Pido Perdón Prólogo
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Pido Perdón

Pido Perdón

Por Claudia Gomez

© inepub.com

Prólogo

En un viaje a Reus en San Jordi —para presentar nuestros libros, con una gente maravillosa, increíble y generosa—, fue cuando se comenzó a fraguar esta amistad entre Claudia y yo: dos mujeres completamente diferentes.

Claudia es una buena mujer, tranquila, sosegada y serena, pero llena de inquietudes que la llevan a escribir —entre otras— esta novela. Yo creo que también soy una buena mujer, pero inquieta por dentro y por fuera, rebelde con causas y activista en mil batallas y mogollón de frentes abiertos.

Conectamos enseguida, hemos crecido en dos barrios diferentes pero muy cerca el uno del otro: ella en Ciudad de los Ángeles y yo en San Cristóbal de los Ángeles, al sur de Madrid.

La Ciudad de los Ángeles es un barrio trabajador y menos conflictivo que San Cristóbal de los Ángeles.

Hablamos, que es como se entiende la gente, y nos dimos cuenta de que tenemos más cosas en común que las que pueden separarnos; y, entre comida y comida, en las sobremesas surgen conversaciones, sobre todo, y lo que en este momento nos preocupa: El Patronato de Protección de la Mujer,

tema que investiga Claudia y que yo he padecido en primera persona en plena dictadura.

Soy una superviviente —que no víctima— porque muchas se suicidaron.

Hablamos de nuestros libros, pero sobre todo de la novela que estaba escribiendo con personajes de ficción, basándolos en sus investigaciones sobre las protagonistas reales que todavía vivimos —aunque ya tenemos muchos años y vamos quedando pocas por el maltrato,

la represión y las malas condiciones de vida que nos han ido mermando—.

Pero estos personajes que describe Claudia en su novela son para mí tan reales, que hasta me he identificado en muchas ocasiones y situaciones.

Y cuando me pregunta si quiero escribir el prólogo de su novela, me quedo desconcertada. Yo no soy escritora: he escrito mi biografía porque, claro, me la sabía. Pero no me veía capacitada para analizar un libro —y le pongo muchas pegas—, pero según voy leyendo me voy animando.

¿Por qué hay que leer esta novela? Porque, aunque no nombra al Patronato, habla de la crueldad de las monjas, de la explotación laboral, humillaciones, vejaciones, insultos, castigos, psiquiátricos, trapicheos con nuestros bebés, suicidios…

y todas las torturas que nos han infringido para conseguir doblegar nuestra voluntad y dejarnos sin autoestima para hacer de nosotras mujeres sumisas, obedientes, devotas: las perfectas esposas y madres del régimen.

Esta novela describe por lo que tuvimos que pasar miles de adolescentes, sobre todo en la dictadura y también bien entrada la «Democracia».

Las protagonistas de esta novela pudimos ser cualquiera de nosotras: las Supervivientes del infierno que fue el Patronato.

Bienvenida esta novela para esta generación confundida, engañada con el discurso simplón de una derecha extrema que asegura que con Franco se vivía mejor y que, por la falta de la otra parte de la historia en los libros de texto, tiene que quedar constancia con esta narración —y otras—,

que la guerra, la posguerra y la dictadura solo trajeron odio, venganzas, represalias, hambre.

Sí, hambre. Pasamos hambre, y solo dejamos de pasar hambre cuando «los españolitos de a pie» empezaron a emigrar y a dejarse la piel por todos los países europeos y de Latinoamérica, mientras la represión caía sobre las niñas, adolescentes y mujeres de este país.

Hay que leer novelas como esta y no caer en discursos sin contenido y luchar por no perder ni uno solo de los derechos adquiridos y que tanto nos ha costado conseguir a las mujeres: los derechos que ahora disfrutamos —la Libertad, la Razón y la Vida—.

Y lo digo así, en mayúsculas, porque por la falta de ellos muchas se quedaron en el camino.

Gracias Claudia, a ti y a todas las mujeres valientes que, con vuestra pluma, vais dejando un legado.

Ya no imperará el silencio, porque hay libros y novelas como esta: documentales, películas y testimonios que garantizan la verdad de lo ocurrido para que no se vuelva a repetir.

Esta es nuestra misión y nuestra lucha.

Sigo dando las gracias a Claudia y a escritoras como ella.

Por eso escribo este prólogo, aconsejando leer esta novela.

Paca Blanco: presidenta de la asociación «Las Olvidadas».

Superviviente del Patronato de Protección de la Mujer.