LA DONCELLA DEL LAGO #3
La doncella incrementó lentamente la intensidad de sus movimientos, llevando a ambos vampiros hasta límites que jamás habían explorado.
Su cuerpo, brillante y sudoroso por el esfuerzo, se estremecía constantemente, impulsado por olas sucesivas de placer extremo.
Sus gemidos resonaban en el silencio del lago, mezclándose con los jadeos y sonidos húmedos que acompañaban cada movimiento profundo y poderoso.
Finalmente, incapaz ya de contener el clímax devastador que se acumulaba en su interior, la doncella lanzó un grito profundo y salvaje, alcanzando el orgasmo más intenso que jamás hubiese experimentado.
Su cuerpo se tensó violentamente, estremeciéndose una y otra vez mientras ambos vampiros continuaban obedeciendo plenamente sus deseos, llevándola aún más allá del límite que creía posible.
Aquella madrugada, en el lago escondido, la doncella había mostrado plenamente el alcance de su poder absoluto, sometiendo completamente a dos criaturas inmortales cuya única función ahora era proporcionarle placer extremo y constante.
Pero aún quedaba mucho por vivir aquella noche, mucho más placer por experimentar antes de que llegara la luz del día, antes de que los vampiros comprendieran plenamente que sus existencias, desde ahora, solo servirían para satisfacer el deseo infinito y perverso de la doncella del lago.
Tras haber llevado su cuerpo al límite absoluto del éxtasis, la doncella del lago permanecía todavía con ambos vampiros sometidos a sus pies.
Sus respiraciones agitadas rompían el silencio absoluto del amanecer cercano, sus cuerpos empapados en sudor brillaban bajo la luz tenue que lentamente anunciaba el día.
Los vampiros, aún débiles y rendidos, permanecían sobre la roca húmeda, con sus enormes miembros todavía latiendo dolorosamente por el placer brutal al que habían sido sometidos.
Ahora eran conscientes, más que nunca, de que su existencia había cambiado radicalmente.
Aquella criatura mítica no solo los había dominado físicamente, sino que había sometido para siempre sus voluntades inmortales, convirtiéndolos en simples instrumentos de su deseo.
Con una sonrisa lenta y perversa, la doncella se agachó entre ambos, tomando sus penes gigantes con firmeza entre sus manos suaves pero poderosas, acariciándolos lentamente hasta hacer que ambos gimieran con desesperación.
Ella sabía perfectamente que aún quedaba en ellos una última entrega, un último acto de placer absoluto que los marcaría definitivamente como suyos.
Sin perder tiempo, comenzó a mover sus manos con ritmo suave y constante, estimulando lentamente aquellas enormes erecciones que palpitaban violentamente entre sus dedos delicados.
Cada movimiento preciso y firme arrancaba de ambos vampiros jadeos entrecortados de placer extremo, mientras intentaban desesperadamente aferrarse a cualquier resquicio de dignidad que aún les quedaba.
Finalmente, la doncella se inclinó hacia delante, ofreciendo su rostro perfecto, sus labios entreabiertos y sus ojos brillantes, esperando ansiosa la entrega definitiva de ambos.
Ellos, completamente sometidos a aquella provocación irresistible, sintieron cómo el clímax se acercaba inevitablemente, cómo sus cuerpos debilitados y dominados se preparaban para entregar todo lo que quedaba en su interior.
Con gemidos desgarradores, ambos vampiros alcanzaron simultáneamente un clímax brutal e intenso.
Sus miembros gigantes expulsaron violentamente chorros espesos de semen caliente que cubrieron generosamente el rostro y los labios de la doncella.
Ella, complacida y satisfecha, recibía aquella entrega definitiva con la boca abierta, saboreando lentamente aquella esencia masculina, deleitándose con cada gota que resbalaba por sus mejillas, sus labios y su lengua.
Cuando finalmente terminó aquella entrega absoluta, la doncella limpió lentamente su rostro con los dedos, llevándolos luego a sus labios para saborear con deleite perverso aquel placer final que había arrancado a aquellos dos seres poderosos y orgullosos.
Los vampiros, agotados, permanecieron inmóviles sobre la roca, incapaces ya de moverse, observando con ojos medio cerrados a aquella criatura que ahora sonreía satisfecha y triunfante.
—Ahora sois míos, criaturas de la noche —susurró la doncella, acariciando suavemente sus rostros—. Recordad siempre esta noche, porque jamás volveréis a sentir un placer como este sin mi permiso.
Dicho esto, la doncella se levantó lentamente, alejándose de la roca y hundiéndose poco a poco en las aguas oscuras del lago, desapareciendo gradualmente bajo la superficie tranquila hasta no dejar rastro alguno, excepto el eco perverso de su risa suave y seductora resonando entre los árboles.
Aquella noche, dos vampiros orgullosos habían sido sometidos absolutamente por la doncella del lago, entendiendo finalmente que la verdadera inmortalidad no consistía solo en dominar, sino también en conocer el placer infinito de ser dominados.