Capítulo 20
Helena Moraes
Acabo de terminar una reunión, y lo único en lo que consigo pensar es en los mensajes que Pietro siempre deja, ya sea de forma implícita o hablándolo directamente.
Solo consigo preguntarme si estoy preparada para una relación.
Entregarme a alguien sigue siendo algo que me atormenta más de lo que me gustaría.
El miedo a la pérdida repentina todavía planea sobre mí, y estoy trabajando en él todos los días para conseguir vivir por completo con Pietro.
Mi teléfono pita, informándome de mi horario con mi psicóloga, y creo que solo ella conseguirá ver más allá de mis barreras.
Entro en la videollamada y hablamos de cosas triviales hasta que me aprieta para que hable.
—Ahora cuéntame, ¿qué es lo que te atormenta de verdad?
—¿Tan obvio es?
—Sí, estás inquieta. Incluso por vídeo consigo percibirlo.
Respiro hondo antes de empezar a contarle cómo han sido las cosas entre Pietro y yo en estos últimos meses, detalles que no le conté las últimas veces porque huía totalmente del asunto.
—No sé si consigo abrirme más, todo esto es tan difícil para mí —confieso a regañadientes.
—Helena, ¿no te das cuenta de que ya te has abierto? Mira todo lo que me has contado. En todo este tiempo ahí dejaste que Pietro entrara, simplemente consiguió infiltrarse de una forma tan sutil que no te diste cuenta.
Estoy segura de que la cara que le pongo a Aline es de sorpresa.
—Piensa en todo lo que me has dicho: sales con él con facilidad, mientras que en Brasil preferías encerrarte en casa.
Estás consiguiendo equilibrar una vida con tu trabajo, te preocupas por otra persona además de Henrique y, sobre todo, sientes ganas de estar con él.
Aunque todavía tengáis una habitación separada, aceptaste quedarte en su casa.
.. Estás abriendo excepciones, Helena. ¿Harías eso si no te gustara?
—¿Por qué necesité que me dijeras lo obvio para entender lo que está pasando delante de mi cara?
Revivo todos los buenos momentos que he pasado con Pietro, pienso en lo bien que me siento con él, siento que puedo ser yo misma, sin necesitar levantar una barrera de indiferencia.
Aunque tengo certeza de que todavía no dejo traslucir todos mis sentimientos, sé que él ve más allá de lo que demuestro.
—Porque no querías aceptar que dejaste que tu experimento pasara de ser solo un experimento a volverse real. Dime qué estás pensando. Cuando termine el trabajo en Nueva York, ¿qué vas a hacer?
La verdad, traté a Pietro durante un tiempo como un experimento, una experiencia, algo con lo que tenía que ver si era capaz de sentir, y para mi completo desespero fui mucho más allá de lo que imaginé.
—¿Sinceramente? Pienso en quedarme aquí —mi discurso sale tan natural que me asusta. Porque realmente he reflexionado sobre eso, es algo que lleva días rondándome la cabeza, y ahora decirlo en voz alta hace que parezca real.
—Estoy orgullosa de que hayas percibido eso sin que yo necesitara decírtelo, porque tus actos iban por ese camino. Es un gran paso. Sé que no va a ser fácil, pero vamos a trabajarlo para que no quieras salir corriendo cuando él hable de matrimonio —completa Aline, riéndose.
—Eres pésima, ¿lo sabías? Sabes que el matrimonio es un tema sensible.
Hace una pausa y me mira seria.
—Helena, eso pasó, tú no tuviste...
—No quiero hablar de eso, creo que se nos acabó el tiempo por hoy. Gracias por ayudarme a poner mis pensamientos en palabras —corto el asunto, y nos despedimos.
Pienso en lo que hemos hablado mientras me cambio de ropa para entrenar.
Darme cuenta de que todo esto es real, de que decidir de verdad quedarme cerca de Pietro es un avance muy grande en todo lo que he definido para mi vida.
Me coloco los auriculares en los oídos y me pierdo en las canciones mientras bajo hasta el centro de entrenamiento que hay en el complejo donde vive Pietro. Esto es enorme.
Con guardias de seguridad por todas partes, ya se han acostumbrado a mí.
Al principio me miraban como si fuera una intrusa que no sabía qué estaba haciendo aquí.
Después de que derribara a algunos luchando, pasaron a entender que, pese a ser una rubia blanquita —el tipo de cosa que más escucho y que me hace poner los ojos en blanco—, estoy lejos de ser una muñeca de porcelana.
Como por la mañana ya entrené lucha, ahora uso solo algunos aparatos de musculación para liberar un poco la tensión.
—Helena, ¿hoy no estás pegando a nadie? —pregunta Giulia, riéndose.
