Pero esta historia es tuya CAPÍTULO 20 #3
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CAPÍTULO 20 #3

—Bueno, tenemos entre manos una nueva oportunidad de hacer algo distinto —los ojos de Manuel de nuevo brillan de ilusión—. La historia del erraldoi es buena. Maravillosa.

—Ya, pero tenemos mucho trabajo por delante.

—¿Te asusta trabajar en esto conmigo?

—No, me asusta todo lo que vendrá después. Será complicado publicar una historia así.

—Bueno, se me ocurre algo…

La mañana ha amanecido despejada, bañando de un cálido sol las calles de la ciudad. La temperatura es agradable y el asunto a tratar lo suficiente atractivo como para que sienta que nada puede salir mal.

Tan solo unas horas antes, tumbados en el césped de aquel parque olvidado, Manuel y yo habíamos diseñado un plan lo suficientemente bueno como para que me hubiese levantado de la cama con un optimismo impropio de mí misma.

Así que, asustada y emocionada a la vez, me había vestido con un vaquero ceñido y una camiseta bastante descocada que únicamente tenían un objetivo muy bien definido.

Isabel, como bien acostumbraba una mujer como ella, había llegado puntual a nuestra cita en la terraza de aquella pequeña cafetería de barrio que estaba muy cerca de mi domicilio y que me hacía sentir como en casa, lo que me ayudaba a ganar la suficiente confianza en mí misma para llevar a cabo cada uno de los puntos de aquel elaborado plan del que tanto dependía nuestro futuro.

Se había sentado tras un breve saludo y, tratando de esconder detrás de unas enormes gafas oscuras de sol las ojeras propias de quien duerme lo justo para mantenerse en pie, había pedido un café muy cargado, mientras encendía un cigarrillo preparándose para escuchar el mitin que yo con tanto mimo había ensayado.

—Bien, te escucho.

Envuelta en una nube grisácea, y sin apenas gesticular, mi editora escucha con calma la propuesta que Manuel y yo habíamos preparado para tratar de vender a la editorial culpable del gran éxito de Náyade Amaya la historia del erraldoi tal y como la teníamos preparada.

—Piénsalo, el titular sería algo como: «La escritora detrás de Náyade Amaya nos trae una historia de amor y guerra, de sueños y traiciones...»—mis palabras rebosan entusiasmo, porque en mi cabeza la idea es tan fantástica que no puedo disimular mi excitación—. ¿Cómo lo ves?

—Mira, Clara —tras apurar el último sorbo de café, Isabel apaga, consumido ya, el segundo cigarrillo de la mañana—, admiro tu entusiasmo, pero esto ya lo hemos hablado.

—¿Ya hemos hablado de esto? ¿A qué te refieres?

—Ya me has contado muchas veces que te gustaría escribir otro tipo de historias, pero a la editorial solo le interesa Náyade Amaya, no Clara Elizalde.

—Pero yo soy Náyade Amaya... no hay diferencia, y la historia es la mejor que hayas leído en años.

—Creo que no me has entendido. Mi respuesta es no. Si no eres Náyade Amaya, no eres nadie.

—

Soy Clara Elizalde y estoy segura de que la gente reconocerá quién soy de verdad —mi voz sube ligeramente de tono, haciendo ya muy obvio el enfado que empieza a corroerme las entrañas—, y cuando anuncie quién está detrás de Náyade, seguro que mis lectores seguirán conmigo.

—Te equivocas, Clara. Náyade Amaya es propiedad de la editorial y si se te ocurre anunciar algo así sin nuestro permiso, te meteremos una demanda tan gorda que ni tú ni el tal Manuel tendréis suficiente dinero para pagar la indemnización.

—No es justo, Isabel, somos amigas, creo que me debes algo así.

—¿Amigas? —Isabel se ha quitado las gafas oscuras y me mira con toda la dureza del azul de sus ojos—. Tú y yo solo somos jefa y empleada y tu contrato está bastante claro. Lo siento, pero no hay nada más que discutir.

—Pues no habrá más Náyade Amaya.

—¿Perdón?

—Lo que has oído. Mi contrato es novela por novela y el último ya está cumplido. No habrá más novelas de Náyade Amaya. Te dejo.

—Vuelves a equivocarte. Todo lo que eres lo eres por mí, por mi editorial y por Náyade Amaya. ¿Qué piensas hacer si no autopublicar en Amazon? No seas ridícula, Clara. No te pega nada.

—Lo siento, Isabel, creo que esto es una despedida.

Y sin palabras de más, me levanto con tranquilidad y me marcho de la pequeña terraza de aquella cafetería, dejando colgada a la editora literaria más importante del país, con mi cabeza en alto y con la satisfacción al fin de haber elegido el camino correcto, pero con un nudo de angustia en el estómago por la incertidumbre de un futuro que ahora mismo se presenta mucho más negro de lo que Manuel y yo habíamos planeado.

—¿Cómo ha ido, Rencorosilla?

La voz de Manuel al otro lado del teléfono me tranquiliza un poco, pero las palabras no brotan de mi garganta y él no tarda más que un par de segundo en notarlo.

—No importa, Clara, nos tenemos el uno al otro. Y tenemos además la mejor historia que la literatura va a ver en mucho tiempo. Va a ser un éxito y lo vamos a lograr juntos, te lo prometo, ¿confías en mí?

Por mucho que lo intento no logro contener el mar de lágrimas que, sin control, inundan mis ojos. No sé cómo lo hace, pero aquel hombre consigue siempre hacerme sentir bien, en casa.

—Sí, confío en ti.