Capítulo 14
Pietro Collalto
Estamos de camino a Sicilia, donde queda la casa principal de mis padres.
Helena está concentrada en la pantalla que tiene delante.
Los tres meses que hemos pasado juntos, llevándola a conocer todos nuestros negocios en Italia y algunos otros por Europa, han hecho que nuestro arreglo vaya bien.
Aunque ella se abre lo mínimo posible sobre su pasado, he podido conocer mejor a la mujer que habita mis pensamientos de forma permanente.
—Helena —llamo su atención, haciendo que desvíe los ojos hacia mí—. Descansa un poco, no has parado de trabajar desde que nos despertamos. De hecho, sí has parado, solo mientras saliste del coche y entraste en el avión.
—Si no me hubieras arrastrado ayer por la tarde a pasear sin rumbo, y por la noche me hubieras dejado dormir en vez de parecer un conejo queriendo sexo a todas horas, no estaría atrasada para entregar estos documentos —su discurso es tan serio que casi me siento culpable, pero todavía consigo recordar lo bueno que es tenerla, así que no me importa nada haber entorpecido su trabajo y haber dejado cada pequeña marca por su cuerpo.
—Podría disculparme, pero no me arrepiento. Mereció la pena cada segundo.
Mia bella pone los ojos en blanco y me entran ganas de darle una palmada en el culo por eso.
—Eres demasiado descarado. Ahora necesito terminar esto, si no, no conseguiré participar en esa fiesta que dijiste.
Decido dejarla en paz, porque sé que Helena es capaz de no ir a la fiesta si no termina su compromiso. He aprendido que es una persona totalmente determinada y centrada en su trabajo.
En este tiempo conmigo, ha ido a Brasil unas tres veces, y he visto lo incómoda que se siente al dejar a su hermano tanto tiempo “solo”, pero al mismo tiempo su dedicación al trabajo es algo que me da envidia. Ni yo, con todo mi empeño con la mafia, creo ser tan devoto.
Percibo que aprovecha la internet del avión y entra en una reunión. Me alejo de ella, dejándola a sus anchas, y voy hasta Nathan, que está más adelante trabajando.
—¿Está todo listo para cuando aterricemos?
—Sí, tus padres saben que has estado yendo a todas partes con la doctora de allí.
—Me sorprende que aún no me hayan llamado. ¿Qué hiciste para que no se volvieran locos?
—Dije la verdad, que está trabajando para tus empresas, y nada más que eso. Y seamos sinceros, los números que ya ha presentado en apenas tres meses hablan por sí solos. La tua bella è eccellente[8].
Explicado por qué no me han molestado. He estado evitando todos los contactos con mi familia. Las veces que fui a Nueva York para resolver problemas, Tizziano estaba ocupado y tampoco cuestionó nada. Creo que el tiempo que le pedí está surtiendo efecto.
—Sé exactamente lo que es. Non chiamarla bella, capito, idiota?[9]
—Capito[10] —responde el infeliz, riéndose.
Es el cumpleaños de mi madre y jamás me perdonaría si no fuera a su fiesta. Mi familia adora las fiestas, con excepción de mi hermano, que solo las hace por necesidad.
—Sabes que necesitas controlarte cerca de tu famiglia. Si no lo haces, Tizziano descubrirá que solo estás dándole largas.
—No es tonto, pronto se dará cuenta, pero ya estoy listo para lo que vendrá en el futuro y la batalla que tendré que librar.
—Espero de verdad que sepas lo que estás haciendo con tu vida.
Algunas cosas simplemente las vemos suceder y las resolvemos en el futuro.
Poco tiempo después, aterrizamos en la pista particular que tenemos cerca de la zona donde queda Villa Collalto.
—¿Conseguiste terminarlo todo? —le pregunto a Helena.
—Sí. Pero que sepas que no volveremos a hacer esas cosas. No sé qué haces conmigo, que acabo saliéndome de mi planificación. —Me mira con una verdadera confusión en el rostro.
Helena está cada día más tranquila en mi presencia, pero no seré yo quien se lo eche en cara y haga que se aleje.
—Es porque soy irresistible —bromeo con ella.
—Creído es sin duda un adjetivo mejor. Ahora que he vuelto a pensar fuera de mi trabajo, he recordado que no me dijiste cuál era la fiesta a la que querías que fuera. No será ninguna discoteca, ¿no?
—Sabes que, si no estuviera seguro de que Tizziano es mi hermano, diría que es hermano tuyo. Sois dos antisociales.
Aunque Helena no lo conozca personalmente, sabe de su personalidad solo por todo lo que hablo de mi hermano.
—Dios mío, ¿ahora tengo que gustar de las fiestas? No tengo la culpa de que seas festeiro —dice la última palabra en portugués, y no la entiendo.
—¿Qué significa eso?
—Que te encantan las fiestas. Y no es para menos, eres dueño de discotecas, lo mínimo es que de verdad te guste esa vida.
