Perfectos Imperfectos (The Ruins 1) EPÍLOGO
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EPÍLOGO

Hay algo muy extraño en volver a casa y a los brazos de Ryder después de tanto tiempo.

Porque, aunque las calles sean las mismas, las farolas sigan en su sitio y las casas no hayan cambiado absolutamente nada, tú ya no eres la misma persona que se fue.

Y creo que él tampoco es el mismo Ryder. Y eso da un poco de vértigo.

No hemos dormido mucho esta noche, pero el poco tiempo que le hemos dedicado al sueño ha sido más que reparador. Dormir en los brazos de Ryder Knox es una de las sensaciones más placenteras del mundo.

Ahora voy cogida de la mano de Ryder y siento que nunca más voy a esconder lo que siento por él ni lo mucho que lo necesito en mi vida. Ya no. Se ha acabado eso de pedir perdón por querer a alguien o fingir que una persona no es importante cuando lo es todo.

Cruzamos la pequeña distancia que va de su casa a la mía en silencio.

Ryder aprieta mi mano y lo miro de reojo.

Está nervioso. Muchísimo. Y eso me hace una gracia inmensa porque este hombre se ha peleado con medio planeta, se ha enfrentado a policías, a rumores, a profesores, a la opinión de todo un pueblo y, sin embargo, está aterrado por llamar a la puerta de mi padre.

—¿Estás bien? —le pregunto. Él niega inmediatamente.

—No, pero no te preocupes.

—¿Por qué estás tan nervioso? Estoy contigo.

Suspira dramáticamente.

—Porque amo mucho mis huevos y sé perfectamente que tu padre quiere arrancármelos.

—No seas exagerado —digo sin poder evitar reír.

—¿Exagerado? Ese señor me ha mirado toda la vida como si estuviera a una mala decisión de enterrarme en el jardín.

—Yo protegeré a tus huevos con mi vida —digo mientras beso su mejilla y él me mira escandalizado.

—Eso no me consuela mucho, la verdad. Porque, si él decide arrancármelos, tú probablemente seas demasiado pequeña para impedírselo —me río todavía más.

—¿Quieres que vaya yo sola a hablar con él?

—Ni de coña —niega con la cabeza a la vez.

—¿Seguro?

—Segurísimo. Esta conversación también me pertenece a mí y no voy a consentir que nadie vuelva a intentar alejarte de mí. Ni tu padre, ni tu pueblo, ni el mismísimo Batman.

Mi corazón se derrite. Porque así es mi Ryder. Loco. Intenso. Visceral. Perfectamente imperfecto .

Justo antes de llamar a la puerta, me acuerdo de algo.

—Por cierto.

—¿Qué? —pregunta y me mira asustado.

—Me encanta el tatuaje —digo señalando su muñeca. Sonríe automáticamente al ver el pequeño solecito que se tatuó hace unos días. Después mira mi muñeca y se le escapa una sonrisa traviesa.

—A mí me pone muy cachondo que te hayas tatuado mi número en la muñeca.

—¿Ah, sí? —pregunto levantando una ceja.

—Muchísimo. ¿Quieres comprobarlo? —se acerca un poco y yo le pongo la mano en el pecho para que pare. Este hombre es incorregible, pero me hace reír como nadie—. Sobre todo, porque es el único tatuaje que tienes.

Y justo en ese momento se abre la puerta. Ryder adopta automáticamente una cara de santo inocente que me hace aguantar la risa. Mi padre nos mira. Primero a mí. Luego a Ryder. Después a nuestras manos entrelazadas. Y, para sorpresa de ambos, sonríe y le da una palmada en la espalda a Ryder.

—Veo que tienes agallas, muchacho. Eso me gusta.

Ryder pestañea varias veces. Creo que estaba preparado para una ejecución pública y no para esto. Mi padre me abraza con fuerza.

—Me alegro de que hayáis venido.

Suspiro, aliviada, y creo que esto va a ser más fácil de lo que esperaba. Al menos más fácil de lo que Ryder esperaba.

Un rato después, Ryder y yo salimos de casa y caminamos hacia The Ruins cogidos de la mano.

—¿Ves? No ha sido tan malo como pensabas —le digo y él levanta una ceja.

—Conservo mis huevos. Pero me ha amenazado con arrancarlos en varias ocasiones si te hago daño —me echo a reír y él me apunta con el dedo—. No te rías. Tú también llorarás su pérdida si me los arranca.

Me acerco y lo beso. Y, sin previo aviso, me coge en brazos.

—¡Ryder!

—¿Qué?

—Suéltame.

—No.

—Hay gente mirando.

—Perfecto. Que miren.

Me besa y me vuelve a besar. Y recorre conmigo en brazos el último tramo hasta The Ruins. Cuando llegamos, me baja al suelo. La música se escucha desde fuera.

En cuanto entramos en The Ruins, una oleada de nostalgia me golpea de lleno.

La música está alta, las luces improvisadas cuelgan de las vigas del techo y las paredes siguen llenas de grafitis, firmas y frases absurdas que llevamos años dejando aquí.

Todo está igual, pero, esta vez, él está conmigo. Y eso lo cambia todo.

Ni siquiera nos da tiempo a avanzar tres pasos cuando Selena me ve.