A pesar de su aspecto de muñeca, que encaja perfectamente con ella, entrena duro y sabe defenderse, aunque no sea una luchadora.
—Ya lo he hecho esta mañana, ahora solo estoy gastando energía. O intentándolo.
Porque no consigo concentrarme en lo que estoy haciendo.
—Voy a decirle a Pietro que está perdiendo oportunidades —dice riéndose, y la miro sin entender—. A veces me pareces graciosa, esa forma tuya de no entender inmediatamente lo que decimos.
Me cago en la puta, ha pensado en algo sucio. Realmente no lo llevé por ese lado de inmediato, mi cabeza piensa primero en lo racional.
—Lo peor es que él no estaba en casa cuando salí, fue a resolver algo. —Me encojo de hombros.
—Sí, lo sé, pasó por casa y habló con Tizziano antes de salir.
Continuamos el entrenamiento mientras conversamos de forma distendida.
—¿Cómo no te cansas de entrenar tanto? —pregunta, recuperando la respiración.
—Creo que por costumbre. Crecí haciendo actividad física, me ayudaba a mantener mis pensamientos organizados. Siempre he tenido una mente que piensa demasiado.
Giulia me mira y su semblante de repente se transforma.
—¿Sabes una cosa que me ayuda mucho a concentrarme y a no matar a Tizziano cuando me irrita? —pregunta, casi saltando de emoción.
Es gracioso cómo Giulia es todo lo contrario de su marido, que casi siempre está con el semblante cerrado.
—Hasta me da miedo preguntar qué es, pero adelante, dime qué hace que no mates a tu marido.
—Ven conmigo... —sale arrastrándome del galpón, y bajamos hacia otro que queda una calle más abajo, adonde yo todavía no había bajado.
—¿Qué hay aquí? —pregunto al oír algunos ruidos amortiguados.
Abre la puerta y me encuentro con un lugar que se asemeja a un campo de tiro.
En la pared hay diversos tipos de armas, y delante, los blancos.
—Aquí entrenamos para tener a los mejores tiradores. Yo aprendí a disparar aquí. A mi padre no le gustaba que yo tocara armas, pero Tizziano siempre dijo que era bueno que supiera defenderme —habla, como si se justificara.
Eso hace que mi cabeza piense en qué tipo de peligro puede involucrar a la familia de Pietro. Son multimillonarios, atraen mucha atención y trabajan con diversos segmentos, pero ¿es tan peligroso así?
—Nunca pensé en disparar. Creo que ni siquiera sé sujetar un arma, la verdad, aunque haya visto el arma de mi padre. Siempre me mantuve alejada de cualquier cosa relacionada con él.
—¿Tu padre es policía? —Giulia se detiene a mitad del camino que hacía en dirección a las armas de la pared.
—Lo fue —respondo corta, porque no quiero entrar en ese asunto.
—De acuerdo, ven aquí, voy a enseñarte algunas armas y a coger la que creo que es mejor para enseñarte.
—Giulia trae una para mí. Observo el objeto y percibo que no me asusto tanto como me asustaba cuando veía a mi padre con la suya.
Espanto esos pensamientos—. Este es un revólver de calibre veintidós, creo que para aprender es más fácil porque su retroceso es bajo.
Asiento mientras me explica primero cómo manejar el arma, y después pasamos a la postura correcta en la que debo ponerme, y por último me explica cómo apuntar y disparar.
Para mí, que siempre he tenido buena puntería, no fue tan difícil acertar al blanco. En cuanto le cogí el truco, conseguí acertar con más facilidad de lo que imaginé que tendría.
Pasamos un buen rato allí. Conocí otras armas de otros calibres que requieren una preparación mayor, y Giulia acertó al decir que disparar es calmante. Nunca imaginé eso. Siempre asocié las armas con cosas malas...
—Ha sido muy bueno este rato aquí, gracias por enseñarme —digo mientras caminamos de vuelta hacia la parte de las casas.
—No es nada, podemos quedar otros días para continuar tu entrenamiento —Giulia tiene una expresión feliz.
—Claro, es bueno aprender cosas nuevas. —Nos despedimos y entro.
Miro el reloj y veo que hemos pasado muchas horas juntas, y que hablar con ella fue muy fácil. Eso me hace percibir cómo no solo Pietro, sino también las personas que están a su alrededor se han infiltrado en mi vida, haciéndome sentir cómoda con ellas.
No sé qué será de mi vida con Pietro, pero es obvio que ya no hay vuelta atrás en lo que estoy sintiendo. Solo espero no haber bajado mis barreras para la persona equivocada.
—Eh, ya iba a buscaros, Giulia decidió robarte de mí —dice Pietro en cuanto entro en el salón.
La sonrisa que me da mientras viene a mi encuentro calienta algo dentro de mí que me dice que vale la pena arriesgarse.