—En realidad me gusta divertirme, pero las discotecas no tienen nada que ver con eso. Volviendo al asunto principal, no es una fiesta en mi discoteca, es el cumpleaños de mi madre.
Se gira hacia mí tan rápido y con los ojos tan asustados que casi me río.
—¿Cómo? ¿Me has traído al cumpleaños de tu madre? ¿Estás loco, Pietro?
—No. Estás aquí conmigo para hacer un trabajo.
Solo falta que conozcas la bodega de Sicilia, así como los emprendimientos de esta región, y después iremos a Estados Unidos.
Mi familia está al tanto de que estás conmigo por eso, y mi madre hizo cuestión de extenderte la invitación, sabiendo que estás hospedada aquí.
—Está bien, entonces. Creo que estoy pasando demasiado tiempo contigo. Antes de ir a Estados Unidos, tendré que pasar unas semanas en Brasil, será bueno.
Me incomoda de inmediato pensar que quiere imponernos distancia.
Hemos pasado solo tres meses juntos, y ya es suficiente para que no consiga imaginarme lejos de ella.
—No es demasiado tiempo, todavía tendrás que aguantarme durante meses, doctora —pese al título, y a merecer ostentarlo, no le gusta mucho que la llamemos así.
En cuanto llegamos a Villa, le explico a Helena cómo es la separación de los espacios.
—Mis abuelos fundaron esta Villa en Sicilia hace muchos años. Las cuatro casas principales son de sus cuatro hijos, y son tan grandes que tenemos nuestras propias alas, como si fueran casas dentro de una casa.
Ella analiza el lugar, que es inmenso. Todas las casas quedan alrededor de la propiedad.
—¿Cuántos nietos sois?
—Somos diez. De esos, solo Tizziano y Lavinia, que es una prima mía, se han casado.
Asiente, caminando a mi lado hasta nuestra casa.
—Vamos a entrar directamente a mi ala, así no tienes que pasar por mis familiares antes de la fiesta.
—Gracias.
Subimos a mi habitación, y me mira extraña cuando le muestro que nos quedaremos juntos.
—Pietro, no sé si es conveniente.
—Helena, acabé olvidando pedir que separaran una habitación para ti, espero que no te importe.
No lo había olvidado, simplemente no quiero estar lejos de ella.
—En realidad, sí me importa. No quiero quedar en una situación delicada aquí.
—Puedes estar tranquila, no vas a quedar en ninguna situación delicada. Los empleados son discretos y saben que no deben abrir la boca para hablar de lo que ven. Pero si tanto te incomoda, mañana pido que te separen una habitación. Hoy no se puede, porque todos están movilizados con la fiesta.
Respira hondo, dando esos parpadeos incesantes, pareciendo pensar en las opciones.
—Vale, pero no hagas ninguna trastada.
—Jamás, soy un ángel —caído. Solo que no completo eso para ella.
Nathan me avisa de que más tarde entregarán nuestra ropa para la fiesta. Asiento y pretendo hacer que Helena descanse un poco ahora.
—¿Aquí también hay gimnasios?
Me echo a reír, y ella me mira sin entender.
—¿Qué pasa? —frunce el ceño de una forma que la hace estar aún más hermosa.
—Yo estaba pensando en hacerte descansar, ¿y tú quieres entrenar?
—Sí —se encoge de hombros en respuesta—. Ayer acabé sin entrenar, mi mente me lo pide.
Veo que usa los ejercicios como forma de escape.
—Está bien, Cerecita, cámbiate de ropa. Entrenaré contigo, porque con el evento no debe de haber nadie a esta hora en el gimnasio.
Mia stella[11] abre una sonrisa tan hermosa que apenas soy capaz de respirar.
Helena Moraes
Pietro tenía razón, no había nadie entrenando. Nos quedamos casi dos horas, él hizo cuestión de ayudarme. Y después de conseguir extenuar mi cuerpo, dormimos unas horas antes de la dichosa fiesta.
En cuanto salgo de la ducha, Pietro entra en la habitación con dos fundas de ropa y las coloca encima de la cama.
—He traído un vestido que me gustaría que usaras hoy —abre la cremallera de la funda y veo una preciosa pieza de fiesta roja.
—Pietro, ¿es un evento de gala? —Me asusto un poco, porque no imaginé que sería un súper evento.
—No todos los días mi madre cumple sesenta años.
Vale, necesito concentrarme en arreglarme entonces. Quería matar al hombre que tengo delante ahora mismo, porque no me preparé para un evento de gala.
—También he traído un maquillador y un peluquero para ayudarte —dice, abriendo una sonrisa sinvergüenza.
Este hijo de madre piensa en todo, de verdad.
Después de un tiempo con los profesionales que Pietro llamó, estoy lista, y el resultado es simplemente divino.
Pedí un maquillaje discreto y el pelo suelto con ondas.
