A Paca Blanco, «La Brava»
Conocerte mientras escribía esta novela fue uno de esos regalos inesperados que a veces deja la vida.
Hasta entonces había investigado documentos, leído testimonios y escuchado historias difíciles de olvidar. Pero conocerte fue distinto. Porque de pronto el dolor dejó de ser algo lejano o perteneciente únicamente al pasado. Tenía voz, memoria, heridas y una vida entera detrás.
Antes de escuchar tu historia ya existía en mí la necesidad de contar el dolor y el silencio de tantas mujeres que pasaron por el Patronato. Pero después de conocerte, todo cambió de lugar.
Porque entonces ya no estaba escribiendo solo sobre hechos ocurridos hace décadas.
Estaba mirando a los ojos a una mujer real.
A una superviviente.
A alguien que había conseguido seguir adelante incluso después de tanto dolor.
Paca no solo sobrevivió al Patronato. También sobrevivió a años de malos tratos, silencios y ausencias. Y aun así, conserva una fuerza difícil de explicar.
Paca es de esas personas que no necesitan levantar la voz para sostener una verdad inmensa.
Escucharte me ayudó a comprender que las secuelas no terminaban al abandonar aquellos centros. Muchas mujeres continuaron arrastrando el miedo, la culpa y el desamparo durante décadas, intentando reconstruirse como podían mientras el resto del mundo parecía seguir adelante sin mirar atrás.
En poco tiempo, entre conversaciones, recuerdos y silencios compartidos, nació también algo que jamás habría esperado encontrar mientras escribía esta historia: cariño y amistad.
Y hoy puedo decir que una de las cosas más valiosas que me ha dejado Pido Perdón ha sido encontrarte.
Te admiro profundamente.
Por tu valentía. Por tu capacidad de seguir en una lucha constante a tus 77 años para que nadie pueda volver a borrar vuestra memoria: en este tema y en algunos asuntos más.
Por la dignidad con la que has decidido mirar de frente a una vida que tantas veces intentó romperte.
Y porque, incluso después de todo lo vivido, sigues encontrando fuerzas para contar lo que tantas veces intentaron silenciar. Por seguir sosteniendo la vida incluso después de todo lo vivido.
Pero, sobre todo, te doy las gracias por tu cariño, por tu confianza y por el hueco que me has hecho en tu vida.
Gracias por existir, Paca.