabra de su boca para que todos se mueran de miedo.

Nathan entiende bien el recado de mi hermano. Era para doler y sufrir.

—En cuanto esté todo resuelto, te informo.

Lo malo de permitir que la discoteca reciba personas de fuera de la mafia son estas situaciones. Algunos no tienen la mínima noción de con quién están lidiando.

Salgo de allí, yendo en la dirección en la que fue Helena, y Tizziano carraspea antes de hablar.

—Escogiste a la mujer correcta. Aunque no hubiéramos llegado, probablemente habría conseguido resolverlo.

Incluso con toda la rabia que siento, no dejo de tener orgullo por la fuerza de Helena.

Está en el coche con Giulia, y sus ojos están perdidos en recuerdos.

No consigo hacer nada más que traerla cerca de mí y mecerla en mis brazos.

—Nadie volverá a hacerte daño nunca más. Siempre estaré aquí.

Helena me abraza como si estuviera buscando refugio. Acaricio su pelo y su espalda, calmándola.

Amore mio, siempre seré tu refugio.

Quemo el mundo antes de dejar que le hagan daño.