El vestido es de un rojo vivo, palabra de honor, con una abertura que llega hasta la mitad de mi muslo, pero como la falda es bastante amplia, me quedo tranquila al saber que no enseñaré demasiado.
En cuanto entro en la habitación, vislumbro a Pietro con un esmoquin negro, simplemente divino. Me quedo impactada por cómo consigue estar aún más guapo.
—Estás maravillosa, el rojo sin duda es mi color favorito —se acerca y susurra—: Un verdadero demonio rubio, listo para llevarme al infierno. Podría perderme el cumpleaños de mi madre y quedarme contigo aquí.
—Nada de eso, no quiero que nadie aquí se enfade conmigo, porque soy solo una prestadora de servicios, no alguien con quien debas encerrarte en la habitación.
Lo veo suspirar y susurrar: “Tu sei molto più di questo, stella mia”[12] en italiano, algo que no comprendo, pero que intentaré buscar después.
Necesito urgentemente aprender italiano. Hago una anotación mental para empezar a estudiar cuanto antes.
—Vamos abajo, que la fiesta ya ha empezado.
Asiento y, mientras bajamos desde su ala hacia un salón de fiestas común a todas las alas, me descubro pensando en cómo Pietro, poco a poco, se está haciendo totalmente presente en mi vida, hasta el punto de que me siento completamente tranquila a su lado.
El ambiente está todo decorado en dorado y blanco.
Es un salón enorme, con el suelo de mármol oscuro y ventanas enormes.
El color de las paredes es de un tono claro, y no puedo dejar de notar los cuadros que las adornan, que hacen que el lugar sea aún más bello.
Grandes lámparas de araña decoran el techo, trayendo el contraste dorado al espacio claro.
—Helena, estos son mis padres: Agostino y Ginerva. Esta es Helena, de quien os hablé. Está ayudando a las empresas a ahorrar miles de euros en impuestos.
—Es un placer conocerlos. Felicidades, señora Ginerva.
Ella me abraza de forma cálida.
—El placer es mío, querida. Me alegra que hayas podido venir a mi fiesta. Supe que estás siendo increíble con Pietro —habla conmigo y le aprieta la mejilla a su hijo, haciendo que él se quede avergonzado.
—Mamá, Pietro ya no es un niño para que le hagas eso —imagino que es la hermana de Pietro—. Hola, soy Mirabela. Es un placer conocer por fin a la famosa Helena.
Me quedo un poco incómoda por la forma en que habla.
—Mirabela, no seas pesada, niña. Voy a presentártela a Giulia, con permiso, mamá.
Pietro me saca rápidamente de allí, y lo agradezco mentalmente.
—Mi hermana puede ser totalmente inconveniente a veces, así que no le des importancia.
—Está bien.
Me presentó a su hermano, a su cuñada y a sus sobrinos, así como a algunos primos. Acabé conversando con Giulia y Matteo durante algunos periodos en los que Pietro desapareció.
Noté en algunos momentos que varias personas de la fiesta me observaban. Y no entendía bien el motivo. No sabía si no les gustaban los extranjeros y por eso me miraban como si fuera alguien que no pertenece al lugar.
—Vamos a bailar. Sé que debes de estar cansada, pronto podemos subir a descansar —me llama Pietro, pero antes de que pueda responder, llega una mujer, arranca su mano de la mía y lo abraza.
—Pietro, cuánto tiempo —la escucho decir, pero veo que el semblante de Pietro está serio. No le gusta nada lo que hace.
Observo sin entender quién es la loca escandalosa.
—Hola, Giorgia, puedes descolgarte de mí sin montar una escena aquí —dice, y cuando va a apartarla, percibo que ella dice algo en italiano, y el semblante de él, que estaba serio, pasa casi al trastorno. Él responde algo muy bajo, que la hace ponerse pálida.
—Yo ya me iba, con permiso —ella lo suelta, pero me mira de una forma que no entiendo en absoluto.
—¿Vamos a nuestro baile? —me pregunta, como si nada hubiera ocurrido.
—Claro.
Bailamos en la pista de baile, junto a varias parejas.
Pietro me mira con cariño, un completo contraste con lo que parecía unos segundos atrás.
—La chica que se lanzó sobre ti, ¿era alguna pariente también? —acabo sin poder contenerme.
—No, solo alguien inconveniente —es sucinto.
Asiento y seguimos bailando. Si no quiere hablar, ¿quién soy yo para pedirlo, si a mí misma no me gusta hablar de mi vida?
Lo que me deja más errática con mi “estudio” con Pietro es que simplemente me entiende sin que yo necesite hablar demasiado. Eso me asusta muchísimo y, al mismo tiempo, me reconforta más de lo que me gustaría.
Miro al fondo de esos ojos que parecen una tormenta en formación, y cada vez que me miran es como si consiguieran leer simplemente el fondo de mi mente.
Cielos, no puedo dejarme llevar por este hombre. Acabará con toda la paz que construí para mi mundo.