Capítulo Seis #2
Agarro mi camisa y me la quito de un tirón. Sus ojos se agrandan de emoción al ver mi torso musculoso. Sus manos frías empiezan a recorrer mi pecho y mis brazos mientras me inclino y agarro la camisa de franela que ella lleva puesta con ambos puños.
Con un gruñido, la desgarro, mandando los botones a volar mientras disfruto de una vista privilegiada de las hermosas tetas de mi chica asomando por el sujetador.
—No te vas a ir nunca de aquí —digo, sin saber cuánto hablo en serio—. Vas a ser mi esclava sexual a partir de ahora.
—No hagas promesas que no piensas cumplir —dice con una sonrisa pícara.
Es increíble. Es perfecta.
La necesidad de poseerla se vuelve insoportable. Domina cada uno de mis pensamientos.
No solo quiero poseerla, quiero preñarla también. Quiero llenar su vientre fértil de bebés.
Necesito tenerla de todas las formas posibles. Nada va a detenerme. No hay nadie en kilómetros a la redonda para impedírmelo aunque pudiera.
Voy a follarme su tierno coño virgen con mi polla grande y bruta y voy a descargar cada gota de mi semilla en su vientre una y otra vez hasta que mi hijo crezca dentro de ella. Es lo único en lo que puedo pensar ahora. Estoy obsesionado con ese único objetivo.
Pero primero, quiero probarla…
—Llevas todo el día tentándome con estas tetas preciosas —digo mientras agarro el puente del sujetador con el puño—. Se acabaron las bromas.
Gime cuando se lo bajo de un tirón. Sus pechos quedan libres y casi me desplomo ante la visión sexy de sus firmes pezones rosados mirándome.
Me lanzo a por ellos de inmediato, succionando y lamiendo cada centímetro de sus tetas mientras ella me pasa las manos por el pelo, manteniéndome la boca pegada a ella.
Sujeto uno en cada mano y chupo un pezón y luego el otro. Sus caderas vuelven a frotarse contra mí, tentando a mi polla hasta que no puedo más.
La beso con fuerza en la boca y de repente me pongo de pie. Está tan jodidamente guapa mientras me mira con esos ojos verdes inocentes.
Mi camisa de franela está abierta a su alrededor, mostrando sus pechos turgentes. Se lleva las manos a la espalda y se desabrocha el sujetador, quitándoselo y dejándolo caer al suelo.
Ya no queda nada por quitar salvo esas bragas húmedas.
—¿Quieres que me quite los pantalones? —le pregunto con una voz tan profunda y ronca que ni siquiera parece la mía. —¿Quieres ver la polla dura de tu hombre?
Traga saliva con fuerza mientras asiente lentamente. Sus ojos lujuriosos están clavados en mi bulto.
—Me desnudaré para ti, si tú haces algo por mí.
—Lo que sea —gime.
—Desliza tu mano dentro de tus bragas. Juega con tu coñito para mí.
Mi obsesión alcanza niveles peligrosos al ver cómo desliza su mano por su vientre desnudo y la mete por debajo de la cinturilla de las bragas.
Empieza a frotar su clítoris y a juguetear con sus labios.
Mi polla duele mientras la observo, deseando unirme con todas mis fuerzas, pero incapaz de moverme.
—Estás empapando esas bragas —digo mientras veo que su mano se mueve más rápido—. Mírate, niña mala, poniéndolo todo perdido. Mejor será que te las quitemos antes de que se calen.
—Tú primero —dice ella con los ojos fijos en mi polla—. Lo prometiste.
Sonrío mientras me echo mano al cinturón. No me quita los ojos de encima mientras me lo desabrocho y bajo la cremallera.
Esa manita se mueve cada vez más rápido mientras me bajo los pantalones y los calzoncillos. Mi polla gruesa salta y me golpea el abdomen, salpicando líquido preseminal por mis abdominales inferiores.
—¿Es esto lo que querías ver? —pregunto mientras agarro mi miembro carnoso y empiezo a masturbarlo—. ¿Querías ver la polla de tu hombre?
Se lame los labios mientras asiente con la cabeza, incapaz de hablar mientras juega con su pequeño chocho virgen.
—Ahora —digo mientras caigo de rodillas frente a ella—. Bragas fuera.
No se resiste ni dice una palabra cuando las agarro por los lados y se las bajo por las piernas.
Su mano sigue ahí, trabajando y moviéndose vigorosamente mientras me ve coger sus bragas y meterlas en el cajón de mi mesa de centro. Ahora me pertenecen. No va a recuperarlas.
Serán un recuerdo del día en que me llevé su virginidad. Será el último rastro del aroma de su coño virgen. Cuando termine con ella, dejará de estar intacta.
—Quita la mano —le ordeno mientras le agarro las rodillas y le abro las piernas lentamente un poco más—. Deja que tu hombre tome el control. Deja que tu hombre vea lo que has guardado a salvo para él todos estos años. Déjame ver el tierno coño que estoy a punto de reclamar.
Tiene la mano empapada cuando la aparta con timidez, revelando el coño más dulce y apetitoso que he visto jamás.
Se me hace la boca agua mientras lo observo con asombro.
—Eres preciosa —digo mientras lo miro fijamente—. Un puto ángel.
Su flujo está repartido por sus labios, brillando bajo la luz del fuego que ruge a nuestro lado.
Le agarro la muñeca y me llevo sus dedos húmedos a la boca. Casi me muero cuando succiono sus jugos hasta dejarlos limpios.
Oh, joder. Esto va a ser bueno… Está tan condenadamente rica.
Deslizo las palmas de las manos por el interior de sus muslos suaves y le abro más las piernas.
—No me obligues a atarte, nena —le advierto—. Quiero que tengas las piernas abiertas en todo momento.
Ella las mantiene abiertas mientras me lamo los labios y bajo la cabeza. Mantengo la nariz a un centímetro de sus labios rosados e inhalo profundamente, dejando que su aroma embriagador me llene los pulmones e incendie mi alma.
La necesito más de lo que jamás he necesitado nada.
Tenerla no es opcional. Ya no es una elección.
La obsesión es total.
Me está consumiendo. Ha tomado el mando.
Con el corazón a mil y la polla pulsando, pego la boca a su coño virgen y la devoro.
Oh, joder, sí…