—¡NO ME LO PUEDO CREER!

Su grito hace que media fiesta nos mire. Jannet gira la cabeza inmediatamente. Kassy también. Y las tres vienen corriendo hacia mí.

—¡AVA! —gritan al unísono. Prácticamente se me tiran encima. Me abrazan tan fuerte que me hacen reír.

—¡Me vais a romper!

—¡TE LO MERECES POR DESERTORA! —dice Selena.

—¡Nos has tenido abandonadas! —añade Jannet.

—Y nos debes muchísimas explicaciones —dice Kassy.

—Lo sé.

Y las cuatro empezamos a reír. Miro a Kassy. Está más delgada. Muchísimo más. Y a lo mejor debería preocuparme. Pero se le ve hoy tan feliz… tan radiante… ¿será solo por verme a mí? Por otro lado, Nick acaba de ver a Ryder.

—¡MIRA QUIÉN HA RESUCITADO!

—Calla, imbécil —gruñe Ryder poniendo los ojos en blanco.

Pero Nick ya está abrazándolo y besuqueándolo por todas partes. Carter y Justin también se acercan.

—Joder, tío… —dice Carter—. Qué alegría verte.

—Ya era hora de que dejaras de ser el novio romántico y empalagoso y te acordaras de tus colegas —añade Justin.

—¡No soy ni de coña romántico y empalagoso! —protesta Ryder con más fuerza.

—¿Ah, no? —dice Nick.

—¡No!

—¿Cómo llamamos entonces a publicar una foto en tu Instagram de tu novia estudiando y tú observándola como un lunático babeante?

¡Oh! ¡Y, joder! ¡La caption de la foto! “¿Has visto alguna vez algo más perfecto?” —dice Nick poniendo voz de imbécil y hace que automáticamente me ría.

Esa foto y el mensaje que dejó en ella me enamora, pero sé que nadie entenderá que es así.

Que Ryder es así de intenso y le importa una mierda que los demás no lo sean ni lo comprendan.

Ryder lo mira.

—¡¿Te quieres callar?!

—No.

—Nick. Te voy a pegar —vuelve a gruñir Ryder y sé que está a punto de perder el control, así que me acerco lentamente, por si hay que domar a la fiera. Nick sonríe.

—Eso significa que has vuelto.

Ryder intenta contener la sonrisa. Pero pierde la batalla. Y ese hoyuelo aparece. Ese maldito hoyuelo. Nick lo señala inmediatamente.

—¡LO SABÍA! ¡HA VUELTO EL HOYUELO!

—Eres imbécil.

—Pero me quieres.

—Lamentablemente.

—Lo sabía.

Todos empiezan a reír. Y entonces Nick me mira y se acerca a mí.

—Monroe.

—Stone.

—¿Todo arreglado?

Ryder y yo nos miramos. Después volvemos a mirarlo a él. Y Ryder responde antes que yo.

—Estamos trabajando en ello.

Nick sonríe.

—Perfecto. Porque, sinceramente, ya estaba cansado de aguantar a este desgraciado deprimido.

Ryder le da un golpe en el hombro.

—¡Cállate de una jodida vez, idiota!

Nick se va riéndose, porque le encanta sembrar el caos allá por donde va, y la verdad es que tiene gracia haciéndolo.

Lo observo con una sonrisa en la cara. Me gusta Nicholas Stone.

Saca de quicio constantemente a mi chico, pero lo cuida, lo quiere y lo comprende.

Sé lo importante que es para Ryder. Veo a Nick que coge una cerveza de la mesa y, al darse la vuelta, choca sin querer con Kassy. La cerveza se derrama un poco.

—Joder.

—¡Mira por dónde vas! —protesta ella. Nick levanta una ceja.

—Estaba mirando —dice Nick con una de sus sonrisas seductoras y guiña a Kassy—. A lo mejor quería tropezarme contigo, Salamandra.

Ella pone los ojos en blanco.

—Eres insoportable.

Él sonríe.

—Y tú una gruñona.

—Y tú idiota.

—Y tú una hurticaria.

—Y tú un pesado.

—Y tú preciosa cuando te enfadas.

Kassy se queda completamente quieta. Y entonces lo empuja.

—Eres imbécil.

Nick sonríe.

—Pero te gusto.

—Sigue soñando, Stone —dice Kassy pero hay algo en la forma en que lo mira que… ¡oh, dios! Aquí ha pasado algo.  Ryder se inclina hacia mí.

—Van a ser un desastre —me susurra Ryder. Yo sonrío.

—Sí.

—Un desastre enorme.

Miro a Ryder. Él me mira a mí.

—Nosotros sabemos un rato de eso, ¿verdad? —Ryder asiente a mi pregunta, le da un buche a su cerveza y se acerca a mi oído.

—Quiero dejarte hecha un desastre, sí. Esta noche. En mi cama. Bueno, todas las noches. Todas las putas noches, Monroe.

Lo miro y él ya sabe lo que le estoy diciendo con la mirada. Yo también quiero lo mismo, Knox.

Porque ya hemos perdido demasiado tiempo. Ya se nos acabó el mundo por un buen tiempo a los dos. Y, si algún día el mundo volviera a acabarse, ya sé la respuesta. Sí. Siempre iría a por él. Y él siempre vendría a por mí.